Desgarradores testimonios sobre la muerte de Flores

Una testigo criticó la lenta reacción del personal del centro comercial. Podrían acusar a un médico por abandono de persona. "Sangre a borbotones".

INTENSO DOLOR. El estallido emocional de Isabel Flores forzó el cierre de la audiencia del juicio.
INTENSO DOLOR. El estallido emocional de Isabel Flores forzó el cierre de la audiencia del juicio.
28 Noviembre 2002
La presunta culpabilidad de Pío Hugo Brito en el crimen de Javier Eduardo Flores pasó ayer a un segundo plano. El debate estuvo centrado en la posibilidad de que la víctima se hubiera salvado si la atendían de urgencia, y en el papel que jugaron los empleados del Hipermercado Libertad -y la misma empresa- tras el violento episodio registrado el 18 de junio de 2000.
Flores, quien era jefe de sector del establecimiento comercial, fue apuñalado en el edificio,tras una discusión con Brito, quien era repositor de la propia firma.
"Le salían borbotones de sangre, estaba todo el piso manchado y nadie lo ayudaba. Yo pensé que había un criminal suelto acuchillando gente, y cuando vi a un guardia; este se preocupaba sólo porque limpiaran la sangre del piso", afirmó Marta Inés González, una mujer que ese día estaba haciendo las compras con su esposo Julio Frías y su bebé de dos meses.
Javier, al pasar a su lado, se apoyó en el cochecito de la nena, y luego en un mesón. Según la mujer, caminó solo hasta la puerta de la enfermería, donde se desplomó.
La pareja declaró que por los altoparlantes se pedía un médico, y que la ambulancia tardó 35 minutos en llegar. "El estaba ahí sentado, tratando de pararse, y los de seguridad me sacaron, en lugar de ayudarlo", agregó.
Según la investigación, Brito acuchilló a Javier por la espalda cuando este se disponía a denunciar ante sus superiores que lo había encontrado, junto a otros repositores, bebiendo en horario de trabajo. Aparentemente Brito caminó unos 150 metros hasta la carnicería, tomó un cuchillo de 35 centímetros y le salió al cruce a la víctima.
El carnicero Osvaldo Medrano reconoció el cuchillo secuestrado como el que él usaba y que desapareció ese día, puesto que el mango tenía una rotura que le permitió identificarlo. Con ello se terminó de aclarar que el arma usada en el homicidio es la que se le secuestró a Brito.
Otra declaración importante fue la de la enfermera Graciela del Valle Ojeda, quien aseguró que en octubre de 2001 fue obligada a renunciar. Dijo que recibió a Javier y que llamó a Emergencias para que enviaran una ambulancia, al tiempo que solicitó que se convocara a un médico por los altorparlantes, ya que estaba sola en la enfermería.
Un dato clave es que cuando llevaban en una camilla a Javier para trasladarlo a un hospital -en el auto de un cliente por la demora de la ambulancia- llegó el vehículo de Emergencias.
"Le dije al médico que lo llevara al sanatorio Parque, pero él dijo que lo iba a llevar al hospital Padilla porque se trataba de un homicidio", dijo la mujer.

Piden informes
Javier murió tres horas después del hecho, en el sanatorio indicado, puesto que en el Padilla sólo le hicieron una sutura superficial. Por ello, los querellantes Juan Robles y Mario Mirra pidieron que la empresa de emergencias informe quién era el médico, para analizar la posibilidad de acusarlo por abandono de persona. Los médicos del sanatorio, que operaron a Javier, afirmaron ayer que si hubiera recibido una buena atención durante los primeros minutos del episodio, podría haberse salvado. Hoy el tribunal terminaría de indagar a los testigos, y posiblemente mañana se conozca la sentencia.

La madre de la víctima pidió prisión perpetua


"No comprenden lo que es para una madre sepultar a su propia alma, lo que siente el alma al echar tierra sobre el cajón de su hijo...". La frase, como muchas otras, congeló el aire de la sala de audiencias. Isabel Gordoa de Flores, la madre de Javier, habló sin interrupciones durante casi 40 minutos, pidió la prisión perpetua para Pío Brito, al que llamó bestia y cobarde, y solicitó que vayan presos los médicos que atendieron en primera instancia a su hijo.
También acusó al Híper Libertad de haber abandonado a Javier, y dio una clase de ética. "Una cosa es vender la fuerza de trabajo, y otra la ética. Mi hijo nunca lo hizo, porque así lo educamos, con el ejemplo", explicó.
La mujer, que es directora de la escuela Reconquista de Yerba Buena, contó que ese día a las 17.45 la llamaron por teléfono desde el súper.

Instinto de madre
"Me dijeron que Javier estaba en el hospital Padilla porque se había golpeado la rodilla. No le creí, le pedí que me dijera la verdad y cortó. Fui con mi marido y mi hija de 8 años... le pedía al remisero que se apurara, porque sabía que algo le habían hecho", acotó.
La mujer contó lo ocurrido en el hospital. Dijo que allí había pedido que le hicieran una transfusión de sangre a Javier con sangre donada por ella, que lo operaran y trasladaran a un sanatorio. "En el pecho tenía el tensiómetro, que marcaba 6, y empecé a pedir que hicieran algo. Tenía una hemorragia interna... pero lo cosieron", agregó.

"La cara de la bestia"
"Yo quería conocer la cara de la bestia, que tuvo tiempo para meditar y se creyó Dios para quitarle la vida... es un animal que le negó espacio a la lengua y a la razón y usó la violencia", dijo Isabel de Flores mirando a Brito a los ojos. El imputado la miraba fijamente, sin inmutarse.Finalmente, la mujer, quien perdió dos hijos pequeños antes que Javier, afirmó estar orgullosa de ser su madre.
"Ganó Javier", dijo al salir de la sala de juicio. Los jueces decidieron suspender la audiencia ante el clima que generó su declaración.

Policías y vigilantes fueron imprecisos


Con muchas imprecisiones y algunas contradicciones, declararon ayer dos policías que intervinieron en el hecho. El oficial Walter Colombres afirmó haber llegado diez minutos después del hecho, y dijo que Javier ya había sido trasladado al hospital Padilla. Varios testigos afirmaron que la ambulancia tardó al menos media hora en llegar.
Colombres, quien trabajaba en la seccional 3ª, dijo que al llegar vio el piso manchado con sangre, cuando los testimonios coinciden en que fue limpiada inmediatamente. El informe del policía se basó, fundamentalmente, en los dichos del oficial Roque González, quien cubría servicios adicionales en el híper. El dijo haber visto cuando Javier Flores ingresaba a la enfermería en una camilla, situación que nadie más sostuvo. Señaló que no escuchó que llamaran por altoparlantes a un médico, y que supo quién era Pío Brito, al verlo entre varios repositores, por instinto. El vigilante privado José Alba dijo, por su parte, que cuando escuchó gritos tomó por atrás a Brito por instinto, y reconoció que no sabía si él era la víctima o el victimario, porque no había visto nada. Tanto Alba como González dijeron que se ocuparon de Brito y que se desentendieron de lo que le ocurría a Javier.

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