04 Septiembre 2007 Seguir en 
AL ANBAR, Irak.- Durante una sorpresiva visita a Irak, el presidente de EEUU, George W. Bush, reiteró ayer la posibilidad de una reducción de tropas en el país del Golfo, pero aseguró que esta no dependerá de reacciones nerviosas en Washington. No obstante, reconoció que el ritmo de los supuestos avances en materia de seguridad y de reordenamiento institucional en Irak es frustrante.
"Las tropas estadounidenses han ayudado a mejorar la situación de seguridad y ahora deben tener lugar progresos económicos y políticos", dijo ante 750 efectivos militares estadounidenses en la base de Al Assad, en la provincia occidental de Al Anbar. Allí, en compañía de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, del jefe del Pentágono, Robert Gates, y de otros funcionarios de seguridad, Bush mantuvo una reunión con los comandantes. En una página de Internet se difundió la noticia, no confirmada, de que rebeldes al oeste de Bagdad dispararon misiles contra el avión de Bush, aunque sin éxito.
Se fueron los británicos
La visita -la tercera desde la caída de Saddam Hussein a principios de 2003- tiene lugar a pocos días de que los jefes de la cúpula militar en Irak informen al Congreso en Washington sobre los avances de la situación y los resultados del reciente aumento de tropas. Además, mientras Bush pisaba tierra en Al Anbar, las tropas británicas completaban ayer su retirada de la ciudad portuaria de Basora, en el sur del país, que quedó ahora bajo control del Ejército iraquí.
La sorpresiva visita de Bush resultó ser bastante embarazosa para el gobierno del premier iraquí, Nuri al Maliki. Ayer designó nuevos funcionarios de su gabinete, pero no dijo ni una palabra sobre el visitante, lo que permite deducir que no sabía nada al respecto. Después de unas horas, Al Maliki y el presidente del país, el kurdo Jalal Talabani, se trasladaron a Al Assad para reunirse con Bush. Asimismo, casi nadie en la Casa Blanca estaba al tanto del tema, ya que la visita de Bush fue puesta bajo el rubro "asuntos de comando".
La escala de Bush en Al Anbar, en su viaje a Australia, no fue sólo una cuestión de seguridad. En esta provincia sunnita residen algunos de los más férreos enemigos del chiíta Al Maliki. Según analistas, Bush ya no confía en él y ve como nuevos amigos a los sunnitas, que solían ser enemigos por el hecho de pertenecer al entorno de Saddam. Según informes de prensa, Washington está dispuesto a brindar ayuda directa a los líderes sunnitas tribales si estos colaboran con los soldados estadounidenses en la caza de terroristas sunnitas de Al Qaeda. Al Anbar, con ciudades como Falluja y Ramadi, fue durante años el lugar más peligroso de Irak para las tropas estadounidenses. (DPA)
"Las tropas estadounidenses han ayudado a mejorar la situación de seguridad y ahora deben tener lugar progresos económicos y políticos", dijo ante 750 efectivos militares estadounidenses en la base de Al Assad, en la provincia occidental de Al Anbar. Allí, en compañía de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, del jefe del Pentágono, Robert Gates, y de otros funcionarios de seguridad, Bush mantuvo una reunión con los comandantes. En una página de Internet se difundió la noticia, no confirmada, de que rebeldes al oeste de Bagdad dispararon misiles contra el avión de Bush, aunque sin éxito.
Se fueron los británicos
La visita -la tercera desde la caída de Saddam Hussein a principios de 2003- tiene lugar a pocos días de que los jefes de la cúpula militar en Irak informen al Congreso en Washington sobre los avances de la situación y los resultados del reciente aumento de tropas. Además, mientras Bush pisaba tierra en Al Anbar, las tropas británicas completaban ayer su retirada de la ciudad portuaria de Basora, en el sur del país, que quedó ahora bajo control del Ejército iraquí.
La sorpresiva visita de Bush resultó ser bastante embarazosa para el gobierno del premier iraquí, Nuri al Maliki. Ayer designó nuevos funcionarios de su gabinete, pero no dijo ni una palabra sobre el visitante, lo que permite deducir que no sabía nada al respecto. Después de unas horas, Al Maliki y el presidente del país, el kurdo Jalal Talabani, se trasladaron a Al Assad para reunirse con Bush. Asimismo, casi nadie en la Casa Blanca estaba al tanto del tema, ya que la visita de Bush fue puesta bajo el rubro "asuntos de comando".
La escala de Bush en Al Anbar, en su viaje a Australia, no fue sólo una cuestión de seguridad. En esta provincia sunnita residen algunos de los más férreos enemigos del chiíta Al Maliki. Según analistas, Bush ya no confía en él y ve como nuevos amigos a los sunnitas, que solían ser enemigos por el hecho de pertenecer al entorno de Saddam. Según informes de prensa, Washington está dispuesto a brindar ayuda directa a los líderes sunnitas tribales si estos colaboran con los soldados estadounidenses en la caza de terroristas sunnitas de Al Qaeda. Al Anbar, con ciudades como Falluja y Ramadi, fue durante años el lugar más peligroso de Irak para las tropas estadounidenses. (DPA)







