19 Enero 2008 Seguir en 
Dicen que las paralelas se tocan en el infinito. Estas no lo son y están bastante lejos una de otra, pero las hermana la tragedia. La ruta nacional Nº 38 se ha ganado hace ya tiempo el triste mote de “Ruta de la muerte” y su mejor aprendiz en esta materia en San Miguel de Tucumán pareciera ser la avenida Mate de Luna, donde se registran cinco accidentes por semana, según las estadísticas.
Varias estrategias se intentaron en la Mate de Luna para hacer descender el índice de siniestralidad. En marzo de 2000, la Municipalidad capitalina comenzó a emplear radares para que los conductores respetaran los límites de velocidad, pero este control duró un tiempo y desapareció. Según las estadísticas que publicamos en julio pasado, la avenida Mate de Luna ocupaba el tercer lugar en cantidad de accidentes, detrás de la Roca y la Juan B. Justo. En 2006, los percances en la Mate de Luna habían aumentado un 35%, como consecuencia de la ausencia de controles, exceso de velocidad e imprudencia.
El año pasado, las autoridades replantearon los controles para impedir los excesos de velocidad. La Municipalidad realizó operativos con radares móviles durante pocos días y se anticipó que se instalaría un sistema de fotomultas y radares fijos en los semáforos. Un funcionario señaló en esa oportunidad que además de los controles era necesario generar conciencia vial y tratar de que las multas se hiciesen efectivas, porque la mayoría no pagaba, desnudando así una deficiencia de la autoridad. Respecto de 2006, los accidentes se incrementaron en un 44% en esa avenida en 2007.
Alrededor de 45.000 vehículos circulan en las horas pico por la Mate de Luna, que une a la capital con Yerba Buena. La velocidad máxima es de 70 km/h, pero también hay carriles para circular a 50 y a 60 km/h. Para disminuir los riesgos, se colocaron semáforos y se cerraron algunos pasos en la platabanda, pero al parecer ello no fue suficiente. Según un funcionario municipal, la principal causa de la peligrosidad en esta avenida tiene que ver con la imprudencia y la velocidad alta a la que circulan los vehículos. Pese a que funciona una onda verde, que permite transitar a 60 km/h, los conductores quieren ir más rápido y no respetan los semáforos. Anunció que a partir de febrero se intensificarán los controles en la arteria. LA GACETA comprobó el lunes que muchos motociclistas, automovilistas y choferes de ómnibus no respetan los semáforos ni las señalizaciones en la Mate de Luna. Los vecinos manifestaron que, por las noches, los automóviles y las motos aceleran como si la avenida fuera una pista de carreras: pasan a gran velocidad y no se detienen en los semáforos; algunos frenan y, luego de asegurarse de que no viene nadie, cruzan con luz roja.
Se trata, por cierto, de un problema crónico, pero lo más grave es que la siniestralidad va en ascenso. Por un lado, los accidentes se deben principalmente a la irresponsabilidad de los conductores que no respetan las normas. Se han instalado más semáforos, pero si estos son ignorados, las colisiones serán inevitables. Por otro lado, los controles municipales no son constantes y si a ello se suma que las multas por las infracciones no son lo suficientemente onerosas como para revertir este espíritu transgresor, y que entre los castigos se contemple, por ejemplo, pasar unos días en prisión o el retiro de la licencia de conducir, difícilmente se revertirá esta mala costumbre.
Sería interesante sembrar para el futuro e incorporar, por ejemplo, la educación vial como asignatura obligatoria en los ciclos primario, secundario y universitario. Tal vez de ese modo, lograríamos tener en el futuro ciudadanos más educados.
Varias estrategias se intentaron en la Mate de Luna para hacer descender el índice de siniestralidad. En marzo de 2000, la Municipalidad capitalina comenzó a emplear radares para que los conductores respetaran los límites de velocidad, pero este control duró un tiempo y desapareció. Según las estadísticas que publicamos en julio pasado, la avenida Mate de Luna ocupaba el tercer lugar en cantidad de accidentes, detrás de la Roca y la Juan B. Justo. En 2006, los percances en la Mate de Luna habían aumentado un 35%, como consecuencia de la ausencia de controles, exceso de velocidad e imprudencia.
El año pasado, las autoridades replantearon los controles para impedir los excesos de velocidad. La Municipalidad realizó operativos con radares móviles durante pocos días y se anticipó que se instalaría un sistema de fotomultas y radares fijos en los semáforos. Un funcionario señaló en esa oportunidad que además de los controles era necesario generar conciencia vial y tratar de que las multas se hiciesen efectivas, porque la mayoría no pagaba, desnudando así una deficiencia de la autoridad. Respecto de 2006, los accidentes se incrementaron en un 44% en esa avenida en 2007.
Alrededor de 45.000 vehículos circulan en las horas pico por la Mate de Luna, que une a la capital con Yerba Buena. La velocidad máxima es de 70 km/h, pero también hay carriles para circular a 50 y a 60 km/h. Para disminuir los riesgos, se colocaron semáforos y se cerraron algunos pasos en la platabanda, pero al parecer ello no fue suficiente. Según un funcionario municipal, la principal causa de la peligrosidad en esta avenida tiene que ver con la imprudencia y la velocidad alta a la que circulan los vehículos. Pese a que funciona una onda verde, que permite transitar a 60 km/h, los conductores quieren ir más rápido y no respetan los semáforos. Anunció que a partir de febrero se intensificarán los controles en la arteria. LA GACETA comprobó el lunes que muchos motociclistas, automovilistas y choferes de ómnibus no respetan los semáforos ni las señalizaciones en la Mate de Luna. Los vecinos manifestaron que, por las noches, los automóviles y las motos aceleran como si la avenida fuera una pista de carreras: pasan a gran velocidad y no se detienen en los semáforos; algunos frenan y, luego de asegurarse de que no viene nadie, cruzan con luz roja.
Se trata, por cierto, de un problema crónico, pero lo más grave es que la siniestralidad va en ascenso. Por un lado, los accidentes se deben principalmente a la irresponsabilidad de los conductores que no respetan las normas. Se han instalado más semáforos, pero si estos son ignorados, las colisiones serán inevitables. Por otro lado, los controles municipales no son constantes y si a ello se suma que las multas por las infracciones no son lo suficientemente onerosas como para revertir este espíritu transgresor, y que entre los castigos se contemple, por ejemplo, pasar unos días en prisión o el retiro de la licencia de conducir, difícilmente se revertirá esta mala costumbre.
Sería interesante sembrar para el futuro e incorporar, por ejemplo, la educación vial como asignatura obligatoria en los ciclos primario, secundario y universitario. Tal vez de ese modo, lograríamos tener en el futuro ciudadanos más educados.







