20 Enero 2008 Seguir en 
Los síntomas característicos que presentan los individuos luego de haber estado expuestos a un acontecimiento estresante o extremadamente traumático repercute no sólo en la vida personal del individuo y en su ambiente. Las consecuencias provocadas por el miedo a participar en hechos que representen un peligro para la vida o integridad física de las personas, cambian los estilos de vida de sociedades enteras.
Agustín Torres es un abogado que realizó investigaciones en el campo de la sociología y ciencias sociales. “El incremento del delito presenta diversas manifestaciones en nuestra sociedad. La sensación de vulnerabilidad, generada por la ascendente ola delictiva, ha auspiciado el desarrollo de conductas dirigidas a prevenir las acciones antisociales e ilícitas. Así, se observan cambios que van desde la adopción de simples precauciones diarias, hasta alternativas urbanísticas en pos de una mayor seguridad, como lo ejemplifica la proliferación de los countries o barrios privados”, explicó.
Las viviendas se convirtieron en verdaderas fortalezas. El incremento de rejas en las puertas y ventanas para mayor seguridad fue unas de las alternativas elegidas. Otros, en tanto, optaron por adquirir perros adiestrados para extremar la seguridad en los ingresos a las casas. La guardia policial de empresas privadas es una de las opciones más usadas por los negocios en lugares céntricos.
En ese sentido, Torres explicó el motivo por el cual las personas suelen sentir un temor constante a ser víctimas de actos delictivos. “Cuando el fenómeno de la delincuencia se convierte en una tendencia prolongada, sus efectos sociales son aún más sensibles. Surge una suerte de resignación y el delito aparece en el imaginario colectivo como una posibilidad cotidiana”, señaló.
Según el letrado, los continuos delitos reinstalan viejos prejuicios, y los ciudadanos asocian la delincuencia con factores como la pobreza y las diferencias socioculturales. “Es por esto que las personas exigen soluciones extremas, entre las cuales se sitúa la denominada mano dura”, dijo.
Torres concluyó que la psicosis colectiva instalada en la sociedad perturba de tal manera a los ciudadanos que muchos optaron por autodefenderse ante un ataque y hacer justicia por mano propia.
Para determinar si una persona padece algún tipo de trastorno mental a causa de una situación límite, estos síntomas deben estar presentes más de un mes.
Además del deterioro físico que sufre la persona, estos trastornos repercuten en la vida familiar, social o laboral del individuo.
Por miedo a posibles ataques, muchos prefieren no salir de su casa para practicar un deporte o encontrarse con amigos. Estos cuadros de angustia, depresión o malestar pueden instalarse en una familia. Es por esto que los especialistas recomiendan, cuando aparecen estos síntomas, que se recurra a un profesional que atienda el caso.
Agustín Torres es un abogado que realizó investigaciones en el campo de la sociología y ciencias sociales. “El incremento del delito presenta diversas manifestaciones en nuestra sociedad. La sensación de vulnerabilidad, generada por la ascendente ola delictiva, ha auspiciado el desarrollo de conductas dirigidas a prevenir las acciones antisociales e ilícitas. Así, se observan cambios que van desde la adopción de simples precauciones diarias, hasta alternativas urbanísticas en pos de una mayor seguridad, como lo ejemplifica la proliferación de los countries o barrios privados”, explicó.
Las viviendas se convirtieron en verdaderas fortalezas. El incremento de rejas en las puertas y ventanas para mayor seguridad fue unas de las alternativas elegidas. Otros, en tanto, optaron por adquirir perros adiestrados para extremar la seguridad en los ingresos a las casas. La guardia policial de empresas privadas es una de las opciones más usadas por los negocios en lugares céntricos.
En ese sentido, Torres explicó el motivo por el cual las personas suelen sentir un temor constante a ser víctimas de actos delictivos. “Cuando el fenómeno de la delincuencia se convierte en una tendencia prolongada, sus efectos sociales son aún más sensibles. Surge una suerte de resignación y el delito aparece en el imaginario colectivo como una posibilidad cotidiana”, señaló.
Según el letrado, los continuos delitos reinstalan viejos prejuicios, y los ciudadanos asocian la delincuencia con factores como la pobreza y las diferencias socioculturales. “Es por esto que las personas exigen soluciones extremas, entre las cuales se sitúa la denominada mano dura”, dijo.
Torres concluyó que la psicosis colectiva instalada en la sociedad perturba de tal manera a los ciudadanos que muchos optaron por autodefenderse ante un ataque y hacer justicia por mano propia.
Los síntomas persisten
Según los especialistas, la aparición temporal o aislada de los miedos intensos puede durar unos minutos y puede llegar a estar acompañada de una serie de síntomas físicos y emocionales. Algunos de ellos son palpitaciones, taquicardia, sudoración, temblores, sensación de ahogo, falta de aliento o náuseas. También mareos, desmayos, escalofríos o sofocaciones suelen presentarse como síntomas de alerta. Para determinar si una persona padece algún tipo de trastorno mental a causa de una situación límite, estos síntomas deben estar presentes más de un mes.
Además del deterioro físico que sufre la persona, estos trastornos repercuten en la vida familiar, social o laboral del individuo.
Por miedo a posibles ataques, muchos prefieren no salir de su casa para practicar un deporte o encontrarse con amigos. Estos cuadros de angustia, depresión o malestar pueden instalarse en una familia. Es por esto que los especialistas recomiendan, cuando aparecen estos síntomas, que se recurra a un profesional que atienda el caso.
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