09 Febrero 2008 Seguir en 
Es función eminente de la Municipalidad tomar medidas para que la vía pública esté libre de obstáculos de todo tipo. Esto comprende, como es lógico, no sólo el espacio terrestre sino el aéreo, y están vigentes ordenanzas que reglamentan tal atribución, en orden a las cuales la autoridad comunal viene adoptando medidas para erradicar los carteles transversales de gran tamaño. Una fotografía de nuestra edición del jueves mostró, en la primera página, el momento en que se retiraba uno de esos elementos. Era un gigantesco letrero de ocho metros de largo por dos y medio de ancho, que atravesaba la calzada en avenida Roca, primera cuadra.
La actitud de la Comuna debe subrayarse como francamente positiva. En diversas épocas, desde esta columna, hemos insistido en la necesidad de que se libraran nuestras calles de esos desmedidos elementos de propaganda. Operan en forma negativa sobre la visibilidad del automovilista, a quien distraen, y sobre la posibilidad que las personas merecen de ver el paisaje. En efecto, no es justo retacearle a quien circula por cualquier calle de Tucumán con rumbo oeste ese espectáculo soberbio que ofrecen, en el horizonte, nuestras montañas. Ellas constituyen un fuerte y original atractivo del ámbito natural tucumano, y su debida apreciación se ve enturbiada frecuentemente por el telón metálico de la cartelería irracional.
En tal sentido, hay que tener en cuenta que los carteles operan en forma directa también contra el turismo. No sólo le impiden al visitante ver, sino también registrar, en fotografías o filmaciones, nuestro paisaje o nuestros edificios emblemáticos. Y aquí podría agregarse que, inclusive, algunos carteles, sin ser transversales, provocan la misma consecuencia dañosa. Por ejemplo, es evidente que resulta difícil fotografiar limpiamente nuestra Casa de Gobierno: en cualquier toma figura, obligadamente, el inmenso letrero de propaganda pintado, desde hace ya varios años, sobre la pared del edificio lindero por el sur.
También debe tenerse en cuenta que tales elementos de gran tamaño encierran cierto peligro, ya que una falla en su instalación podría hacer que un fuerte viento los derribe, con los daños que son de imaginar.
Como lo informa nuestra nota, la Municipalidad otorga a los propietarios de los negocios en infracción un plazo de 72 horas para sacar los letreros, a partir del momento de la intimación. Si no lo hacen, operarios municipales proceden a remover el obstáculo y lo dejan en la vereda. Como es previsible, muchos comerciantes dejan transcurrir el plazo, a fin de ahorrarse los gastos del retiro, “viveza” que con un retoque a la ordenanza se podría eliminar. De todos modos, reconforta saber que, de acuerdo con la información comunal, durante el año pasado 420 letreros fueron retirados voluntariamente por los dueños de los negocios respectivos. Esto indicaría que despunta una toma de conciencia acerca de la necesidad de que San Miguel de Tucumán libere sus ámbitos de la polución visual que la cartelería desenfrenada implica. Y la Municipalidad demuestra su positivo propósito de seguir adelante en este tema, ya que ha realizado últimamente intimaciones a unos 50 negocios. Es de esperar que, junto con los letreros, se opere también en profundidad sobre el cableado aéreo, cuyo retiro igualmente está previsto por ordenanza, y que ya va demorando demasiado en cumplirse. Creemos que Tucumán, por su innegable importancia dentro de las capitales argentinas, debe tomar todas las medidas conducentes a mejorar su aspecto. Ello redundará tanto en beneficio de quienes aquí habitamos, como en el de los visitantes que es nuestro propósito atraer.
La actitud de la Comuna debe subrayarse como francamente positiva. En diversas épocas, desde esta columna, hemos insistido en la necesidad de que se libraran nuestras calles de esos desmedidos elementos de propaganda. Operan en forma negativa sobre la visibilidad del automovilista, a quien distraen, y sobre la posibilidad que las personas merecen de ver el paisaje. En efecto, no es justo retacearle a quien circula por cualquier calle de Tucumán con rumbo oeste ese espectáculo soberbio que ofrecen, en el horizonte, nuestras montañas. Ellas constituyen un fuerte y original atractivo del ámbito natural tucumano, y su debida apreciación se ve enturbiada frecuentemente por el telón metálico de la cartelería irracional.
En tal sentido, hay que tener en cuenta que los carteles operan en forma directa también contra el turismo. No sólo le impiden al visitante ver, sino también registrar, en fotografías o filmaciones, nuestro paisaje o nuestros edificios emblemáticos. Y aquí podría agregarse que, inclusive, algunos carteles, sin ser transversales, provocan la misma consecuencia dañosa. Por ejemplo, es evidente que resulta difícil fotografiar limpiamente nuestra Casa de Gobierno: en cualquier toma figura, obligadamente, el inmenso letrero de propaganda pintado, desde hace ya varios años, sobre la pared del edificio lindero por el sur.
También debe tenerse en cuenta que tales elementos de gran tamaño encierran cierto peligro, ya que una falla en su instalación podría hacer que un fuerte viento los derribe, con los daños que son de imaginar.
Como lo informa nuestra nota, la Municipalidad otorga a los propietarios de los negocios en infracción un plazo de 72 horas para sacar los letreros, a partir del momento de la intimación. Si no lo hacen, operarios municipales proceden a remover el obstáculo y lo dejan en la vereda. Como es previsible, muchos comerciantes dejan transcurrir el plazo, a fin de ahorrarse los gastos del retiro, “viveza” que con un retoque a la ordenanza se podría eliminar. De todos modos, reconforta saber que, de acuerdo con la información comunal, durante el año pasado 420 letreros fueron retirados voluntariamente por los dueños de los negocios respectivos. Esto indicaría que despunta una toma de conciencia acerca de la necesidad de que San Miguel de Tucumán libere sus ámbitos de la polución visual que la cartelería desenfrenada implica. Y la Municipalidad demuestra su positivo propósito de seguir adelante en este tema, ya que ha realizado últimamente intimaciones a unos 50 negocios. Es de esperar que, junto con los letreros, se opere también en profundidad sobre el cableado aéreo, cuyo retiro igualmente está previsto por ordenanza, y que ya va demorando demasiado en cumplirse. Creemos que Tucumán, por su innegable importancia dentro de las capitales argentinas, debe tomar todas las medidas conducentes a mejorar su aspecto. Ello redundará tanto en beneficio de quienes aquí habitamos, como en el de los visitantes que es nuestro propósito atraer.







