Hombre de Estado se busca

El gobernador José Alperovich se enfrenta a un año atípico. A la vista no tiene problemas económicos ni desafíos electorales y controla la Legislatura, pero mantiene la costumbre de los DNU. Por Alvaro Aurane - Redacción de LA GACETA.

20 Enero 2008
"Un grabado de Goya muestra a un hombre de hábito negro, medio inclinado, con una linterna en la mano derecha y la izquierda extendida en gesto de expectación. El título al pie dice: ?No lo encontrarás?. Es nítida la referencia a Diógenes, que recorría Atenas con una linterna encendida en pleno mediodía y explicaba a quien preguntara: ?Busco un hombre?. Fue una manera de expresar que sus conciudadanos habían abajado la imagen de ser humano libre y dueño de sí mismo a la de una figura lamentable, recortada por la mezquindad, la voluntad de opresión y la sed de dinero y de poder. El hombre de Goya tampoco encontraría lo que busca en muchas casas de gobierno". Juan Gelman, Nueva prosa de prensa.


De todos los años que lleva al frente del Poder Ejecutivo, 2008 se presenta como el más atípico para José Alperovich. No se parece ni remotamente al 2004 de apenas $ 2.009 millones para el financiamiento del Estado. Fueron 366 días de un gobernador bombero, que apagaba los incendios encendidos por el mirandismo con la nafta que él mismo había regado.
Tampoco es 2008 un año electoral. No se eligen diputados, como en 2005, ni convencionales constituyentes, como en 2006, ni autoridades provinciales y nacionales, como en 2007. Por tanto, no es como esos 36 meses en los que, con tanta eficiencia a los fines electorales, el mandatario fue una suerte de intendente provincial. Un período jalonado por las inauguraciones de calles pavimentadas y cordones cuneta, escuelas y barrios, cañerías y cloacas. Un trienio en el que fueron asfaltados hasta los partidos políticos (los opositores y también el peronismo) y la propia Constitución: quedaron convertidos en la ruta y en la banquina que lleva a la concentración del poder público.
En definitiva, 2008 aparece desmalezado. A tal punto que el Gobierno considera que los problemas políticos, de surgir, vendrán de afuera. Le temen, en concreto, a la suerte que pueda alcanzar la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, que nunca dispuso de los mentados 100 días de gracia de los que goza toda nueva gestión porque la suya, de novedoso, no tiene ni los funcionarios. Sin el brillo de lo flamante, le discuten hasta el cambio de hora. Pero por lo pronto, el alperovichismo está confiado en su relación con la Nación. Que la Presidenta haya puesto al tucumano como único orador entre cinco mandatarios para prometer el saneamiento de la cuenca Salí-Dulce, fue un gesto tranquilizador.
En este contexto, lo que el atípico 2008 requiere, en Tucumán, es un hombre de Estado. Su desafío es hallar un gobernante que erija algo más que soluciones habitacionales. En pocas palabras, un constructor de consensos. Lo trágico es que todo parece indicar que de eso no va a haber. Simplemente porque el Gobierno no quiere.

