Tema: Harry es un niño de diez años que vive una existencia normal junto con su hermano menor, su madre y su padre. Hasta que, en la Argentina de 1976, los cuatro deben ocultarse en una finca de las afueras ante el peligro de ser secuestrados. La vida cambiará dramáticamente para esta familia, y el niño encontrará un particular sitio para resistir a la espera de tiempos mejores.
Crítica: Marcelo Piñeyro da una lección de sutileza en el tratamiento de esta historia, en cuya narración no hay un solo trazo grueso. El director, apoyado en un elenco sin fisuras, consigue climas perfectos para transmitir la violencia y la inestabilidad que rodea a los protagonistas, sin necesidad de mostrar una sola escena fuerte. Tampoco abunda en detalles sobre la situación, en parte porque el relato no lo necesita, pero fundamentalmente porque la historia está contada desde la mirada de un niño. El crescendo dramático es imperceptible pero incesante, y conduce a un final de una intensidad emocional que causa un fuerte impacto en el espectador. Una vez más, Darín y Roth demuestran que son muy buenos actores, y una vez más, a Alterio le bastan pocos minutos en la pantalla para entregar otra composición memorable. Piñeyro maneja con sobriedad y con precisión todos los recursos cinematográficos a su alcance para redondear un filme potente, que impacta sin alardes, y que conmueve sin apelar a los golpes bajos.
Crítica: Marcelo Piñeyro da una lección de sutileza en el tratamiento de esta historia, en cuya narración no hay un solo trazo grueso. El director, apoyado en un elenco sin fisuras, consigue climas perfectos para transmitir la violencia y la inestabilidad que rodea a los protagonistas, sin necesidad de mostrar una sola escena fuerte. Tampoco abunda en detalles sobre la situación, en parte porque el relato no lo necesita, pero fundamentalmente porque la historia está contada desde la mirada de un niño. El crescendo dramático es imperceptible pero incesante, y conduce a un final de una intensidad emocional que causa un fuerte impacto en el espectador. Una vez más, Darín y Roth demuestran que son muy buenos actores, y una vez más, a Alterio le bastan pocos minutos en la pantalla para entregar otra composición memorable. Piñeyro maneja con sobriedad y con precisión todos los recursos cinematográficos a su alcance para redondear un filme potente, que impacta sin alardes, y que conmueve sin apelar a los golpes bajos.







