17 Julio 2007 Seguir en 
La mujer del comerciante asesinado en Trancas, quien anoche no pudo ser ubicada, fue detenida esta madrugada por una comisión policial. Silvia Raquel Lai será trasladada en las próximas horas a Tribunales, donde deberá prestar declaración ante la fiscal Adriana Giannoni.
Los pesquisas sospechan que la esposa de la víctima se habría confabulado con un presunto amante para matar a su cónyuge. El crimen ocurrió en la madrugada del domingo, en calle Ingeniero Lostri 450. Allí, además del hombre asesinado -José Eduardo Salas, de 42 años-, vive su esposa Silvia Raquel Lai y sus hijos, dos mellizas de 17 años, y dos varones de 15 y 13, además de una nena de 10 años al cuidado de la familia.
Lai llamó a su hermano Carlos para decirle que, mientras ella estaba en el primer piso de la vivienda, había escuchando ruidos extraños en la planta baja, donde estaba su esposo. El hombre llegó con la Policía.
Cuando entraron al dormitorio encontraron, recostado en la cama de dos plazas, tapado hasta los hombros, a Salas. En la pared y en un espejo había manchas de sangre. Cuando se acercaron constataron que la mitad del rostro estaba aplastado y que, debajo de la cabeza, y tapándole un poco la cara, el asesino había colocado una toalla.
Tras recabar algunos datos, en la tarde de ayer los pesquisas allanaron un gimnasio, que es alquilado por Luis Rafael Pichinetti, de 35 años, domiciliado en Tafí Viejo. En el lugar, además de detener al sospechoso, los policías secuestraron prendas de vestir que habrían estado manchadas con sangre.
Los investigadores suponen que a Salas lo habrían golpeado con una de las mancuernas del gimnasio. Al hablar con la fiscal, Pichinetti habría confesado el crimen, según trascendió. Desde allí fue llevado a Tribunales para que ratifique sus dichos. Lai, en tanto, deberá declarar hoy.
Al igual que ayer, algunos de los hijos de la pareja concurrieron esta mañana a los pasillos de Tribunales, a defender a su madre. LA GACETA (C)
Los pesquisas sospechan que la esposa de la víctima se habría confabulado con un presunto amante para matar a su cónyuge. El crimen ocurrió en la madrugada del domingo, en calle Ingeniero Lostri 450. Allí, además del hombre asesinado -José Eduardo Salas, de 42 años-, vive su esposa Silvia Raquel Lai y sus hijos, dos mellizas de 17 años, y dos varones de 15 y 13, además de una nena de 10 años al cuidado de la familia.
Lai llamó a su hermano Carlos para decirle que, mientras ella estaba en el primer piso de la vivienda, había escuchando ruidos extraños en la planta baja, donde estaba su esposo. El hombre llegó con la Policía.
Cuando entraron al dormitorio encontraron, recostado en la cama de dos plazas, tapado hasta los hombros, a Salas. En la pared y en un espejo había manchas de sangre. Cuando se acercaron constataron que la mitad del rostro estaba aplastado y que, debajo de la cabeza, y tapándole un poco la cara, el asesino había colocado una toalla.
Tras recabar algunos datos, en la tarde de ayer los pesquisas allanaron un gimnasio, que es alquilado por Luis Rafael Pichinetti, de 35 años, domiciliado en Tafí Viejo. En el lugar, además de detener al sospechoso, los policías secuestraron prendas de vestir que habrían estado manchadas con sangre.
Los investigadores suponen que a Salas lo habrían golpeado con una de las mancuernas del gimnasio. Al hablar con la fiscal, Pichinetti habría confesado el crimen, según trascendió. Desde allí fue llevado a Tribunales para que ratifique sus dichos. Lai, en tanto, deberá declarar hoy.
Al igual que ayer, algunos de los hijos de la pareja concurrieron esta mañana a los pasillos de Tribunales, a defender a su madre. LA GACETA (C)







