07 Diciembre 2002 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Una mujer de 60 años que trabajaba como investigadora del Conicet fue asesinada y descuartizada dentro de su casa del barrio porteño de Belgrano, en un presunto rito esotérico. Por el horrendo crimen, que ocurrió el pasado fin de semana pero recién trascendió ayer, fue detenido un hombre de 48 años que habría admitido que profesaba el culto umbanda.
El macabro episodio quedó al descubierto por un hecho casual. La víctima, identificada como Susana Tramasera, tenía pendientes unos trámites judiciales por los que debía firmar unos papeles que tenían que entregarle sus abogados. Pero los letrados, tras haberla buscado infructuosamente durante algunos días, decidieron ir a su domicilio.
La profesional del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas vivía sola. Pero al llegar al lugar los abogados fueron atendidos por un hombre que les dijo que la mujer había viajado a Tucumán y que iba a volver la semana siguiente. Sorprendidos por la situación, los abogados llamaron a la Policía. Al llegar, nuevamente el hombre atendió a la puerta, insistió en los motivos de la ausencia de la mujer y en esas circunstancias habría comentado su pertenencia al rito umbanda. El hombre les dijo a los efectivos que estaba allí para cuidar los gatitos de la propietaria.
Espantoso
Finalmente los policías entraron a una habitación del departamento y se toparon con el espeluznante cuadro: el tronco de una mujer con sus extremidades seccionadas y la cabeza también separada del cuerpo y colocada en posición erguida. Algunos miembros estaban en bolsas de residuos negras. Las piernas y los brazos estaban separados del tronco.
Durante el allanamiento también fueron encontrados varios cuchillos que son sometidos a pericias para determinar si fueron los utilizados para descuartizar el cadáver.
Sobre los cuchillos, el hombre dijo que él y la víctima planeaban montar una fábrica de esos objetos. Según el forense Osvaldo Raffo, la mujer murió por fractura de cráneo producida por el golpe de un objeto contundente, pero el cuerpo tenía signos vitales cuando fue descuartizado. Voceros del Cuerpo Médico Forense dijeron, sorprendidos, que nunca antes habían visto un trabajo de cirugía tan perfecto como los cortes que produjeron el desmembramiento de la mujer. (DyN)
El macabro episodio quedó al descubierto por un hecho casual. La víctima, identificada como Susana Tramasera, tenía pendientes unos trámites judiciales por los que debía firmar unos papeles que tenían que entregarle sus abogados. Pero los letrados, tras haberla buscado infructuosamente durante algunos días, decidieron ir a su domicilio.
La profesional del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas vivía sola. Pero al llegar al lugar los abogados fueron atendidos por un hombre que les dijo que la mujer había viajado a Tucumán y que iba a volver la semana siguiente. Sorprendidos por la situación, los abogados llamaron a la Policía. Al llegar, nuevamente el hombre atendió a la puerta, insistió en los motivos de la ausencia de la mujer y en esas circunstancias habría comentado su pertenencia al rito umbanda. El hombre les dijo a los efectivos que estaba allí para cuidar los gatitos de la propietaria.
Espantoso
Finalmente los policías entraron a una habitación del departamento y se toparon con el espeluznante cuadro: el tronco de una mujer con sus extremidades seccionadas y la cabeza también separada del cuerpo y colocada en posición erguida. Algunos miembros estaban en bolsas de residuos negras. Las piernas y los brazos estaban separados del tronco.
Durante el allanamiento también fueron encontrados varios cuchillos que son sometidos a pericias para determinar si fueron los utilizados para descuartizar el cadáver.
Sobre los cuchillos, el hombre dijo que él y la víctima planeaban montar una fábrica de esos objetos. Según el forense Osvaldo Raffo, la mujer murió por fractura de cráneo producida por el golpe de un objeto contundente, pero el cuerpo tenía signos vitales cuando fue descuartizado. Voceros del Cuerpo Médico Forense dijeron, sorprendidos, que nunca antes habían visto un trabajo de cirugía tan perfecto como los cortes que produjeron el desmembramiento de la mujer. (DyN)
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