Las cosas que irritarían a Alberdi

Alperovich enfrentará el desafío de coexistir con CFK.Al barrer la plaza, un turista australiano golpeó al intendente Amaya. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

22 Julio 2007
“Los gobernadores aceptan un mecanismo de sumisión sin defender los intereses de sus provincias”. Eduardo Camaño es quien dijo esto a su paso por Tucumán, rumbo a Jujuy, donde ayer se proclamó la candidatura del binomio Roberto Lavagna-Gerardo Morales (UCR). Este diputado bonaerense, que se ganó el respeto de sus pares de diversas procedencias partidarias por su modo ecuánime de presidir la Cámara en años recientes, pintó a trazos gruesos la situación de los jefes de Gobierno provinciales. ¿El cuadro es tan real como lo describió el operador peronista de Lavagna? Camaño exageró algunos matices pero su juicio es bastante veraz.
A sus amigos de Tucumán les confió que los incendios no se apagarán y que afectarán a otros empinados jerarcas del kirchnerismo. Felisa Miceli, Romina Picolotti y Nilda Garré sobrevolaron como antecedentes frescos.
Ciertamente, el federalismo fiscal es una ficción. Si Alberdi resucitara, ardería de indignación al ver que las provincias son rehenes de la pareja gobernante en la Argentina. Si se desvían de lo que pretende la Casa Rosada, vivirán en el ahogo y en el aislamiento. La concertación plural es el atajo que les queda a los mandatarios radicales para sobrevivir políticamente. El combate con el poder central no figuró en el libreto de esos dirigentes de un partido que se astilló tras la caída de Fernando de la Rúa. Ni una migaja de la intransigencia tradicional.
El gobernador José Alperovich se les adelantó en el trasbordo, ya que pasó de la UCR al justicialismo, antes de la llegada de Néstor Kirchner al poder. Le costó más de un año granjearse la confianza presidencial y empezar a obtener beneficios del ala santacruceña de la administración federal -los “pingüinos”-.
Pero tanto a él como a ellos, el porvenir se les avizora inquietante. Si sale electa la senadora Cristina Fernández de Kirchner (CFK), estarán frente a una experiencia nueva. Por eso, todos fueron a La Plata (el salteño Juan Carlos Romero se marginó, pero no chocará con los Kirchner en octubre, que tampoco interferirán en la sucesión del gobernador). Necesitaban firmar el libro de asistencia e incorporación al partido cristinista. CFK no admite las deserciones ni las medias tintas.
Sin embargo, el acto de obediencia reverencial no les garantiza que el reparto de impuestos se rija por las reglas anteriores a la emergencia perpetua: el 49% para la Nación y el 51% para las provincias. El centralismo financiero domestica a los caciques provinciales y evita las sorpresas.
El federalismo fiscal, probablemente, seguirá en la vía muerta, pese a que se incumple la Constitución de 1994. No hay cosa que aborrezca más a un político intemperante que las situaciones imprevisibles. Estas se evitan en buena medida sujetando a sus potenciales causantes. Con el dinero controlado férreamente por la Casa Rosada, desaparecen las rebeldías. Y de la ley de coparticipación federal de impuestos no habló ni una línea la candidata CFK. Con las omisiones, también se construyen políticas de Estado en la Argentina.

Las malas noticias
A la generalidad de los gobernadores les irritó la forma inconsulta como se determinó la postulación de CFK, en las alturas del poder.
La candidatura a presidente terminó siendo un bien ganancial del matrimonio Kirchner. La legitimación por el congreso partidario sorteará la votación interna. Sólo los intransigentes -que pueden ser una minoría- levantarán la mano en contra del dedazo presidencial.
La casi certeza de que CFK puede heredar la primera dignidad de la República incomodó a Alperovich. Ambos sostuvieron fricciones cuando ocupaban bancas en el Senado -ella llegó a enojarse porque él opinaba sobre los entredichos del PJ y venía de cortar amarras con la UCR-. El desmantelamiento del ala “pingüina“ -Julio de Vido, el dador de obras públicas, figura estelar de los amigos- y la salida de los ministros Ginés González García, Alicia Kirchner y Daniel Filmus del probable gabinete cristinista no son buenas noticias.
Tampoco lo es el fortalecimiento del jefe de gabinete, Alberto Fernández, sospechado de haber instigado la disidencia de Fernando Juri en la elección interna del PJ. Alguno de esos ministros tal vez continúe, pero el nuevo amanecer que augura el Presidente tal vez implique el inicio de un ciclo tormentoso para Alperovich a partir de diciembre. La hermana de Kirchner sería la excepción. En la Casa de Gobierno mantendrán la guardia alta, al menos, durante el primer semestre de 2008. Desde ahora se diseñan acciones preventivas para protegerse de eventuales chubascos. Las tensiones acumuladas en materia de precios y tarifas no podrán ser contenidas por demasiado tiempo, y constituyen potenciales fuentes de conflicto con expansión nacional.
Tampoco debe descartarse que los gobernadores de signo peronista decidan actuar conjuntamente para frenar la enjundia de la primera dama si sucede a Kirchner.

Pasos en falso
Las promesas electorales corren el riesgo de quedar off side antes de tiempo. El eslogan de Tucumán limpio de basuras que el Gobierno predicó generosamente desde las tribunas y desde otros ámbitos sufrió un duro revés con lo que sucedió -justamente- en la plaza Alberdi. Un turista australiano -Warwick Legget- se puso a barrer porque lo agobió la basura. “Ni en Asia vi un lugar público tan sucio como este“, le aseguró a LA GACETA. La tibia respuesta del gobierno municipal no alcanzó a tapar el papelón, y no exime de responsabilidades a la sociedad toda. El intendente Domingo Amaya está más preocupado por su reelección que por esos detalles básicos de cultura urbana que hacen a la calidad de vida.
Sin embargo, la desidia de la autoridad gubernamental inspira mal a los ciudadanos. El punto de partida para corregir una cultura política signada por el desinterés y por la falta de afecto hacia lo público -lo que es de todos- no puede ser otro que el ejemplo que viene de lo alto. Legget no es candidato a nada (es un súbdito de la reina Isabel II) pero, con su actitud, puso el dedo en la llaga. Entusiasmó a otras personas, y dejó en claro que es posible emprender cosas sin el paternalismo estatal. Este es el virus que infesta a la comunidad tucumana y que paraliza sus energías.
Si Alberdi paseara por ese espacio dedicado a honrarlo, se llenaría de ira por la falta de respeto a su memoria y a la colectividad toda. Ni que hablar del permanente desborde del Ejecutivo sobre los otros poderes de la República. Dentro de ese contexto, en el régimen político consagrado por la Constitución de 2006, el Judicial es el más debilitado por su subordinación presupuestaria y política.
La reelección indefinida que el ilustre tratadista tucumano abominó, se impuso el año pasado en la Carta Magna de 2006, antes que al autócrata venezolano Hugo Chávez se le ocurriera introducirla en su país.


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