Reina del glamour
Gisselle Fuentes Lajud se ubicó entre las finalistas de un certamen internacional desarrollado en Malasia. La joven tucumana que está recorriendo el mundo, representando al país en festivales de belleza, le contó a LA GACETA que prefiere esperar que el futuro la sorprenda. Fiestas lejos de casa.
14 Enero 2008 Seguir en 
La joven tucumana de 25 años, Gisselle Fuentes Lajud volvió a ubicarse entre las más bellas del mundo en un certamen internacional. Esta vez fue en Malasia, donde quedó como finalista del concurso, y obtuvo el premio Miss Glamour. Desde que inició su carrera, Gisselle no detuvo su crecimiento y así llegó a competir en cinco concursos internacionales, en los que siempre obtuvo buenas puntuaciones, premios y menciones especiales. En una entrevista con LA GACETA, contó cómo fue esta nueva experiencia y qué le depara el futuro en el modelaje internacional.
Para ser reina no alcanza con una cara bonita, dijo Gisselle
"El futuro debe ser una sorpresa; no creo que haya que planificar todo minuciosamente sino que hay que estar siempre dispuesta y preparada para lo que puede venir". Lo que dice la modelo tucumana Gisselle Fuentes Lajud no es un derroche de optimismo o de imprevisibilidad, sino una de las enseñanzas que le dejaron los cinco concursos internaciones de belleza en los que participó. Del último de ellos, en Malasia, trajo como premio el ser la nueva Miss Glamour, y el hecho de haber estado en el top ten (la final) del certamen Miss Tourism Metropolitan.
"Además de que el concurso es súper importante, es hermoso poder conocer esos lugares y a tanta gente", evalúa.
El 31 de diciembre, durante una cena con 2.000 personas, en un hotel cinco estrellas de Malasia, Gisselle fue coronada, después de más de 20 días de un concurso en el que participaron 40 representantes de igual número de países.
Durante ese tiempo, de 8 a 23, todos los días, las chicas tuvieron que pasar por ensayos y por distintas etapas, en las que el jurado internacional de nueve miembros las fue observando. "Se fijan en cómo comés, en cómo aplaudís cuando vas a un espectáculo... todo", cuenta mordiéndose levemente el labio inferior, dando a entender que no se trata sólo de tener una cara y un cuerpo bonito.
La gala final fue puro glamour, explica, y allí las 40 concursantes tuvieron que desarrollar cinco coreografías distintas. Y ella quedó entre las 10 primeras, lo que representa todo un logro en su carrera.
Gisselle parece de otro mundo. Elogia sin dudarlo a la ganadora del concurso ("una ucraniana re bonita", dice), y cuenta que en esa especie de reality show en el que vive en cada concurso, hace muy buenas amigas. "Hay competencia, pero nada de hacer maldades como romperle el taco a otra chica porque es linda", explica sonriendo con picardía.
Durante la entrevista con LA GACETA, Gisselle recordó el título que llevó la última nota que le hizo nuestro diario: "Al glamour lo dejo en la pasarela". Y se ruboriza un poco.
"Fue súper gracioso ese título, porque es así, tal cual. Una prueba es que me arreglo y me preparo para desfilar, pero voy al súper con chatitas en los pies...", comenta y sonríe, con delicadeza.
Por las dudas, inmediatamente aclara que la que sube a la pasarela no es un personaje, sino ella misma asumiendo otro rol. "Soy yo, y soy así", afirma.
La propuesta de Gisselle de no estar pendiente del futuro ni de los próximos desafíos que deberá enfrentar (no especifica cuáles, porque no quiere sentir grandes frustraciones si no se concretan), no implica que se quede quieta hasta ese momento.
"Me tengo que preparar todo el tiempo, tanto física como culturalmente, porque cuando te evalúan no se fijan sólo en el cuerpo o el rostro, sino en tus conocimientos de cultura general, de la historia de tu país, de la actualidad y varias cosas más", señala.
Parte del trabajo, aunque parezca raro, es conocer el lugar en el que está concursando. Y ella quedó maravillada con la multiculturalidad de Malasia, donde conviven tres grandes grupos étnicos: malayos, hindúes y chinos, con sus diferentes religiones, costumbres y arquitecturas. "Es increíble, muy lindo, con un clima tropical de ensueño", dice.
Después de haber pasado Navidad y Año Nuevo lejos de casa y de los suyos, quiere tomarse un descanso, reencontrarse con sus amigas (mantiene las relaciones que hizo en el jardín de infantes, a las que les sumó otras nuevas).
Cuando Gisselle recuerda que pasó Navidad en Malasia, admite que fue lo más duro que le pasó. "Estoy acostumbrada a estar con mi familia, a ir a misa y a saludar a mis amigos...", dice.
