Galimatías en la política exterior
La estrategia exterior oficial suma nuevos episodios en el PEN. El papado no acepta como embajador a Iribarne, por ser divorciado y estar en pareja. Por Angel Anaya - Columnista.
31 Enero 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Nuevos hechos han permitido observar en la política exterior de la administración kirchnerista que se trata del camino selvático más complejo y que el gobierno de Cristina lo sigue recorriendo. Y no en rigor por errores de una Cancillería adecuada, sino por los rasgos fuertemente presidencialistas de la gestión.Por esa causa, el fino y silencioso trabajo del canciller Jorge Taiana - que en ocasiones debe decir en voz alta cosas que no le placen- y del buen negociador Earl Anthony Wayne está logrando normalizar un vez más las relaciones con Washington. Pero mientras esa tensión se supera, las tan especiales con la Santa Sede quedan en pantalla como un nuevo episodio de las dificultades para entender la política exterior.
En esta ocasión se trata de la personería del nuevo embajador ante el Vaticano, cuyo placét se demora excesivamente por motivos, al parecer, personales y que resultan difíciles de explicarse en la Casa Rosada. Se trata del ex ministro Alberto Iribarne y sus dificultades para ser aceptado, motivo de una declaración de la Cancillería y otra muy poco diplomática de Aníbal Fernández, que fueron hechas públicas causando desagrado en Roma.
Curiosamente, la voz oficial de Buenos Aires no entiende que por ser divorciado y actualmente formando pareja, el papado considere que no puede ser embajador ante su sede. Se ha recordado en el Palacio San Martín que hay allí otros embajadores divorciados y no se explican cuál puede ser la objeción al argentino.
La circunstancia no debería sorprender a un experto diplomático, y todo indica que no se consultó a la Secretaría de Culto, donde seguramente tienen una explicación.
El problema es que Iribarne contrajo matrimonio católico y el divorcio no es reconocido por la Iglesia sino no es canónicamente y pleno por un tribunal de la Santa Rota, para que se rompa el vínculo conyugal. Iribarne es una figura de prestigio pero las reglas canónicas, por tratarse de un país mayoritariamente católico, son firmes para la Santa Sede.
El episodio debió mantenerse con discreción, mas no ha sido así y hay quienes lo relacionan en el gobierno con el caso del vicariato castrense que dio lugar a un incidente y provocó tirantez inédita de Kirchner con El Vaticano. Otra situación cruzada en el manejo internacional ha sido la elevación de nuevas quejas formales a la Corte Internacional de La Haya por el conflicto del río Uruguay y la decisión de las comisiones vecinales de Gualeguaychú de disponer otorgar tarjetas de pases vecinales selectivos entre ambas orillas para poder cruzar, arrogándose el poder de autoridad fronteriza sin intervención oficial.
En tales condiciones los representantes vecinales serán recibidos por la Presidenta, gesto que sin duda desacredita la nueva presentación ante la Corte Internacional sobre violaciones del Estatuto fluvial común. (De nuestra Sucursal)







