11 Enero 2008 Seguir en 
“En los nueve años que llevo trabajando sólo dos veces tuve la oportunidad de estar en blanco”, comenta Jéssica, encargada de un local de comidas rápidas. “Ahora estoy conforme: me pagan de acuerdo con el convenio y me hacen los aportes correspondientes, pero cuando trabajaba en un bar de El Abasto estaba en negro y las condiciones laborales eran pésimas. Muy pocos empleados de esa zona están registrados”, comenta. La joven trabajó en una de las panaderías más importantes de la provincia. “Cada vez que había una inspección de la Secretaría de Trabajo los sacaban por una casa que queda al lado del local hasta que concluyera la revisión. Hay que ser muy ingenuo para pensar que esa panadería trabaja con 10 empleados”, dice.
Carolina trabajó en negro como recepcionista de un hostel durante un año y medio, hasta que su jefe, por temor a las anunciadas inspecciones de la Secretaría de Trabajo, decidió regularizar su situación. “Cuando comencé, me aclararon que no tendría beneficios. Pero acepté porque necesitaba el empleo y la experiencia laboral. En todas las entrevistas de trabajo a las que asistí me pedían un mínimo de dos años de experiencia que yo no tenía”, explicó.
Luis es empleado en una gomería de esta ciudad. Cuando comenzó a trabajar, hace más de un año, se le había prometido que al cabo de dos meses se procedería a registrarlo. Sin embargo, continúa trabajando 12 horas, de lunes a viernes, y cinco horas los días sábados, sin los correspondientes aportes previsionales. “Soy casado y tengo dos hijos, de seis y dos años cada uno. Esta situación me perjudica mucho, porque no tengo obra social y ningún tipo de beneficio. He conversado con mi esposa sobre la posibilidad de denunciar las irregularidades a las autoridades, pero tengo miedo a perder el empleo. Conozco casos en los que, después de la denuncia, muchos compañeros fueron despedidos; y yo no puedo darme el lujo de quedarme en la calle, teniendo una familia que mantener”, dijo.
Muchos jóvenes se encuentran presionados por la necesidad de avanzar en la carrera universitaria. Es el caso de Natalia, de 27 años, que trabaja en negro en un estudio jurídico desde hace dos años. “Estuve un año y medio buscando trabajo, y se me dio esta oportunidad, no podía rechazarla. Estoy medio día como secretaria, de lunes a viernes, por $ 400 y aguinaldo. Por supuesto, no me pagan vacaciones”, contó. “Trabajo en negro para cobrar un poco más, porque, si hacen los aportes, me pagarían incluso menos. Y, además, porque tengo gastos básicos, como servicios, comida, y cospeles; obviamente, para lujos no me alcanza”, asegura la joven. Natalia afirmó que es consciente de que pierde años de aportes para su jubilación, pero dijo que no puede postergar las necesidades económicas. “Me gustaría llegar a los 30 años con un trabajo en blanco”, se esperanzó.
Pablo Sosa tuvo su primera experiencia laboral como encuestador. “Muchas veces tuve que trabajar en zonas muy peligrosas de la ciudad, sin seguro ni obra social”, afirmó el joven.
Carolina trabajó en negro como recepcionista de un hostel durante un año y medio, hasta que su jefe, por temor a las anunciadas inspecciones de la Secretaría de Trabajo, decidió regularizar su situación. “Cuando comencé, me aclararon que no tendría beneficios. Pero acepté porque necesitaba el empleo y la experiencia laboral. En todas las entrevistas de trabajo a las que asistí me pedían un mínimo de dos años de experiencia que yo no tenía”, explicó.
Luis es empleado en una gomería de esta ciudad. Cuando comenzó a trabajar, hace más de un año, se le había prometido que al cabo de dos meses se procedería a registrarlo. Sin embargo, continúa trabajando 12 horas, de lunes a viernes, y cinco horas los días sábados, sin los correspondientes aportes previsionales. “Soy casado y tengo dos hijos, de seis y dos años cada uno. Esta situación me perjudica mucho, porque no tengo obra social y ningún tipo de beneficio. He conversado con mi esposa sobre la posibilidad de denunciar las irregularidades a las autoridades, pero tengo miedo a perder el empleo. Conozco casos en los que, después de la denuncia, muchos compañeros fueron despedidos; y yo no puedo darme el lujo de quedarme en la calle, teniendo una familia que mantener”, dijo.
Muchos jóvenes se encuentran presionados por la necesidad de avanzar en la carrera universitaria. Es el caso de Natalia, de 27 años, que trabaja en negro en un estudio jurídico desde hace dos años. “Estuve un año y medio buscando trabajo, y se me dio esta oportunidad, no podía rechazarla. Estoy medio día como secretaria, de lunes a viernes, por $ 400 y aguinaldo. Por supuesto, no me pagan vacaciones”, contó. “Trabajo en negro para cobrar un poco más, porque, si hacen los aportes, me pagarían incluso menos. Y, además, porque tengo gastos básicos, como servicios, comida, y cospeles; obviamente, para lujos no me alcanza”, asegura la joven. Natalia afirmó que es consciente de que pierde años de aportes para su jubilación, pero dijo que no puede postergar las necesidades económicas. “Me gustaría llegar a los 30 años con un trabajo en blanco”, se esperanzó.
Pablo Sosa tuvo su primera experiencia laboral como encuestador. “Muchas veces tuve que trabajar en zonas muy peligrosas de la ciudad, sin seguro ni obra social”, afirmó el joven.









