03 Febrero 2008 Seguir en 
MADRID, España (Especial para LA GACETA, por Irene Benito).- Los desafíos de la juventud -porque tiene 31 años- y el dolor de la última dictadura militar argentina -porque su padre es una de las 30.000 personas que desaparecieron durante ese período- son los dos temas que identifican públicamente a Juan Diego Botto. Sin embargo, comenzó a ganarse la vida como actor cuando a cualquier otro niño de su edad sólo le preocupaban los dictados y las tablas de multiplicar. Si el argentino Botto, que vive en Europa desde los cinco años, es conocido -a secas- en su país de origen sobre todo por los roles que protagonizó en las películas “Martín (Hache)” (1997) y “Roma” (2004), ambas de Adolfo Aristarain, en España, en contraste, goza de una fama ascendente, construida a base de los trabajos que realizó con la cantante y actriz Ana Belén (“Cómo ser mujer y no morir en el intento”, 1991), y con los directores Mariano Barroso (“Extasis”, 1996), Imanol Uribe (“Plenilunio”, 1999) y Montxo Armendáriz (“Obaba”, 2005).
La experiencia cultivada desde 1983 ha empujado al actor a dirigir y actuar en “Hamlet”, la célebre tragedia que William Shakespeare escribió entre 1600 y 1602. Son tiempos de ensayos intensos para Botto, que planea estrenar su obra teatral en abril de este año.
Entre escena y escena, revela a LA GACETA que “Hamlet” no es un intento de escapar al rol trivial del galán, en el que suelen ser encasillados los actores jóvenes y agraciados. “Nada más alejado de la realidad. Si quisiese escaparle al galán haría algo bastante más sencillo: nadie se mete por esa sola razón en un proyecto de semejante complejidad. Una obra tan inmensa no puede justificar un propósito tan minúsculo. Elegí esta pieza porque la admiro profundamente y porque me inspira ganas de contarla según un punto de vista particular”, reflexiona.
Si bien reconoce que es difícil aportar novedades a un clásico, Botto afirma que su propuesta intenta subrayar dos aspectos actuales de “Hamlet”: “la reflexión sobre el poder, que acaba con los que se acercan a él, y la necesidad del ser humano de desprenderse del peso de la herencia familiar”.
Cine concentrado
Al príncipe Hamlet lo angustia el tener que vengar el asesinato de su padre. “Supongo que, aunque no quiera explotar este costado, es inevitable que haya una identificación entre esta historia de Shakespeare y mi pasado personal”, admite Botto que, sin embargo, prefiere enfatizar lo que la obra tiene de universal, en cuanto trata el deseo del ser humano de no defraudar las expectativas que otros le han depositado y con las que debe convivir.
- Juan Diego, ¿para qué sirven el cine y el teatro?
- Desgraciadamente no lo sé. Supongo que tienen la obligación primera de no aburrir, de resultar atractivos, interesantes y entretenidos. El cine y el teatro deben atrapar el interés del espectador. Quizá pueden servir para hacernos reflexionar un poco sobre la naturaleza del ser humano, sobre los secretos del corazón del hombre; para mostrarnos aspectos del mundo que normalmente no vemos en el diario transcurrir. En sí mismo, esto es lo más valioso que puede aportar el arte.
- ¿Por qué es tan difícil hacer cine en las provincias argentinas?
- Aunque no soy un experto, diría que la Argentina es un país donde el mayor porcentaje de la población vive en Buenos Aires y que, por ello, es muy complicado arrastrar cualquier industria de este tipo fuera de la capital. En ese sentido y en otros, la Argentina es un país muy centralizado. Por otro lado, es un hecho global que el cine tiende a concentrarse en una o dos ciudades en cada país. En España está en Madrid; en Inglaterra, en Londres; en Estados Unidos, en Los Angeles y Nueva York.
Ser joven aquí y allá
Pese a que integra la elite de los extranjeros que triunfaron en España, Botto es escéptico sobre las oportunidades que ofrece la Península Ibérica para los inmigrantes argentinos. “Aconsejo que lo piensen mucho antes de venir, porque esto no es fácil. Muchas veces la gente tiene una fantasía sobre Europa; cree que existen más facilidades de las que realmente hay. Pero lo concreto es que es muy difícil y sacrificado conseguir una residencia legal, encontrar un trabajo agradable y reconstruir el entorno afectivo”, asegura el actor que, por su compromiso público con los derechos humanos, ha llevado una voz cantante más allá de los límites de su profesión.
- En una conferencia reciente, en Madrid, hablaste sobre la juventud iberoamericana. ¿Tienen los mismos problemas el joven de Oviedo (España) que el de Tucumán?
- No, creo que enfrentan dificultades muy distintas. Tucumán no tiene la renta per cápita más alta de la Argentina y Oviedo no tiene la más baja de España. Podemos hablar de metafísica todo lo que deseemos, pero el capital es muy importante, porque el punto de partida, en materia de problemas y de oportunidades para los jóvenes, es poder trabajar y concretar sueños. Eso, que en Oviedo está básicamente garantizado, es difícil en Tucumán. No quiero transmitir una imagen apocalíptica, pero es cierto que hace no tanto, quizá sólo seis años, nos llegaban a España las imágenes de los niños tucumanos que se morían de hambre. Los problemas en Oviedo son de otra naturaleza.
- Entonces, ¿cuál es tu mensaje?
- No tengo ninguno porque no soy ni mesías, ni político, ni sociólogo. Sólo digo que si uno tiene un sueño, que pelee por conseguirlo. Botto, el actor, da testimonio de la idea que promueve al afirmar que su vocación lo salva cada día, cuando se da cuenta que actuar y dirigir le permiten mirar al futuro con ganas de realizar nuevas conquistas.
