02 Septiembre 2007 Seguir en 
BESLAN, Rusia.- Las lágrimas y los dolorosos recuerdos volvieron a aflorar ayer en Beslan, en el Cáucaso ruso, con motivo del tercer aniversario de la toma de rehenes en una escuela de la ciudad, donde murieron 332 personas, 186 de ellas niños. Con el tañido de fondo de las campanas de una iglesia, la principal ceremonia conmemorativa se realizó en el lugar donde ahora sólo quedan ruinas de la escuela de esta pequeña ciudad de Osetia del Norte, escenario del secuestro más mortífero de la historia.
El 1 de septiembre de 2004, cuando se iniciaba el ciclo escolar, un comando que reclamaba la retirada de las tropas rusas de Chechenia tomó por asalto el centro educativo. Más de 1.000 personas, entre niños, docentes y padres de alumnos quedaron como rehenes. Tres días después, tras un controvertido asalto de las fuerzas enviadas por el presidente, Vladimir Putin, 332 cadáveres yacían en el recinto, un trágico epílogo a una situación que mantuvo en vilo al mundo entero.
Más de 3.000 personas se congregaron en el lugar de la masacre, algunas con velas en las manos y otras con ramos de flores que depositaron sobre los restos calcinados del gimnasio donde los secuestradores encerraron a los rehenes. Retratos de las víctimas colgaban de las ruinosas paredes, así como pancartas que hacían evidente la cólera que suscitó la resolución sangrienta de la crisis y que todavía agita a la población.
Sólo un culpable
En diciembre de 2006, una investigación del Parlamento ruso concluyó que la operación de las fuerzas especiales no constituyó un peligro para los rehenes y que fueron los terroristas los que hicieron estallar la escuela con granadas. Pero la población de Beslan y una parte de la opinión pública rusa siguen pensando que el Kremlin esconde parte de los hechos y critican que una sola persona, el único sobreviviente de los 32 miembros del comando que asaltó la escuela, haya sido castigada. Los pobladores le enviaron una carta a Putin, en la que le instan a pedir perdón por la muerte de casi 200 niños. Muchos supervivientes aseguran que fueron los soldados rusos los que desencadenaron los enfrentamientos con el comando al lanzar contra el recinto una granada incendiaria. (afp-na)
El 1 de septiembre de 2004, cuando se iniciaba el ciclo escolar, un comando que reclamaba la retirada de las tropas rusas de Chechenia tomó por asalto el centro educativo. Más de 1.000 personas, entre niños, docentes y padres de alumnos quedaron como rehenes. Tres días después, tras un controvertido asalto de las fuerzas enviadas por el presidente, Vladimir Putin, 332 cadáveres yacían en el recinto, un trágico epílogo a una situación que mantuvo en vilo al mundo entero.
Más de 3.000 personas se congregaron en el lugar de la masacre, algunas con velas en las manos y otras con ramos de flores que depositaron sobre los restos calcinados del gimnasio donde los secuestradores encerraron a los rehenes. Retratos de las víctimas colgaban de las ruinosas paredes, así como pancartas que hacían evidente la cólera que suscitó la resolución sangrienta de la crisis y que todavía agita a la población.
Sólo un culpable
En diciembre de 2006, una investigación del Parlamento ruso concluyó que la operación de las fuerzas especiales no constituyó un peligro para los rehenes y que fueron los terroristas los que hicieron estallar la escuela con granadas. Pero la población de Beslan y una parte de la opinión pública rusa siguen pensando que el Kremlin esconde parte de los hechos y critican que una sola persona, el único sobreviviente de los 32 miembros del comando que asaltó la escuela, haya sido castigada. Los pobladores le enviaron una carta a Putin, en la que le instan a pedir perdón por la muerte de casi 200 niños. Muchos supervivientes aseguran que fueron los soldados rusos los que desencadenaron los enfrentamientos con el comando al lanzar contra el recinto una granada incendiaria. (afp-na)







