Para evitar incidentes fue custodiado por 12 uniformados

El acusado se mostró tranquilo mientras estuvo en un calabozo en la Alcaidía de Tribunales. Todavía tiene el brazo derecho enyesado. Pedía volver al Hospital Obarrio.

14 Diciembre 2007
La presencia de Pablo Antonio Amín convulsionó la sede de Tribunales en avenida Sarmiento al 400. Ante el temor que protagonizara un incidente, la Policía montó un gran operativo de seguridad para trasladarlo y custodiarlo hasta que regresara a prisión.
Más de 12 efectivos policiales lo escoltaron desde el penal de Villa Urquiza, donde se encuentra alojado desde el martes. La mayoría de los agentes lo escoltó cuando recorrió los 50 metros que separan los calabozos de Alcaidía y la fiscalía. Cuatro hombres lo vigilaron mientras se desarrollaba la audiencia con la fiscal Adriana Reinoso Cuello y otros tres fueron apostados a la puerta de la dependencia.
Iba vestido con pantalón gris, remera blanca y zapatillas, y tenía enyesada la mano derecha. Amín se fracturó los huesos de la mano cuando atacó a Arias.
“Estuvo muy tranquilo. Durante todo el tiempo que permaneció encerrado en el calabozo estaba con la mirada perdida. Sólo preguntaba cuándo lo iban a llevar”, aseguró uno de los uniformados que presta servicios en la Alcaidía de Tribunales.
La misma fuente indicó que no se mostró excitado ni enojado por haber estado encerrado. “Menos mal, porque es un hombre inmenso. Mide como dos metros y pesa más de cien kilos. El despliegue de policías se hizo para prevenir  algún incidente”, agregó.

En silencio
Los agentes que lo escoltaron hasta la Fiscalía reconocieron que a lo largo del trayecto sólo preguntó adónde lo llevaban. “Cuando le respondimos se quedó callado y no habló nunca más”, comentó un custodio.
Cuando estuvo con Reinoso Cuello, según confirmaron fuentes de Tribunales, se mostró tranquilo. “Teníamos temor de que sufriera una nueva crisis. Se puso un poquito nervioso cuando pedía volver al hospital Obarrio, pero sus defensores lo calmaron”, aseguró un empleado.
En Villa Urquiza Amín está alojado en el pabellón de mediana seguridad. Durante 23 horas consecutivas está dentro de una celda, y sólo dispone de una hora de recreo en uno de los patios. El homicida no recibe visitas, a excepción de sus abogados, ya que su madre y sus hermanos están viviendo actualmente en Córdoba.

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