Un premio especial
Ser Miss Glamour en Malasia implica, además de la banda y del trofeo que recibió, un regalo especial del sponsor de ese subtítulo: un conjunto de collar y aros de oro blanco con diamantes. Sucede que el patrocinador de ese premio es una joyería asiática de primer nivel, con 10 sucursales (la décima fue inaugurada por la tucumana). Además, ya hizo las fotos del catálogo de la cadena.
Para ser reina no alcanza con una cara bonita, dijo Gisselle
"El futuro debe ser una sorpresa; no creo que haya que planificar todo minuciosamente sino que hay que estar siempre dispuesta y preparada para lo que puede venir". Lo que dice la modelo tucumana Gisselle Fuentes Lajud no es un derroche de optimismo o de imprevisibilidad, sino una de las enseñanzas que le dejaron los cinco concursos internaciones de belleza en los que participó. Del último de ellos, en Malasia, trajo como premio el ser la nueva Miss Glamour, y el hecho de haber estado en el top ten (la final) del certamen Miss Tourism Metropolitan.
"Además de que el concurso es súper importante, es hermoso poder conocer esos lugares y a tanta gente", evalúa.
El 31 de diciembre, durante una cena con 2.000 personas, en un hotel cinco estrellas de Malasia, Gisselle fue coronada, después de más de 20 días de un concurso en el que participaron 40 representantes de igual número de países.
Durante ese tiempo, de 8 a 23, todos los días, las chicas tuvieron que pasar por ensayos y por distintas etapas, en las que el jurado internacional de nueve miembros las fue observando. "Se fijan en cómo comés, en cómo aplaudís cuando vas a un espectáculo... todo", cuenta mordiéndose levemente el labio inferior, dando a entender que no se trata sólo de tener una cara y un cuerpo bonito.
La gala final fue puro glamour, explica, y allí las 40 concursantes tuvieron que desarrollar cinco coreografías distintas. Y ella quedó entre las 10 primeras, lo que representa todo un logro en su carrera.
Gisselle parece de otro mundo. Elogia sin dudarlo a la ganadora del concurso ("una ucraniana re bonita", dice), y cuenta que en esa especie de reality show en el que vive en cada concurso, hace muy buenas amigas. "Hay competencia, pero nada de hacer maldades como romperle el taco a otra chica porque es linda", explica sonriendo con picardía.
Durante la entrevista con LA GACETA, Gisselle recordó el título que llevó la última nota que le hizo nuestro diario: "Al glamour lo dejo en la pasarela". Y se ruboriza un poco.
"Fue súper gracioso ese título, porque es así, tal cual. Una prueba es que me arreglo y me preparo para desfilar, pero voy al súper con chatitas en los pies...", comenta y sonríe, con delicadeza.
Por las dudas, inmediatamente aclara que la que sube a la pasarela no es un personaje, sino ella misma asumiendo otro rol. "Soy yo, y soy así", afirma.
La propuesta de Gisselle de no estar pendiente del futuro ni de los próximos desafíos que deberá enfrentar (no especifica cuáles, porque no quiere sentir grandes frustraciones si no se concretan), no implica que se quede quieta hasta ese momento.
"Me tengo que preparar todo el tiempo, tanto física como culturalmente, porque cuando te evalúan no se fijan sólo en el cuerpo o el rostro, sino en tus conocimientos de cultura general, de la historia de tu país, de la actualidad y varias cosas más", señala.
Parte del trabajo, aunque parezca raro, es conocer el lugar en el que está concursando. Y ella quedó maravillada con la multiculturalidad de Malasia, donde conviven tres grandes grupos étnicos: malayos, hindúes y chinos, con sus diferentes religiones, costumbres y arquitecturas. "Es increíble, muy lindo, con un clima tropical de ensueño", dice.
Después de haber pasado Navidad y Año Nuevo lejos de casa y de los suyos, quiere tomarse un descanso, reencontrarse con sus amigas (mantiene las relaciones que hizo en el jardín de infantes, a las que les sumó otras nuevas).
Cuando Gisselle recuerda que pasó Navidad en Malasia, admite que fue lo más duro que le pasó. "Estoy acostumbrada a estar con mi familia, a ir a misa y a saludar a mis amigos...", dice.
Un premio especial
Ser Miss Glamour en Malasia implica, además de la banda y del trofeo que recibió, un regalo especial del sponsor de ese subtítulo: un conjunto de collar y aros de oro blanco con diamantes. Sucede que el patrocinador de ese premio es una joyería asiática de primer nivel, con 10 sucursales (la décima fue inaugurada por la tucumana). Además, ya hizo las fotos del catálogo de la cadena.







