01 Febrero 2008 Seguir en 
Más allá de todo debate y calificación que pueda plantearse en torno a la llamada comunidad global que se impone en la realidad internacional desde la desaparición del Muro de Berlín, es necesario reconocer que sus reglas han establecido en la convivencia entre las naciones soberanas un sistema de relaciones compartidas que implica mayores concesiones recíprocas. Sin embargo, hay países o gobiernos que tratan de eludirlas con una suerte de autonomía insular, mas por mucho empeño en ello, difícilmente lo logren sin padecer un aislamiento que los limita en el crecimiento. El mundo de la comunidad global tiene como primera condición la de estar informado, y lo hace sin barreras penetrando en las realidades sociales, políticas y económicas mediante redes crecientes de comunicación que alcanzan los temas y regiones más herméticas y remotas. Consultoras, organismos internacionales y organizaciones investigadoras se extienden por el planeta haciendo periódicas radiografías que informan sus decisiones a la comunidad global. Ultimamente algunas de reconocido prestigio han incluido sus visiones comparativas de la realidad argentina, brindando a la vez, en nuestro orden interno, referencias que no pueden pasar inadvertidas por la perspectiva con que se la observa en la comunidad global.
La reciente encuesta anual de la Heritage Foundation y Wall Street Journal sobre el grado de libertad económica incluye157 países, y en ella el nuestro ocupa el lugar 108, habiendo mejorado un punto desde el relevamiento de 2007. Hong Kong, con 90,3 en un puntaje de 10 es el primero, seguido de Singapur, Irlanda, Australia, EE.UU y Nueva Zelanda. Nuestra vecina Chile es 8ª con el 79,8% y encabeza Latinoamérica. El análisis es revelador de la relación entre economía, prosperidad y el mayor ingreso per cápita. Por otra parte, se han tenido en consideración las libertades de negocios, de comercio, monetaria, financiera y fiscal, así como para realizar inversiones. En la encuesta de HF aparece la corrupción, donde Argentina no logra una nota de tres puntos sobre 10. Esta es una referencia consecuente con la última encuesta de Transparencia Internacional donde asignó 2,9 sobre 10 y es correspondida por el bajo índice de calidad institucional, aunque por encima de 2003, cuando el registro fue de 2,5.
Por su parte, la organización Global Integrity coloca a nuestro país por sus mecanismos anticorrupción en el lugar 12 entre 55, habiendo caído tres escalones desde el año anterior: procesos presupuestarios, regulaciones internas sistemas impositivo y aduanero. Según el estudio de GI, el gobierno argentino es débil en rendición de cuentas a la sociedad, señalando la facultad presidencial de reformar presupuestos sin participación del Congreso. La síntesis de esos informes donde han participado organizaciones locales evidencia un perfil compartido de la realidad del país que limita considerablemente el interés de la comunidad global por ser parte de sus horizontes, especialmente en orden a las inversiones. No menos llamativa es la relativa inserción argentina en la comunidad internacional, con una suerte de aislamiento que priva al país de una presencia adecuada al dinamismo -a menudo conflictivo- del protagonismo, y que suele condicionar la política exterior a sus problemas internos.
Pocos son los ejemplos que quienes deben resolver pueden hallar en la región, pero no cabe duda de que el chileno es un modelo a seguir para asomarse exitosamente al mundo.
La reciente encuesta anual de la Heritage Foundation y Wall Street Journal sobre el grado de libertad económica incluye157 países, y en ella el nuestro ocupa el lugar 108, habiendo mejorado un punto desde el relevamiento de 2007. Hong Kong, con 90,3 en un puntaje de 10 es el primero, seguido de Singapur, Irlanda, Australia, EE.UU y Nueva Zelanda. Nuestra vecina Chile es 8ª con el 79,8% y encabeza Latinoamérica. El análisis es revelador de la relación entre economía, prosperidad y el mayor ingreso per cápita. Por otra parte, se han tenido en consideración las libertades de negocios, de comercio, monetaria, financiera y fiscal, así como para realizar inversiones. En la encuesta de HF aparece la corrupción, donde Argentina no logra una nota de tres puntos sobre 10. Esta es una referencia consecuente con la última encuesta de Transparencia Internacional donde asignó 2,9 sobre 10 y es correspondida por el bajo índice de calidad institucional, aunque por encima de 2003, cuando el registro fue de 2,5.
Por su parte, la organización Global Integrity coloca a nuestro país por sus mecanismos anticorrupción en el lugar 12 entre 55, habiendo caído tres escalones desde el año anterior: procesos presupuestarios, regulaciones internas sistemas impositivo y aduanero. Según el estudio de GI, el gobierno argentino es débil en rendición de cuentas a la sociedad, señalando la facultad presidencial de reformar presupuestos sin participación del Congreso. La síntesis de esos informes donde han participado organizaciones locales evidencia un perfil compartido de la realidad del país que limita considerablemente el interés de la comunidad global por ser parte de sus horizontes, especialmente en orden a las inversiones. No menos llamativa es la relativa inserción argentina en la comunidad internacional, con una suerte de aislamiento que priva al país de una presencia adecuada al dinamismo -a menudo conflictivo- del protagonismo, y que suele condicionar la política exterior a sus problemas internos.
Pocos son los ejemplos que quienes deben resolver pueden hallar en la región, pero no cabe duda de que el chileno es un modelo a seguir para asomarse exitosamente al mundo.







