19 Julio 2007 Seguir en 
Los mensajes son claros de parte del oficialismo y de la oposición; los primeros defenderán la gestión y los segundos apuntarán a las asignaturas pendientes.En las épocas de recambio de autoridades, la palabra “desgaste” adquiere un significado especial, tanto para los oficialistas como para los opositores, aunque los que están en la gestión de gobierno son los que más sufren este proceso que repercute en las urnas. Una forma de contrarrestarlo electoralmente es llevando a cabo una buena acción gubernamental; la otra es contar con la posibilidad de la reelección, un buen remedio para evitar el desgaste político, que es el que está vinculado al poder que ejerce un gobernante.
El gobernador José Alperovich tuvo el desgaste propio de gestión -que sólo se podrá medir cuando se cuenten los votos el 26 de agosto-, pero no sufrió un desgaste político, producto de la reforma de la Constitución que lo habilitó para estar al frente del Poder Ejecutivo hasta 2015. No mermó su capital político; por el contrario, lo acrecentó a partir de la reelección, del nuevo sistema de “acople” -con el que les abrió las puertas a algunos que nacieron opositores en 2003 y que ahora hacen malabares dialécticos para explicar el cambio-, de haber impuesto a su mujer, la diputada nacional Beatriz Rojkés, como presidenta del PJ, y de haber instaurado un sistema económico de clientelismo institucional -similar al de Nación-Provincias- con las municipalidades. Por eso, la mayoría de los intendentes que aspiran a ser reelectos apuntalan la postulación del mandatario.
En los resultados de 2005 -para elegir diputados nacionales- y de 2006 -elección de convencionales constituyentes- se ve que ese poder político aumentó, ya que se reflejó en la cantidad de votos que obtuvieron sus candidatos. El esquema electoral es básicamente el mismo que en esos años -asentado en la estructura del Estado y haciendo eje en el manejo del PJ-, aunque ahora mejorado con los acoples, lo que anticipa la posibilidad de que como gobernador reúna más sufragios que todos los legisladores electos oficialistas; algo que no sucedía con la Ley de Lemas. Un claro ejemplo de esto último ocurrió en 1995, cuando Olijela Rivas, siendo la aspirante a la gobernación por el oficialismo, no sólo perdió la elección -en manos de Antonio Bussi-, sino que soportó el corte de boletas en su contra y en favor de los legisladores.
Por este lado, el del poder político, Alperovich aventaja a los candidatos de la oposición que aspiran a despojarlo de los atributos del mando. En este aspecto, a los 11 opositores candidatos a gobernador les queda la titánica tarea de armar una estructura que enfrente semejante aparato electoral.
La pregunta que viene es: ¿Alperovich sufrió un desgaste de gestión como para abrirle las puertas a un dirigente de otra fuerza? Lo evidente es que el mandatario se preocupó por mostrar una imagen de hombre trabajador, de estar preocupado por satisfacer las necesidades de la gente y de ser una persona con vinculaciones en el Gobierno nacional que pueden colaborar con la provincia. De hecho no se cansa de pedir que los tucumanos voten por Cristina Fernández de Kirchner el 28 de octubre para que la Nación siga ayudando a Tucumán; es decir, a él. ¿Será suficiente para que la gente le dé un voto de confianza? En la Casa de Gobierno sonríen con optimismo y sólo se preocupan por la futura integración de la Legislatura. No vislumbran un candidato que haga peligrar las chances de Alperovich, que apuesta todo a la gestión que viene realizando.
¿Y los opositores? Todos saben que juegan con vientos desfavorables, pero, como es lógico, ninguno lo admite. A todos ellos les queda apostar al desgaste de la gestión, a potenciar las fallas de la tarea gubernamental, a hacer campaña sobre los temas que más afectan a Alperovich -la inseguridad es el talón de Aquiles del Ejecutivo- y a marcar la poca predisposición del mandatario a los consensos y a ser más proclive a actitudes autoritarias. De alguna manera, el enfrentamiento también se puede reducir al plano de la difusión y de la efectividad de los mensajes de los postulantes.
Definitivamente, el desgaste sólo será medible por los resultados del 26 de agosto, tanto para Alperovich como para aquellos que obtuvieron un importante caudal de votos en los comicios de 2003 -Esteban Jerez y Ricardo Bussi- y que se postulan nuevamente para disputar ese cargo. Claro que, a diferencia del diputado y del senador, el gobernador tiene una elección intermedia (2005) que ganó con 385.000 votos. La pregunta que cabe es si ese es su piso, o su techo.







