De aquellos que se ponen en el rol de víctima

En las 1.041 noches, Scheherezade y Shahriyar se encuentran en la plaza Gramajo Gutiérrez con dos espectros y una hermosa señora. Los fundamentalismos. Por Roberto Espinosa - Redacción LA GACETA.

17 Enero 2008
Se guarecieron del chaparrón bajo el imponente San Antonio que reinaba en la plaza Alfredo Gramajo Gutiérrez, un olvidado pintor tucumano. El rey Shahriyar y su doncella Scheherezade admiraron la descuidada “Parábola”, la escultura de Pompilio Villarrubia Norry. Mientras el camello Almanzor bebía en un charco, vieron aparecer a una bella mujer ofuscada, que llevaba pedazos de cadena en cada mano. Dos espectros ancianos, con el rostro desencajado, salieron del Cementerio del Oeste y se dirigieron hacia ella. Se inclinaron ante su hermosura y se sentaron a conversar. Observaron con inquietud a los forasteros que estaban por iniciar sus mil y cuarenta y una noches, y se les acercaron.
“¿Cuál es la causa de vuestros pesares, moradores?”, preguntó Shahriyar. Uno de los hombres dijo con acento extranjero:
- Nos hemos enterado, forastero, de que un monarca quiere vender edificios que hemos construido y que a lo largo de las décadas se han convertido en emblemas de Tucumán... están incorporados a su identidad... Yo era arquitecto y diseñé, por ejemplo, el Arzobispado, el Seminario y los edificios de la Secretaría de Educación y la ex Brigada de Investigaciones; estos dos últimos se quieren demoler...
El otro añadió: “yo era ingeniero y fui autor del edificio del Banco Nación, donde funciona la Dirección General de Rentas; de la Casa de Gobierno y de la Biblioteca Sarmiento, entre otros. No nos explicamos cómo a un gobernante se le puede ocurrir deshacerse de inmuebles que pertenecen al patrimonio de un pueblo para emprender negocios...
La lozana mujer interrumpió:
- Tuve que escapar... me sentía asfixiada, acorralada por los discursos inmobiliarios de Al Rachid y sus Capone. Uno de ellos acusó de fundamentalistas a quienes defienden el patrimonio arquitectónico y dijo que la medida se debía a que el Gobierno no tiene demasiados recursos, por eso tenían que buscar otras alternativas...
Scheherezade la interrumpió:
- No se entiende... Nos contaron que el Gobierno de Al Rachid es el que más dinero ha recibido del emperador en las últimas décadas... El debería ser un servidor de la cultura de su pueblo y no de Al Rachid.
- Ellos representan el fundamentalismo del dinero, y justifican sus acciones en que todo lo hacen en pro de la modernidad, por el bien de los tucumanos. Algo así como que el fin justifica los medios... El que se les opone o efectúa alguna crítica es descalificado inmediatamente...
El rey Shahriyar compartió con los dos espectros y la señora el odre con vino fresco. “¿Y Al Rachid qué dice de las críticas”, preguntó.
- Dijo que estaba molesto con un diario porque criticaba algunas de sus decisiones y de sus acciones. “Durante estos cuatro años y medio de gestión, todo lo que hice está mal según LA GACETA. No hice una cosa buena como gobernador. Si yo me dejase llevar por esto tendría que dejar el gobierno e irme. Creo que a la gente común le interesa más que yo dé empleo, que traiga industrias, que dé agua potable, cloacas y pavimento”, afirmó... A su proyecto de enajenación y demolición, su vicejeque pedía propuestas superadoras.
Scheherezade inquirió: “¿la gente común es aquella a la que no le interesa conservar su patrimonio histórico? ¿El es un monarca común que reina para gente común? ¿Y los otros son “no comunes” porque defienden lo que es del pueblo? ¿Por qué la gente común no sabe que lo que se quiere enajenar también les pertenece?”
Se produjo un silencio. “Víctima y victimario...”, murmuró el rey. “No entiendo”, respondió la señora. Shahriyar dijo:
- Cuando el victimario no admite sus errores ni las críticas, se pone en el papel de víctima: “Yo, que me esfuerzo por todos ustedes, que quiero lo mejor, que trabajo duramente y meto los pies en el barro, no me entienden y me critican. Son una minoría. Pero como soy bueno y mis intenciones también lo son, seguiré adelante contra viento y marea...” Es una estrategia, característica de los poderosos o de los que pretenden ingresar a la historia por propia decisión.
El arquitecto belga Alberto Pelsmaekers, el ingeniero Domingo Selva, que habían salido de sus tumbas, y La Libertad se quedaron pensativos. Shahriyar se despidió: “Decidle a vuestro monarca que cuando el infierno son los que critican, el paraíso no es uno mismo”.

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