20 Agosto 2007 Seguir en 
PISCO, Perú.- En el cementerio de Pisco, el lugar más afectado por el sismo que sacudió durante dos minutos a Perú, se oían los lamentos de personas que entre lágrimas enterraban a sus familiares, la mayoría encontrada recientemente bajo los restos de una iglesia que cayó cuando se celebraba una misa de difuntos.
Debido a que en su mayoría los pabellones de nichos están destruidos, muchos cavaron tumbas en los patios de tierra del antiguo cementerio, desesperados por no dejar a sus muertos sin cristiana sepultura.
Antonio Peña, de 44 años, cruzó los cientos de kilómetros que separan Pisco de la ciudad fronteriza de Puno para asistir al funeral de su madre, María Jumpa, la última víctima rescatada entre los escombros de la iglesia San Clemente, en plena plaza principal de la ciudad.
De acuerdo con las últimas cifras oficiales, en el terremoto murieron 503 personas, y de esa cantidad al menos 145 fallecieron en la iglesia.
“Ha colapsado por su antiguedad, pues es una construcción de adobe y quincha que data del siglo XIX”, dijo uno de los jefes de bomberos, Jorge Vera. Y agregó: “conforme pasan las horas se diluyen las posibilidades de encontrar gente con vida”.
Ayer a la mañana concluyeron las labores de rescate de más cuerpos de la iglesia, de la que sólo la fachada y parte del altar siguen en pie. Los equipos están concentrados ahora en buscar más víctimas entre los escombros de las calles y de las casas.
En el cementerio de Pisco, cuyo perímetro también fue afectado por el sismo, familiares de las víctimas se protegían con mascarillas de la tierra y del fuerte olor a descomposición de cadáveres.
“A él sólo lo velamos un ratito porque no tenemos ni casa. Al difunto lo pusimos en la entrada de lo que quedaba de la sala y nosotros nos quedamos afuera por las réplicas”, relató Martha Cartagena, al referirse a su tío que fue hallado muerto cerca de una panadería a la que acudía a diario.
Los bomberos seguían ayer desenterrando cadáveres y enfocaban parte de su trabajo en un hotel de cuatro pisos, a pocas cuadras de la plaza de Pisco. Según los pobladores, en el edificio permanecían varias personas durante el sismo, entre huéspedes y trabajadores.
El terremoto de 7,5 grados en la escala de Richter causó graves daños en las provincias de Pisco, de Ica y de Chincha, donde se reportó casi la totalidad de los 503 muertos.
Tres argentinos que podrían haberse encontrado en la zona del sismo están siendo buscados luego de que familiares hicieron un pedido por su paradero, informó la embajada argentina en Perú. “Técnicamente no son ni desaparecidos ni fallecidos”, aclaró Jorge Viñuela, de la representación argentina. (Reuter-DPA-Télam)
Pisco, Perú.- El jefe de operaciones generales de la Policía peruana, general Juan Alvarez, afirmó ayer que no hay problemas mayores de robos y saqueos en la ciudad de Pisco, la más afectada por el sismo del miércoles pasado, sino pequeños intentos de pillaje que están controlado por los efectivos.
No obstante, la población sostiene que no hay control policial que frene los saqueos en los barrios de esa ciudad sureña y que no abandonan sus casas por temor a que les roben lo poco que salvaron, según testimonios recogidos por agencias de noticias.
Los damnificados expresaron además su malestar por el modo en que se reparte la ayuda en los nueve centros de distribución, que se ubican en los alrededores de la plaza principal. Según los pobladores, los alimentos y el agua no llegan a los barrios, y menos a las zonas rurales.
Ayer, en tanto, cientos de militares fuertemente armados intensificaban los patrullajes en Pisco, en Chincha y en Ica, para evitar los pillajes. (DPA-Télam)
Debido a que en su mayoría los pabellones de nichos están destruidos, muchos cavaron tumbas en los patios de tierra del antiguo cementerio, desesperados por no dejar a sus muertos sin cristiana sepultura.
Antonio Peña, de 44 años, cruzó los cientos de kilómetros que separan Pisco de la ciudad fronteriza de Puno para asistir al funeral de su madre, María Jumpa, la última víctima rescatada entre los escombros de la iglesia San Clemente, en plena plaza principal de la ciudad.
De acuerdo con las últimas cifras oficiales, en el terremoto murieron 503 personas, y de esa cantidad al menos 145 fallecieron en la iglesia.
“Ha colapsado por su antiguedad, pues es una construcción de adobe y quincha que data del siglo XIX”, dijo uno de los jefes de bomberos, Jorge Vera. Y agregó: “conforme pasan las horas se diluyen las posibilidades de encontrar gente con vida”.
Ayer a la mañana concluyeron las labores de rescate de más cuerpos de la iglesia, de la que sólo la fachada y parte del altar siguen en pie. Los equipos están concentrados ahora en buscar más víctimas entre los escombros de las calles y de las casas.
En el cementerio de Pisco, cuyo perímetro también fue afectado por el sismo, familiares de las víctimas se protegían con mascarillas de la tierra y del fuerte olor a descomposición de cadáveres.
“A él sólo lo velamos un ratito porque no tenemos ni casa. Al difunto lo pusimos en la entrada de lo que quedaba de la sala y nosotros nos quedamos afuera por las réplicas”, relató Martha Cartagena, al referirse a su tío que fue hallado muerto cerca de una panadería a la que acudía a diario.
Los bomberos seguían ayer desenterrando cadáveres y enfocaban parte de su trabajo en un hotel de cuatro pisos, a pocas cuadras de la plaza de Pisco. Según los pobladores, en el edificio permanecían varias personas durante el sismo, entre huéspedes y trabajadores.
El terremoto de 7,5 grados en la escala de Richter causó graves daños en las provincias de Pisco, de Ica y de Chincha, donde se reportó casi la totalidad de los 503 muertos.
Tres argentinos que podrían haberse encontrado en la zona del sismo están siendo buscados luego de que familiares hicieron un pedido por su paradero, informó la embajada argentina en Perú. “Técnicamente no son ni desaparecidos ni fallecidos”, aclaró Jorge Viñuela, de la representación argentina. (Reuter-DPA-Télam)
Quejas por los robos y por el reparto de ayuda
Pisco, Perú.- El jefe de operaciones generales de la Policía peruana, general Juan Alvarez, afirmó ayer que no hay problemas mayores de robos y saqueos en la ciudad de Pisco, la más afectada por el sismo del miércoles pasado, sino pequeños intentos de pillaje que están controlado por los efectivos.
No obstante, la población sostiene que no hay control policial que frene los saqueos en los barrios de esa ciudad sureña y que no abandonan sus casas por temor a que les roben lo poco que salvaron, según testimonios recogidos por agencias de noticias.
Los damnificados expresaron además su malestar por el modo en que se reparte la ayuda en los nueve centros de distribución, que se ubican en los alrededores de la plaza principal. Según los pobladores, los alimentos y el agua no llegan a los barrios, y menos a las zonas rurales.
Ayer, en tanto, cientos de militares fuertemente armados intensificaban los patrullajes en Pisco, en Chincha y en Ica, para evitar los pillajes. (DPA-Télam)







