15 Enero 2008 Seguir en 
Bruselas.- Son azules, llevan gorros blancos y valen oro. Casi cualquier niño conoce a los Pitufos. La serie se emite en televisión desde hace décadas. En los años 80, se desató en todo el mundo una verdadera "pitufomanía". Los enanitos azules no faltaban entonces en ninguna habitación infantil.
Ahora los Pitufos cumplen 50 años. Pero de envejecimiento no hay rastro alguno. Actualmente, hay niños siguiendo las aventuras de los Pitufos por televisión en más de 30 países. Hoy saldrá a la venta un nuevo libro en francés. Y, además, este año llegará a los cines una nueva película con tecnología 3-D sobre la vida de los enanitos azules.
En octubre de 1958, los Pitufos aparecieron por primera vez como personajes secundarios en el cómic "Johan y Pirluit". Los lectores quedaron muy entusiasmados con estos alegres gnomos. Le siguieron varias apariciones más hasta que su inventor belga Pierre Culliford, alias Peyo, les dedicó directamente una serie propia. "Peyo nunca se hubiera imaginado que los Pitufos se convertirían en semejante éxito", señaló su hijo Thierry Culliford.
Con la película "Los pitufos y la flauta mágica" comenzó en 1975 una cruzada triunfal por todo el mundo. En los años 80, le siguió la serie de televisión con unos 270 episodios, varios de ellos distinguidos con premios Emmy. En aquel entonces, los padres tenían miedo de que sus hijos no aprendieran a hablar y a escribir bien si leían cómics. Peyo amplió, sin embargo el vocabulario de sus lectores con la palabra pitufo ("schtroumpf", en el original francés). El nombre se le ocurrió por casualidad. Durante una comida, el autor de cómic le quería pedir a un colega que le pasara la sal. Pero no se le ocurrió la palabra sal y entonces simplemente dijo "schtroumpf". En otras lenguas, la curiosa palabreja se convirtió en "I Puffi" (italiano), "Los Pitufos" (español) o "Strumparnir" (islandés). Hasta su muerte en 1992, Peyo trabajó incansablemente en nuevos dibujos, escenas para su serie. Por eso, había épocas en que su familia apenas lo veía. "Nunca quiso delegar nada. Hacía todo él mismo", relata su viuda Nine Culliford. Ella es la que sigue adelante con su obra junto con su hijo y su hija. Thierry recuerda sobre todo una anécdota que muestra lo importantes que eran estos pequeños seres para Peyo. Un día una niña le preguntó: "Señor Peyo, ¿realmente existen los Pitufos?" A lo que él respondió: "Claro, por supuesto". Pero lo real es que estos pequeños gnomos siguen siendo una mina de oro. Con artículos de los Pitufos se facturaron hasta ahora en todo el mundo 5.000 millones de dólares. (DPA)
Ahora los Pitufos cumplen 50 años. Pero de envejecimiento no hay rastro alguno. Actualmente, hay niños siguiendo las aventuras de los Pitufos por televisión en más de 30 países. Hoy saldrá a la venta un nuevo libro en francés. Y, además, este año llegará a los cines una nueva película con tecnología 3-D sobre la vida de los enanitos azules.
En octubre de 1958, los Pitufos aparecieron por primera vez como personajes secundarios en el cómic "Johan y Pirluit". Los lectores quedaron muy entusiasmados con estos alegres gnomos. Le siguieron varias apariciones más hasta que su inventor belga Pierre Culliford, alias Peyo, les dedicó directamente una serie propia. "Peyo nunca se hubiera imaginado que los Pitufos se convertirían en semejante éxito", señaló su hijo Thierry Culliford.
Con la película "Los pitufos y la flauta mágica" comenzó en 1975 una cruzada triunfal por todo el mundo. En los años 80, le siguió la serie de televisión con unos 270 episodios, varios de ellos distinguidos con premios Emmy. En aquel entonces, los padres tenían miedo de que sus hijos no aprendieran a hablar y a escribir bien si leían cómics. Peyo amplió, sin embargo el vocabulario de sus lectores con la palabra pitufo ("schtroumpf", en el original francés). El nombre se le ocurrió por casualidad. Durante una comida, el autor de cómic le quería pedir a un colega que le pasara la sal. Pero no se le ocurrió la palabra sal y entonces simplemente dijo "schtroumpf". En otras lenguas, la curiosa palabreja se convirtió en "I Puffi" (italiano), "Los Pitufos" (español) o "Strumparnir" (islandés). Hasta su muerte en 1992, Peyo trabajó incansablemente en nuevos dibujos, escenas para su serie. Por eso, había épocas en que su familia apenas lo veía. "Nunca quiso delegar nada. Hacía todo él mismo", relata su viuda Nine Culliford. Ella es la que sigue adelante con su obra junto con su hijo y su hija. Thierry recuerda sobre todo una anécdota que muestra lo importantes que eran estos pequeños seres para Peyo. Un día una niña le preguntó: "Señor Peyo, ¿realmente existen los Pitufos?" A lo que él respondió: "Claro, por supuesto". Pero lo real es que estos pequeños gnomos siguen siendo una mina de oro. Con artículos de los Pitufos se facturaron hasta ahora en todo el mundo 5.000 millones de dólares. (DPA)







