El servicio deficiente de los ómnibus rurales

15 Enero 2008
Los griegos solían decir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Los tucumanos, en particular, les damos a menudo la razón. Las tragedias deberían servir de un aprendizaje ejemplar; sin embargo, una vez pasada la conmoción y tras las promesas de cambio, de trabajar a fondo en la prevención y en la aplicación de la ley a rajatabla, todo parece diluirse en expresiones de deseo. Basta recordar que el 15 de setiembre de 2002, 49 tucumanos murieron cuando el ómnibus en el que viajaban se desbarrancó en la Cuesta del Totoral, en Catamarca, durante el viaje de regreso a Concepción después de haber visitado la imagen de la Virgen del Valle. Se trataba de un colectivo que no reunía las condiciones técnicas básicas para salir a la ruta y menos, con exceso de pasajeros.
En nuestra edición de ayer, dedicamos un amplio espacio al deficiente servicio de ómnibus que padecen diariamente los tucumanos que viven en el interior de la provincia. Si bien en determinadas zonas no se registran mayores reclamos de los usuarios, en otras, como en el este de Tucumán, estos se quejan por el mal estado de muchos vehículos: ventanillas que no se abren, unidades que se quedan en el camino, y en consecuencia, los pasajeros llegan tarde a su destino, y lo que es más preocupante aún, es que la gente viaja parada y hacinada, y también colgada de la puerta. Una mujer que realiza el trayecto desde Concepción hacia la capital, señaló: “para no viajar como animales porque, a veces, llevan hasta 40 personas paradas y pasamos el puesto de seguridad vial sin que nadie diga nada, preferimos viajar en autos rurales”.
Mientras los pasajeros afirman que la Policía Vial no controla los ómnibus interurbanos del oeste y del sur, ni los de la zona este, que están a cargo de inspectores de la Dirección de Transporte, las autoridades se defienden; y lo más insólito es que el director de Transporte de la Provincia involucró en la responsabilidad que le compete a los pasajeros. En su justificación, señaló que se intima a los empresarios del rubro y les aplican multas que van desde los $ 500 cuando corresponde. Indicó que diariamente inspectores de su repartición controlan los horarios de salida en la terminal, pero nada dijo del estado en que se hallan los colectivos y si estos reúnen los requisitos básicos para que puedan circular por una ruta. Agregó que estos problemas también son responsabilidad de las empresas y de los pasajeros.
Un oficial de la Policía Vial brindó una versión diferente de las obligaciones que le compete a cada área. Respecto del exceso de pasajeros, señaló que no realizan el control porque sólo deben ocuparse de los vehículos particulares, de los autos rurales y del traslado de cosecheros, y aclaró que la inspección de los colectivos depende de la Dirección de Transporte. A su vez, el funcionario de Transporte afirmó que es la Policía la que tiene la obligación de controlar a todos los vehículos, sean de cosecheros o de pasajeros.
Mientras esta discusión entre ambos sectores puede llevar días y tal vez meses, cientos de comprovincianos seguirán viajando hacinados y con el corazón en la boca. Si los controles se efectuaran como dicta la ley, se estaría contribuyendo a la prevención y se acotaría notablemente el margen de posibles accidentes viales. La tragedia de la Cuesta del Totoral, donde murieron 49 personas -la mayoría, oriunda de Concepción-, es considerada por los expertos una de las peores sucedidas en las rutas argentinas. Han transcurrido más de cinco años desde ese luctuoso episodio, y los controles rigurosos siguen sin efectuarse como corresponde. ¿Habrá que lamentar nuevas muertes para que ello suceda?

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