A Washington por trocha angosta
Luego de la restauración de los vínculos diplomáticos con EEUU, el Gobierno aún debe resolver la polémica designación del embajador argentino ante el Vaticano. Por Angel Anaya - Columnista.
02 Febrero 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Es muy probable que la imputación de la valija de Antonini Wilson a la campaña electoral de Cristina Kirchner se habría hecho pública antes de las elecciones si, como dijo la flamante presidenta, se trataba de una “operación basura” destinada a perjudicarla. Pero el escándalo se produjo después de las urnas, lo cual indica cuán desmedida fue la tensión provocada una vez más por necesidades de política interna.Así, al menos, se observa ahora la realidad después de la prolongada reunión de CFK con el embajador Earl Anthony Wayne, absolutamente solitarios durante la primera media hora. Después se produjeron las declaraciones vaselinadas, con la singularidad de que fueron más contributivas a la restauración las del embajador. Ahora se especula con que los testigos que deben declarar en el juicio oral de Miami lo harán de tal manera que lo tornarán innecesario, quedando el asunto como un pleito entre los Estados Unidos y Venezuela.
De una forma u otra, lo que nunca se sabrá seguramente es si el caso Antonini Wilson fue el único o tan sólo uno del correo paralelo entre Caracas y Buenos Aires que hace negocios bajo la mesa mediante esa embajada fantasma en aviones privados que son rentados por funcionarios.
Pero cuando se dice que las relaciones con Estados Unidos volverán a ser normales debe interpretarse que se trata de niveles de segunda y tercera línea de Washington, al menos mientras continúe George W. Bush. Sorprendió que después de la torpeza reprochada al gobierno en la generación del conflicto, Elisa Carrió cometiera la suya con esa carta al embajador Wayne, hecha pública, sugiriendo antes del encuentro en Casa Rosada que pudiera estarse gestando una suerte de complicidad entre Buenos Aires y Washington para esconder o encapsular los hechos.
Precisamente, la líder de Coalición Cívica se había caracterizado desde el origen de los episodios más oscuros por hacer comprender que en EEUU las cosas son muy diferentes de la Argentina: la Justicia nada tiene que ver con gobierno pues la Constitución es una roca inviolable.
Es muy singular que Carrió haya recurrido a una jugada de esa naturaleza, pero en política, como en la guerra, las partes querellantes terminan pareciéndose y la que no sabe hacerlo sólo consigue perder.
El punto de atención es ahora la embajada ante la Santa Sede, donde CFK se niega a renovar la nominación como embajador de Alberto Iribarne tras la resistencia a ser aceptado por razones canónicas. Un hecho revelador de que no se comprende debidamente que un embajador no lo es sólo por la voluntad de que quien lo propone sino que requiere la aceptación de quien lo recibe.
Esa cuestión forma parte inseparable de las buenas relaciones internacionales, por lo que la discreción exige contactos previos a las decisiones, algo más trascendente aún cuando se trata del Vaticano. (De nuestra sucursal)







