Motivos para viajar
Aunque el PE piensa que la provincia está llena de turistas, las fallas en la gestión aparecen en pequeñas cosas y en trabas casi endémicas. Esperanzas en un diagnóstico. Por Roberto Delgado, prosecretario de Redacción LA GACETA.
¿Qué interés puede tener un turista para venir a Tucumán en este verano de calor infernal y tormentas?El gobernador José Alperovich y su secretario de Turismo, Roberto Martínez Zavalía, no se hacen esta pregunta. Dan por sentado que, aunque "falta mucho por hacer" -al decir del mandatario- la realidad va a demostrar que las cosas van a cambiar, porque, de hecho, se ve movimiento de visitantes. Hace dos semanas, Alperovich dio a entender que la temporada venía buena, cuando dijo que el hotel de su familia -el República- estaba lleno; y ahora acaba de decir que ya vinieron 20.000 turistas. "Los hospedajes de Tafí del Valle están completos", sentenció. Lo apoyó su funcionario, Martínez Zavalía, pero fue más cauto. Dijo que, en su caso, tenía la impresión de que había más turistas a partir de las estimaciones de los hoteleros de Tafí del Valle y reconoció que no aumentó la permanencia de los visitantes. Y ante la pregunta acerca de qué se está haciendo para mejorar las cosas, habló de circuitos a futuro y, salvo mencionar que se ha montado una oficinita de Turismo en La Quebradita, puso sus expectativas en el diagnóstico que, en teoría, el ex secretario de Turismo de Salta y hoy asesor de Alperovich, Bernardo Racedo Aragón, entregará antes del 15 de marzo.
Hasta entonces, afloran los detalles de lo que no se hace: a San Pedro de Colalao lo abandonaron para la Fiesta de la Humita. "Siempre recibimos las sobras. No nos toman en serio. Todos los eventos que encaramos son a pata y pulmón", se quejó la secretaria de Turismo de esa villa. En San Javier sigue sin haber transporte adecuado: hace dos semanas los turistas quedaron varados al pie del Cristo y entonces se supo que la empresa de ómnibus que va al cerro apenas tiene cuatro choferes capacitados para conducir por la montaña. San Javier es codiciado por tucumanos y visitantes, pero no tiene baños públicos, agua ni refugios.
El transporte aéreo sigue siendo un karma, como lo demostró el desvío de un avión a Salta, el jueves pasado, por la rotura de un aparato en el aeropuerto. La misma Aerolíneas dijo que la mayoría de los turistas, que iban a pasar por Tucumán, prefirieron después del desvío quedarse en Salta.
Hipótesis y conclusiones
Mientras tanto, la pregunta del comienzo sigue sin responderse. Un turista puede ir un lugar de clima salvaje por tres motivos: 1) El paisaje. Tucumán lo tiene. Pero también hay hermosos lugares en Salta o Jujuy, a donde se desvía la mayoría de los turistas.
2) Precios atractivos. Estamos en desventaja, porque no se encontró una política con la mira puesta en bajar costos. Es conocido que el pasaje aéreo Buenos Aires-Tucumán cuesta el doble que el pasaje Buenos Aires-Salta. Y más allá de esto, se sabe que en el gasto de $ 2 millones que hizo el Gobierno para contratar a 10 operadores nacionales para que difundan Tucumán, se planteó un paquete con hoteles de la capital, que, hasta ahora, ha sido un fracaso. No vino nadie, y no se explica por qué. Esos 20.000 turistas de los que habla el gobernador... ¿fueron sólo a Tafí del Valle? Aparentemente, sí, porque Federico Lanati, de la Cámara de Hoteleros, dijo que a la capital vino muy poca gente. En este punto, no se ve una política clara.
3) Se busca detalles de identidad, que dan el perfil de un lugar y que hablan de su vida actual y de su historia; lo que cómunmente se llama patrimonio. En esto, Tucumán va marcha atrás. El Gobierno, con su decisión de vender edificios históricos, está poniéndose en contra a entidades de turismo, a universitarios y a representantes del quehacer cultural. Y no es la primera vez que lo hace: ya demostró su manera de actuar con el ex Mercado de Abasto; de lo que se desprende que podría volver a hacerlo.
En esto no se ve decisiones erráticas, sino una política firme, pragmática, interesada en que en esos edificios históricos, abandonados durante décadas por el Estado, se construyan locales comerciales que se repiten a lo largo de todo el mundo y que, aunque sean útiles y den dinero, son, precisamente, lo opuesto a la identidad. Son la representación del no lugar. El turista no va a un lugar a ver lo mismo que hay en todas partes, y si, encima, es más caro y con problemas de transporte. En esto no hay diagnóstico que valga.