¿Es posible apartarse de los beneficios de la fama? Juan Diego Botto considera que sí. Enuncia: “según mi opinión, lo importante es tener claro qué es lo me gustaba y me gusta de esta profesión. Hay veces que las cosas que te ponen por delante son muy tentadoras, pero no tienen relación con los motivos por los que me convertí en actor: encontrar historias, contarlas y vivirlas. La maravilla de esta profesión se resume en que un personaje pueda entrar en el cuerpo para ser expresado por uno. Todo lo demás es sólo aire, por muy lindo y halagador que parezca”.
La experiencia cultivada desde 1983 ha empujado al actor a dirigir y actuar en “Hamlet”, la célebre tragedia que William Shakespeare escribió entre 1600 y 1602. Son tiempos de ensayos intensos para Botto, que planea estrenar su obra teatral en abril de este año.
Entre escena y escena, revela a LA GACETA que “Hamlet” no es un intento de escapar al rol trivial del galán, en el que suelen ser encasillados los actores jóvenes y agraciados. “Nada más alejado de la realidad. Si quisiese escaparle al galán haría algo bastante más sencillo: nadie se mete por esa sola razón en un proyecto de semejante complejidad. Una obra tan inmensa no puede justificar un propósito tan minúsculo. Elegí esta pieza porque la admiro profundamente y porque me inspira ganas de contarla según un punto de vista particular”, reflexiona.
Si bien reconoce que es difícil aportar novedades a un clásico, Botto afirma que su propuesta intenta subrayar dos aspectos actuales de “Hamlet”: “la reflexión sobre el poder, que acaba con los que se acercan a él, y la necesidad del ser humano de desprenderse del peso de la herencia familiar”.
Cine concentrado
Al príncipe Hamlet lo angustia el tener que vengar el asesinato de su padre. “Supongo que, aunque no quiera explotar este costado, es inevitable que haya una identificación entre esta historia de Shakespeare y mi pasado personal”, admite Botto que, sin embargo, prefiere enfatizar lo que la obra tiene de universal, en cuanto trata el deseo del ser humano de no defraudar las expectativas que otros le han depositado y con las que debe convivir.
- Juan Diego, ¿para qué sirven el cine y el teatro?
- Desgraciadamente no lo sé. Supongo que tienen la obligación primera de no aburrir, de resultar atractivos, interesantes y entretenidos. El cine y el teatro deben atrapar el interés del espectador. Quizá pueden servir para hacernos reflexionar un poco sobre la naturaleza del ser humano, sobre los secretos del corazón del hombre; para mostrarnos aspectos del mundo que normalmente no vemos en el diario transcurrir. En sí mismo, esto es lo más valioso que puede aportar el arte.
- ¿Por qué es tan difícil hacer cine en las provincias argentinas?
- Aunque no soy un experto, diría que la Argentina es un país donde el mayor porcentaje de la población vive en Buenos Aires y que, por ello, es muy complicado arrastrar cualquier industria de este tipo fuera de la capital. En ese sentido y en otros, la Argentina es un país muy centralizado. Por otro lado, es un hecho global que el cine tiende a concentrarse en una o dos ciudades en cada país. En España está en Madrid; en Inglaterra, en Londres; en Estados Unidos, en Los Angeles y Nueva York.
Ser joven aquí y allá
Pese a que integra la elite de los extranjeros que triunfaron en España, Botto es escéptico sobre las oportunidades que ofrece la Península Ibérica para los inmigrantes argentinos. “Aconsejo que lo piensen mucho antes de venir, porque esto no es fácil. Muchas veces la gente tiene una fantasía sobre Europa; cree que existen más facilidades de las que realmente hay. Pero lo concreto es que es muy difícil y sacrificado conseguir una residencia legal, encontrar un trabajo agradable y reconstruir el entorno afectivo”, asegura el actor que, por su compromiso público con los derechos humanos, ha llevado una voz cantante más allá de los límites de su profesión.
- En una conferencia reciente, en Madrid, hablaste sobre la juventud iberoamericana. ¿Tienen los mismos problemas el joven de Oviedo (España) que el de Tucumán?
- No, creo que enfrentan dificultades muy distintas. Tucumán no tiene la renta per cápita más alta de la Argentina y Oviedo no tiene la más baja de España. Podemos hablar de metafísica todo lo que deseemos, pero el capital es muy importante, porque el punto de partida, en materia de problemas y de oportunidades para los jóvenes, es poder trabajar y concretar sueños. Eso, que en Oviedo está básicamente garantizado, es difícil en Tucumán. No quiero transmitir una imagen apocalíptica, pero es cierto que hace no tanto, quizá sólo seis años, nos llegaban a España las imágenes de los niños tucumanos que se morían de hambre. Los problemas en Oviedo son de otra naturaleza.
- Entonces, ¿cuál es tu mensaje?
- No tengo ninguno porque no soy ni mesías, ni político, ni sociólogo. Sólo digo que si uno tiene un sueño, que pelee por conseguirlo. Botto, el actor, da testimonio de la idea que promueve al afirmar que su vocación lo salva cada día, cuando se da cuenta que actuar y dirigir le permiten mirar al futuro con ganas de realizar nuevas conquistas.
¿Es posible apartarse de los beneficios de la fama? Juan Diego Botto considera que sí. Enuncia: “según mi opinión, lo importante es tener claro qué es lo me gustaba y me gusta de esta profesión. Hay veces que las cosas que te ponen por delante son muy tentadoras, pero no tienen relación con los motivos por los que me convertí en actor: encontrar historias, contarlas y vivirlas. La maravilla de esta profesión se resume en que un personaje pueda entrar en el cuerpo para ser expresado por uno. Todo lo demás es sólo aire, por muy lindo y halagador que parezca”.







