Se habrían confabulado para asesinar a un comerciante

Investigación. La Justicia ordenó anoche la detención de la esposa de la víctima y de su presunto amante, dueño de un gimnasio.

ACUSADA. Lai, ayer con sus hijos.LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
ACUSADA. Lai, ayer con sus hijos.LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
17 Julio 2007
La muerte de un comerciante, ocurrida en la madrugada del domingo, conmueve a Trancas. José Eduardo Salas, de 42 años, fue salvajemente golpeado en el rostro mientras dormía, lo que le produjo múltiples fracturas, y murió en el acto. Anoche, la Justicia ordenó la detención de la esposa de la víctima (a quien no se pudo encontrar) y de su presunto amante, lo que horrorizó a los vecinos, ya que se supone que ambos se habrían confabulado para asesinar el hombre.
El crimen ocurrió en la madrugada del domingo, en calle Ingeniero Lostri 450. Allí, además de Salas, vive su esposa Silvia Raquel Lai y sus hijos, dos mellizas de 17 años, y dos varones de 15 y 13, y también una nena de 10, que está al cuidado de la familia. A las 4.30, Lai llamó a su hermano Carlos para decirle que, mientras ella estaba en el primer piso de la vivienda, había escuchando un estampido en la planta baja, donde estaba su esposo, y luego el ruido de una moto alejándose.
Carlos Lai, junto a policías, llegó y advirtió que una de las puertas laterales estaba cerrada, pero sin llave. El interior estaba ordenado, y los policías no notaron nada raro hasta que entraron al dormitorio. Recostado en la cama de dos plazas, tapado hasta los hombros, yacía Salas. En la pared y en un espejo había manchas de sangre. Cuando se acercaron constataron que la mitad del rostro estaba aplastado y que, debajo de la cabeza, y tapándole un poco la cara, el asesino había colocado una toalla. "Habíamos estado viendo televisión con mi papá. El estaba muy bien. No tenía problemas", indicó Rodrigo, uno de los hijos. El fue él último de la familia que vio con vida a la víctima, a las 2.30. Los policías al mando de los comisarios Carlos Páez, Carlos Coronel y Héctor Ponce descartaron desde el principio que móvil del crimen haya sido el robo. Dentro de la pieza había una caja fuerte que no había sido tocada y dos armas, una carabina y una escopeta. En el garaje estaba la camioneta Nissan de la víctima, pero no le faltaba nada.
Salas atendía un comercio en su propia casa, pero además era empleado municipal (estaba de licencia), criaba gallos de riña y arrendaba máquinas agrícolas. Un allegado, Ciríaco Ibarra, declaró y descartó que se haya tratado de un problema económico.
Una hora y media después de denunciado el crimen, la fiscal Giannoni se hizo presente en el lugar junto a la bioquímica Lilia Moyano, y supervisó el trabajo de los policías. Los investigadores estaban seguros de que "Pepe", tal como le decían a Salas, fue víctima de una venganza. "No tenía problemas con nadie", dijeron sus familiares.
Pero, en horas de la noche, la causa tomó un giro impensado para los vecinos. Los policías, por orden del juez Juan Francisco Pisa, allanaron un gimnasio ubicado en calle Hipólito Yrigoyen 478, que es alquilado por Luis Rafael Pichinetti, de 35 años, domiciliado en Tafí Viejo. En el lugar, además de detener al sospechoso, los policías secuestraron prendas de vestir que habrían estado manchadas con sangre. Los investigadores suponen que a Salas lo habrían golpeado con una de las mancuernas del gimnasio. Además sospechan que Salas habría tomado (creen que sin saberlo) un poderoso somnífero, por lo que cuando el agresor ingresó en el dormitorio, estaba profundamente dormido y nada pudo hacer para defenderse. Al hablar con la fiscal, Pichinetti habría confesado el crimen, según trascendió. Desde allí fue llevado a Tribunales para que ratifique sus dichos. Lai, en tanto, está considerada prófuga.

Querían presentarse como querellantes
Durante la mañana de ayer, los familiares de José Salas llegaron a Tribunales acompañados por los abogados Jorge y Javier Lobo Aragón. "Se contactaron con nosotros y nos vamos a constituir en querellantes. Queremos saber quién fue el autor de un ataque tan brutal", indicó el segundo de ellos. Pero esto fue antes de la detención de la esposa. Luego de que la mujer sea arrestada, no podrán ser parte de la acusación.
Los hijos de la pareja le negaron a LA GACETA que sus padres hayan estado separados. "Estaban muy bien. No sabemos qué puede haber pasado", indicaron Silvina y Rodrigo. Anoche estaban shockeados: el padre, asesinado, y la madre, prófuga.

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