El deterioro de la Casa Municipal de la Cultura

19 Julio 2007
Pocas veces la labor del artista o del intelectual ha sido reconocida como se debe en este país. “Lo único que tenemos de primer mundo son los artistas y científicos; sin embargo, para el Gobierno nacional estos ocupan un octavo o noveno lugar en sus prioridades”, decía en la década de 1990 el escritor Ernesto Sábato. Mientras en las naciones europeas existe aún -pese a los ajustes económicos- un apoyo significativo a las manifestaciones artísticas y hay políticas culturales coherentes, a partir del mismo Estado, en el nuestro la inversión sigue siendo ínfima. Lo mismo sucede, por cierto, en Tucumán. El reciente robo de un cuadro de Enrique Policastro en el Museo de Bellas Artes de la Provincia desnudó nuevamente la precariedad en que se encuentra el valioso patrimonio pictórico que, por otro lado, no está asegurado, ni inventariado. Las falencias en materia de seguridad volvieron poner nerviosos a los funcionarios de turno.
Pero no ocurre esta realidad sólo en el ámbito de la Provincia. El martes dimos a conocer el calamitoso estado edilicio en que se halla de Casa de la Cultura “Antonio Torres”, ubicada en el sector noroeste del parque 9 de Julio. Se trata de un edificio construido en el primer cuarto del siglo XX. Allí comenzó a funcionar en 1943 la Escuela Infantil de Artes Plásticas, una institución modelo en su género. Destacados artistas integraron el cuerpo docente, tales como Lino Spilimbergo, Edmundo González del Real Lobo de la Vega, Carlos Aitor Castillo, Timoteo Navarro, José Nieto Palacios, Alfredo De Vicenzo, Oscar Nóbile y Juan Bautista Gatti, entre otros.
En 1985, la Dirección de Cultura de San Miguel de Tucumán reacondicionó la casa para convertirla en la sede de la repartición, con la idea de que funcionara como centro cultural. La casa fue reinaugurada el 4 de octubre de ese año. El local de 400 m2 cubiertos contaba con todas las comodidades propias de una repartición pública: dirección, sala de prensa, jefatura de personal, etc., y con una sala para exposiciones y para otras actividades artísticas. Había sectores destinados al funcionamiento de talleres de plástica y depósitos. Durante esa gestión cultural, se realizó una intensa labor cultural que incluía conciertos, recitales, espectáculos teatrales infantiles al aire libre y salones de pintura. Esta labor se prolongó a lo largo de los años, aunque con menor lustre, y fue decayendo en el último lustro.
Actualmente, las paredes de la Casa de la Cultura “Doctor Antonio Torres” están invadidas por la humedad; las ventanas y los pisos están rotos; los techos se llueven y tampoco hay luz. Los baños están en pésimo estado y las cañerías, rotas. Sólo quedan oficinas destruidas y los restos de lo que alguna vez fue una biblioteca para niños. El deterioro de la casa se profundizó en los últimos dos años y afectó parte de la valiosa pinacoteca, que cuenta con 74 obras de importantes artistas, como Luis Lobo de la Vega, Aurelio Salas y Roberto Koch. El actual director de Cultura les echó la culpa a las administraciones anteriores y anunció un proyecto ambicioso para recuperar la Casa, así como la restauración de 24 pinturas.
El patrimonio artístico y arquitectónico tiene que ver con nuestra identidad, con el pasado. El respeto y el reconocimiento a nuestros artistas y científicos también pasa por la conservación de su legado. El estado lamentable de la sede de la Dirección Municipal de Cultura no es más que un reflejo de la labor del actual gobierno municipal, que lleva ya casi cuatro años de duración. Se sabe que sin educación ni cultura un pueblo nunca podrá subirse al tren del progreso. Es hora de que nuestros representantes así lo entiendan.

Tamaño texto
Comentarios