Denuncian malos tratos de los guardias del penal tras el motín

Aseguran que la comida es de mala calidad.El lunes pasado, al menos 90 internos le prendieron fuego a la unidad 6, que quedó destruida. "Les salvamos la vida", afirmó Vallejo. Carta a la Justicia.

06 Diciembre 2002
Varios presos de la Unidad 6 del penal de Villa Urquiza, donde el martes hubo un motín, denunciaron que fueron golpeados por los guardias. En ese sentido, el director de Institutos Penales, Roberto Vallejo, negó las denuncias y afirmó que lo único que se hizo fue salvarles la vida a los internos, que habían quedado atrapados por el fuego que ellos mismos habían encendido.
A través de una carta que 10 de los internos le enviaron a la fiscal Teresita Marnero, los reos explicaron que el motín se desató por los malos tratos que reciben. También dijeron que la comida es de mala calidad. "No conformes con eso, (los guardias) nos orinan el tacho de la comida", dice la nota. "Nunca nadie se quejó por la comida. No tengan dudas de que comen mejor que muchos que los que están afuera", indicó Vallejo.
Ante la fiscal Marnero declararon ya seis internos y los padres de algunos de ellos. Denunciaron que recibieron una feroz paliza tras el motín en el que quemaron casi por completo el pabellón donde se alojan los presos no procesados ni condenados.

Golpes
"Cuando abrieron la puerta porque adentro había mucho humo, los agarraron a palazos mientras salían", afirmó Patricia Espinosa, esposa de Ramón Quijano, un joven detenido por un robo agravado. "No voy a negar que alguno recibió un gomazo, pero sólo fue para calmar una situación tensa. Habían destrozado todo", aseguró Vallejo. María Soria, compañera de David Véliz, detenido por el mismo hecho que Quijano, se quejó porque les impedirían ingresar los medicamentos que sus esposos necesitan. "Desde hace semanas que hay problemas en el pabellón. Los tratan de lo peor", afirmó Luisa Arroyo, madre de José Luis "Quiko" Ledesma, detenido por robos agravados.
En tanto, Juan José Ibarra, un joven que está purgando una pena por robo agravado en la Unidad 7 del penal, denunció que un guardia le "plantó" drogas y que lo obligó a firmar una confesión en la que involucraba a otros reclusos en la venta de estupefacientes en la cárcel. Ibarra señaló que le dieron en octubre dos "porros" y pastillas, y que poco después, en una requisa, se las encontraron y le abrieron una causa en la Justicia Federal.

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