Entre el humanitarismo y la política

El reclamo del diputado nacional José García Hamilton, de que el Gobierno pida a Cuba por la liberación de Hilda Molina generará algunos escozores. Por Angel Anaya - Columnista.

29 Diciembre 2007
BUENOS AIRES.- En la jornada internacional tan conmovedora donde, como apunta CFK, la violencia de género exhibe una inédita competencia de perversiones, se mezclaron hechos y circunstancias que opacaron la agenda conflictiva nacional de las últimas semanas. Especialmente lo político, donde son muy pocos los que miden con realismo esos hechos en los que el país es parte en buena proporción. La delegación a la selva colombiana del ex presidente Kirchner es seguramente la circunstancia con mayor eco y más propensa a ser  manipulada como un acto político, antes que en su verdadera dimensión humanitaria. Incluso, se la llegó a cruzar con el escándalo de la valija y como acto de identificación con Chávez. Esa oposición tenaz, hija natural en muy buena parte de la incomunicación presidencialista, con muy raras excepciones, prefiere aislarse y guardar silencio. Por cierto que, el caso de las FARC, muestra sus ribetes grotescos y hasta cínicos cuando, por ejemplo, aparece la Cuba castrista sumándose a la “operación rescate”, pero ignorando su propia conducta con la doctora Hilda Molina y su madre, virtuales secuestradas en la isla, sin poder reunirse con su familia en Buenos Aires. Kirchner fracasó aquella vez en su intento y después solo hubo un prolongado silencio. El diputado José García Hamilton (UCR) acaba de rescatar ese hecho, sugiriendo a CFK, que promueva otra movilización internacional, pero seguramente esa alternativa provocaría escándalo en el esquema bolivariano.
La sugerencia del legislador radical es oportuna, sabedor seguramente de que seguirá el silencio en la Casa Rosada, pero adolece del pertinaz virus que inhabilita a la oposición, desde al reinado kirchnerista que pendulea en la región: incapacidad de actuar solidariamente en causas conjuntas como los rescates colombiano y somalí, sin necesidad de que el Gobierno asuma la vanguardia. Ese abstencionismo y consiguiente incapacidad de nuestra dispersa dirigencia política le ha impedido, hasta ahora, configurar, no una alianza para alcanzar el poder, sino proyectos o iniciativas no ideológicas consecuentes con la historia y la idiosincrasia nacional. Todas las razones invocadas para contribuir al rescate en la selva colombiana siguen siendo válidas y tienen suficiente entidad como las Madres de la Plaza de Mayo o las Damas de Blanco que se reúnen en La Habana.  Esos episodios, que conmueven a la humanidad y que hasta nos afectan de manera directa, han servido, de alguna manera, para alertar nuevamente sobre la percepción relativa que la oposición representativa tiene de su poder como poderoso instrumento democrático. Tan solo bastaría un proyecto conjunto de declaración parlamentaria para poner en evidencia en cuál realidad o intereses se encuentran los sedicentes apóstoles de los derechos humanos. (De nuestra Sucursal)

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