Augurios de un diálogo fluido

La Presidenta ofrecería un mensaje por TV para Navidad o para Año Nuevo, una costumbre que su marido había dejado de lado. Por Guillermo Villarreal - Columnista Agencia DyN.

23 Diciembre 2007
La audiencia que Cristina Fernández concedió a la comisión ejecutiva del Episcopado encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio fue, por extensión y definiciones, algo más que protocolar, y significó el primer paso para recomponer la compleja relación Iglesia-Gobierno.
Pero no fue la única resultante de la reunión amable y cordial de 40 minutos en la Casa Rosada. Hubo otras, y no de menor cuantía en la coyuntura. Tal vez, logros tanto o más importantes que las coincidencias sobre calidad educativa o inclusión social de los argentinos, o la falta de certeza sobre si la primera mandataria invitó a los obispos a participar de la concertación que propicia.
El encuentro distrajo, de por sí, la atención pública sobre dos escándalos mediáticos que sacuden, en mayor o menor medida y por separado, tanto al seno de la Iglesia como del Gobierno.
La Presidenta logró descomprimir así la presión sobre el Gobierno por el caso de la valija con U$S 800.000 decomisados, que se presupone pertenecían a la petrolera estatal venezolana y tenían como destino su propia campaña electoral. Pero no tanto como para evitar que crecieran las versiones en cuanto a que el ciudadano venezolano-estadounidense Guido Antonini Wilson, investigado por esa maniobra, participó de una reunión "informal" con funcionarios en la Casa Rosada.
En tanto, al Episcopado le permitió sacar de escena la pelea verbal entre el obispo de Puerto Iguazú, Marcelo Martorell, y su antecesor, Joaquín Piña, por el manejo irregular de fondos de Cáritas y la Pastoral Social diocesana.
"Esto le hace muy mal a la imagen de la Iglesia", dijo a DyN una fuente eclesiástica, que transmitió la preocupación que la pelea entre pares provocó en los obispos. A tal punto que la misma fuente religiosa reconoció que el tema fue motivo de análisis en la última reunión de la Comisión Permanente, que sesionó los días 11 y 12 de diciembre en Buenos Aires. En esa ocasión, la veintena de prelados evaluó las cartas que Martorell y Piña elevaron al Episcopado. Una denunciando un "desfalco descomunal" por parte de colaboradores del obispo emérito, a quienes acusó de "malversar fondos para hacer política en la última campaña electoral", y otra negando todas las imputaciones y con advertencias sobre una denuncia ante la Justicia por calumnias e injurias.
Más allá de estos efectos colaterales, la audiencia marcó el inicio de una nueva etapa y el augurio -según la lectura que hicieron las partes- de un diálogo fluido y provechoso.
Esa primera señal de acercamiento no tiene a priori una agenda establecida, aunque se da por hecho que la primera cuestión a resolver será la designación del obispo castrense, congelada en abril de 2007 tras la renuncia formal al cargo por edad de monseñor Antonio Baseotto.
Recién entonces quedó vacante la sede, a pesar de que en marzo de 2005 Néstor Kirchner echó y pidió su remoción al Vaticano por utilizar la alegoría bíblica de tirar al mar a quienes escandalicen para criticar la política sanitaria del ministro Ginés González García. Desde entonces nada fue igual; inclusive la entonces primera dama alentó la idea de disolver el obispado castrense, todavía en estudio.
Ahora el escenario es otro y Cristina Fernández prepara, en forma reservada y todavía sin confirmación oficial, lo que sería otra señal auspiciosa hacia la Iglesia. Prevé ofrecer -revelaron fuentes gubernamentales- un mensaje de Navidad o bien de fin de año por televisión, una tradición que su marido cortó tras asumir el Gobierno.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios