El deporte amateur de elite necesita mayor asistencia

23 Julio 2007
Ante cada inicio de un encuentro deportivo de la envergadura de los Juegos Panamericanos o de los Olímpicos, vuelve a convertirse en un tema de reflexión la falta de inversión de los gobiernos de turno para el desarrollo de las actividades amateurs. Ello siempre queda demostrado en el medallero de las competencias, aunque adopta un perfil mucho más dramático cuando la televisión muestra en directo la derrota ante representantes de países otrora de menor potencial o cuando, luego de un éxito, afloran en declaraciones a la prensa el enojo y la impotencia por la escasez, cuando no, la total inexistencia de una ayuda.
La falta de inversión en el deporte es un mal endémico en la Argentina que, sin embargo, contó con cortos momentos históricos en los que sí se destinó presupuesto. Citando palabras del secretario general del Comité Olímpico Argentino, Hernán Ferrari, la última que se hizo fue en 1995, cuando nuestro país albergó a los Panamericanos en Mar del Plata. No obstante, el dirigente declinó defender al gobierno de ese entonces, y tampoco formuló críticas directas a la política para el sector que desarrolla el gobierno de Néstor Kirchner. “Lo único cierto es que la Argentina deportiva amateur aún se mueve con lo que dejó aquel período”, afirmó.
Entre los más de 40 países participantes, Argentina peleó históricamente con México por el quinto lugar en el continente. Pero, al término de la primera semana de competencias,  terminó octava, y fue superada incluso por países como Colombia y Venezuela, que en los últimos años invirtieron en el deporte y lograron desarrollarlo. Justamente Ferrari fue quien brindó algunas precisiones sobre montos: Venezuela destina unos 300 millones de dólares, Brasil unos 130 y nuestro país, alrededor de 30. Pero de ese presupuesto global, aparte de ser escaso, sólo una pequeña parte llega efectivamente al deporte de alto rendimiento, según el dirigente. Las inversiones en otros rubros y la burocracia estatal hacen que sólo se disponga entre seis o siete millones de dólares por año. Al mismo tiempo, dijo que no se oponía a las inversiones en proyectos sociales vinculados al deporte, pero pidió que se hagan las dos cosas al mismo tiempo.
Los sucesos en el remo son quizás los que marcan con mayor crudeza la falta de atención. Inversiones que no se hacen, dineros que no llegan a destino e improvisación marcan el derrotero de la disciplina. Paradójicamente, los deportistas siguen cosechando medallas. Esto sólo se puede comprender por el talento genuino de nuestros remeros, por el afán de defender con orgullo la bandera y por las gestiones privadas que les permite, por ejemplo, contar con elementos regalados para poder competir. Sobre esas bases logran sobreponerse a los problemas de forma y de fondo en los que se ven involucrados, que genera un permanente e inconducente cruce de versiones.
En el futuro asoman con nitidez los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y queda claro que la historia tendrá nuevos capítulos poco gratos. A sabiendas de que en tan poco tiempo no pueden surgir soluciones mágicas, sí se pueden cambiar ciertos procedimientos, para poder cumplir una actuación más digna. Y, por otro lado, se pueden comenzar a sentar las bases de un plan que lleve al deporte de elite a ser tratado con seriedad. De ese modo, a través de sus fines de recreación, permitirá generar ejemplos con el fin de marcar pautas sólidas en varios aspectos. Entre ellos,  el cuidado de la salud física y mental, el mejoramiento de las relaciones humanas y la oportunidad de dar marco y contención al sueño de miles de niños y jóvenes.

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