La "patria inmobiliaria"
El oficialismo tiene 43 de los 49 legisladores. Pero, contra su propia promesa, no apagó la maquinita de fabricar decretos de necesidad y urgencia. Como complemento, ahora lanzaron un nuevo modelo: los proyectos de ley del vicegobernador. Al igual que los DNU, no admiten modificaciones. Menos aún si son consensuadas con la oposición. Lo prueba la ley que secuestra los tributos comunales. En el recinto acordaron que lo recaudado sería reintegrado, de inmediato y sin descuentos, a cada delegación rural. El Ejecutivo anuló el cambio con un decreto que -decidieron- no pasará por el recinto. Porque la plata de las comunas, en realidad, es del Gobierno. Y los legisladores oficialistas, tan cómodos en el ninguneo, también. Ya suficiente tienen con contribuir sin pausa a la consolidación de la "patria inmobiliaria": uno de cada tres proyectos que aprueban versa sobre ventas, expropiaciones y revalúos de tierras.
Coherentemente, los primeros anticuerpos sociales surgieron como reacción contra esta endémica obsesión estatal de negociar bienes raíces. Desde que decidieron rifar edificios históricos, un grupo de tucumanos repudia la medida, cada viernes, alrededor de la plaza Independencia. La obcecada sordera oficial pretende que se trata de una discusión por ladrillos viejos. Pero la defensa de esas piezas del patrimonio cultural simboliza el hartazgo ante el atropello.
Hay una franja de la sociedad que no quiere más bravuconadas. Que entiende que si esos inmuebles históricos pertenecen a la ciudadanía, los gobernantes que se llenan la boca de democracia en sus discursos públicos deberían dialogar con los ciudadanos sobre los cambios que promueven. Hasta Jorgelina García Azcárate, luego de que le pidieron que renuncie como directora de Patrimonio del Ente (cada vez más ente) Cultural, advirtió que nunca se opuso a dar nuevas funciones a esas construcciones, a cambio de que el sector privado garantizara el mantenimiento edilicio que el Estado abandonó. Pero el alperovichismo sólo quiere oír su voz. Y vive a los gritos.
Por cierto, el segmento de tucumanos que se siente aturdido es varias veces más amplio que el que protesta frente a Casa de Gobierno. Su verdadera magnitud fue vista en las elecciones del 28 de octubre: esas que el alperovichismo aún no ha analizado correctamente. Hasta aquí, en el Ejecutivo sólo analizan la pérdida de 160.000 votos respecto del 26 de agosto. Y argumentan que unos aspirantes a diputados estaban cuestionados, mientras otros tenían feroces internas dentro del PJ capitalino, al tiempo y que la lista carecía de un Alperovich.
Pero no reparan en una oposición que, precariamente, reunió 100.000 votos tras la Concertación UNA y 50.000 tras el socialismo. Sin ignorar el aporte de los candidatos y las fórmulas presidenciales, la cuestión es que cuando los descontentos encontraron quien los represente, golpearon al Gobierno en el cuarto oscuro. Incluso, por medio de postulantes de campaña austera.
En contraste, no menos cierto es que estos bolsones de ciudadanos, donde el reclamo de institucionalidad es patente y latente, siguen estando huérfanos de un conductor. Para colmo, algunos de estos sectores padecen el síndrome del hijo único: los que defienden el patrimonio histórico sólo admiten esa consigna, la suya, en las marchas. ¿Creerán que las reivindicaciones salariales que piden los trabajadores, todo un reclamo por el patrimonio individual, no es tan legítima como resguardar la sede de la Secretaría de Educación? ¿O que el repudio contra el impuestazo, toda una protesta para proteger inmuebles familiares, no es tan valedera como amparar el edificio de Rentas?
Luego, al oficialismo no le importa desoír a los que no pueden ponerse de acuerdo y mantiene sus sueños de democracia pavimentadora: no anhela más diálogo sino más hormigón. El alperovichismo no planea para este año alentar la seguridad jurídica o la calidad del gasto público, sino licitar la construcción del dique Potrero de las Tablas. La grandeza -así lo entienden- pasa por las obras grandotas, no por las grandes obras.
Dos razones sostienen ese convencimiento. La primera, de forma, es que hacer obras públicas es electoralmente redituable. La segunda, de fondo, es que el Gobierno sólo quiere hablar de lo que hace para no tener que discutir ideas. Esta tiranía de lo fáctico denuncia el atraso de la realidad política vernácula, y se exibe plenamente cada vez que hay comicios: las discusiones -y las opciones- de los tucumanos giran alrededor de nombres, no de propuestas, convicciones, ideologías. El debate consiste en desentrañar si fulano hubiera sido capaz de sacar a los vendedores ambulantes del centro; no versa sobre el tamaño del Estado y su función. Luego, la política es practicada (ayer, hoy, mañana) como infinita reedición de descalificaciones, reivindicaciones de autoridad moral, portaciones de apellido y un oficialismo que niega la existencia de una oposición que, por todo proyecto, quiere meter presos a los oficialistas.
Mientras tanto, 2008 carga una linterna en una mano y extiende la otra. Busca un hombre de Estado desde hace 20 días. Pobrecito?

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