04 Diciembre 2002 Seguir en 
La violencia del accidente hacía presagiar lo peor. Los gritos de la gente atrapada en el interior del ómnibus no daban muchas esperanzas. Pero afortunadamente sólo hubo ocho heridos leves, aunque la mayoría de las víctimas sufrió crisis de nervios por la experiencia. El vuelco de un ómnibus en la esquina de Floresta cambió la fisonomía de la zona durante horas.
El hecho ocurrió a las 18.30. Por Ejército del Norte, Diego Alejandro Gómez conducía de norte a sur el interno 2 de la línea 18, chapa DGE-883. Iba con por lo menos 18 pasajeros. El joven aseguró que el semáforo de Mate de Luna estaba en verde, y que por eso él pasó tranquilo. De oeste a este, Ricardo Ismael Alvarez, manejaba el ómnibus Mercedes Benz, patente RYI-427, de la empresa Viento Norte. Este vehículo habría sufrido un problema mecánico.
"Cuando quise frenar, antes de pasar la esquina, el pedal se puso duro. Y seguí de largo", afirmó. El ómnibus de Alvarez tocó la parte de atrás del de Gómez, y lo desestabilizó. El chofer de la 18 habría tratado de controlarlo, pero ya no había modo. El vehículo se fue de costado y, antes de caer al piso, ya sobre avenida Colón, se llevó por delante al ciclista Fernando Gerardo Gutiérrez, de 24 años, y aplastó el frente de la trafic que manejaba Mauro Javier Ruiz.
"Parecía una película. El ómnibus iba de costado, hasta que cayó pesadamente. Hizo un ruido terrible y la gente gritaba. Para colmo, los vidrios del ómnibus son durísimos. No podíamos romperlos para sacar a los pasajeros", contó José Rivadeneira, quien limpia parabrisas en esa esquina. Todos corrieron para ayudar: automovilistas, empleados de las estaciones de servicio que hay en la zona, vecinos, curiosos. Se vivieron entonces los momentos de mayor angustia, cuando entre todos trataban de sacar a los pasajeros del ómnibus.
Dramático momento
"Lo único que me acuerdo es que estaba parado y después se me dio vuelta el mundo. Aparecí tirado sobre una mujer, lleno de vidrios", relató Domingo Arana, uno de los pasajeros. El hombre regresaba de su trabajo, en un almacén. "Había varios chicos que estaban llorando, pero era más por el susto que por otra cosa. Todos nos asustamos mucho", dijo. Pedro Faracelli afirmó que nació de nuevo. "Me di un golpe muy fuerte en la cabeza, y no sé cómo no me desmayé. Como pude me paré y traté de ayudar a los otros a salir. Estábamos todos aturdidos", indicó el hombre, quien además se había lastimado un pie.
A los pocos minutos apareció personal de la seccional 3ª, al mando del subcomisario Juan Alberto Salvatierra, y se ocupó de los heridos. Estos fueron trasladados en ambulancias hasta el Hospital Padilla. Allí se vivieron también momentos de tensión ya que los familiares de los heridos llegaban sin saber bien lo que había pasado, y pensaban lo peor. La zona del accidente se transformó en un caos vehicular. Los bomberos acordonaron el sector para realizar las pericias y no se pudo circular hasta la noche, ya que no había grúas para levantar al ómnibus. "Esta es una esquina peligrosa, por más que haya semáforos. Parece que estuvieran corriendo carreras", afirmó el vecino Miguel López.
El hecho ocurrió a las 18.30. Por Ejército del Norte, Diego Alejandro Gómez conducía de norte a sur el interno 2 de la línea 18, chapa DGE-883. Iba con por lo menos 18 pasajeros. El joven aseguró que el semáforo de Mate de Luna estaba en verde, y que por eso él pasó tranquilo. De oeste a este, Ricardo Ismael Alvarez, manejaba el ómnibus Mercedes Benz, patente RYI-427, de la empresa Viento Norte. Este vehículo habría sufrido un problema mecánico.
"Cuando quise frenar, antes de pasar la esquina, el pedal se puso duro. Y seguí de largo", afirmó. El ómnibus de Alvarez tocó la parte de atrás del de Gómez, y lo desestabilizó. El chofer de la 18 habría tratado de controlarlo, pero ya no había modo. El vehículo se fue de costado y, antes de caer al piso, ya sobre avenida Colón, se llevó por delante al ciclista Fernando Gerardo Gutiérrez, de 24 años, y aplastó el frente de la trafic que manejaba Mauro Javier Ruiz.
"Parecía una película. El ómnibus iba de costado, hasta que cayó pesadamente. Hizo un ruido terrible y la gente gritaba. Para colmo, los vidrios del ómnibus son durísimos. No podíamos romperlos para sacar a los pasajeros", contó José Rivadeneira, quien limpia parabrisas en esa esquina. Todos corrieron para ayudar: automovilistas, empleados de las estaciones de servicio que hay en la zona, vecinos, curiosos. Se vivieron entonces los momentos de mayor angustia, cuando entre todos trataban de sacar a los pasajeros del ómnibus.
Dramático momento
"Lo único que me acuerdo es que estaba parado y después se me dio vuelta el mundo. Aparecí tirado sobre una mujer, lleno de vidrios", relató Domingo Arana, uno de los pasajeros. El hombre regresaba de su trabajo, en un almacén. "Había varios chicos que estaban llorando, pero era más por el susto que por otra cosa. Todos nos asustamos mucho", dijo. Pedro Faracelli afirmó que nació de nuevo. "Me di un golpe muy fuerte en la cabeza, y no sé cómo no me desmayé. Como pude me paré y traté de ayudar a los otros a salir. Estábamos todos aturdidos", indicó el hombre, quien además se había lastimado un pie.
A los pocos minutos apareció personal de la seccional 3ª, al mando del subcomisario Juan Alberto Salvatierra, y se ocupó de los heridos. Estos fueron trasladados en ambulancias hasta el Hospital Padilla. Allí se vivieron también momentos de tensión ya que los familiares de los heridos llegaban sin saber bien lo que había pasado, y pensaban lo peor. La zona del accidente se transformó en un caos vehicular. Los bomberos acordonaron el sector para realizar las pericias y no se pudo circular hasta la noche, ya que no había grúas para levantar al ómnibus. "Esta es una esquina peligrosa, por más que haya semáforos. Parece que estuvieran corriendo carreras", afirmó el vecino Miguel López.
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