La crisis del diálogo social
La antipolítica se ha metido con saña en la sociedad y hace difícil la convivencia. El periodismo amarillo martilla y roba la paz. El secreto es más poderoso que la palabra. Por Angel Anaya, columnista diario LA GACETA.
BUENOS AIRES.- La proximidad de las fiestas invita a reflexionar por qué cada día son menos las cosas que los argentinos celebran o meditan juntos. Acaso la antipolítica se ha metido con saña en la sociedad confundiendo sus sentimientos de tal forma que hace difícil la convivencia. Los hechos de violencia o desprecio por los demás han sido en muchas partes testimonios ineludibles. No así en Santa Fe, por ejemplo, donde los deudos y afectados por la violencia de la crisis de 2001, en lugar de enmascararse y destruir cuanto hallaron en su marcha, concurrieron en paz para recordar y pedir al gobernador Hermes Binner que se interese por las causas judiciales. Evidentemente, el saludo evangélico, "la paz sea con vosotros" parece de otro tiempo. El periodismo amarillo, especialmente el que martilla sin pausa en medios audiovisuales, parece en muchos casos una droga de pasiones que agobia al ser común y le roba la paz que merece su lucha por nobles intereses.La Navidad está llegando y lo hace sombríamente, acosada por la política menos constructiva y frente a la cual la esperanza aporta dudas más que ilusión. Y es también porque quienes tienen la responsabilidad de servir a la comunidad rara vez la cumplen o no lo hacen con la dignidad de la función. Este país, o todos somos culpables, son expresiones comunes con las que tratamos de evadirnos de nuestras autocríticas individuales.
Un proyecto de todos
La intensa actividad que la Presidenta mantiene desde su investidura, tratando de evadirse de ese fenómeno de disociación, transcurre en un climax conflictivo que acosa su imagen institucional. CFK es el ícono testimonial de esa realidad argentina donde el porvenir se mide por instantes no siempre previsibles. Los cambios no parecen posibles porque el aparato heredado sólo funciona como fue armado. La soledad política es por ello extremada, pues los brazos del poder deben ser unipersonales para que funcione. Todas las decisiones se deciden y anuncian desde el atril mayor o del lugar más alejado, donde las autonomías son una ficción, y los colaboradores practican esa regla como un mandamiento de fe. El secreto es más poderoso que la palabra y para que no se lo viole o trascienda, no se lo analiza en reuniones de gabinete, tras las que siempre se filtraron hechos o circunstancias. Si un poder republicano autónomo -alguno hay a veces- no comparte, se convierte de inmediato en enemigo de ese modelo al que CFK está siendo sometida. La realidad, día a día y momento a momento, describe esa figura de gobierno y ni siquiera el perfil femenino, más propenso a la comunicación, logra contribuir a su transformación alentando la tolerancia y el consenso. El gran proyecto, ese que se pregona pero no termina de configurarse, es el de todos, mas para ello debe cambiar el modelo de poder que lo tiene cautivo. (De nuestra Sucursal)







