16 Julio 2007 Seguir en 
Las rutas de la provincia mantienen el sitial de lugares de riesgo para la circulación vehicular, a pesar de los controles permanentes que realiza la Policía Vial. Según se consigna en nuestra edición de ayer, los agentes de control secuestraron 50 rastras cañeras que, en su mayoría, se encontraban en los caminos sin las luces refractarias correspondientes. En relación con este informe, se comenta el accidente ocurrido el viernes en la ruta 157, donde un ómnibus chocó contra la parte posterior de una formación de carros cañeros. La única pasajera del colectivo sufrió politraumatismos y fue internada en el Hospital Padilla.
El percance vial y los datos sobre los vehículos secuestrados debieran motivar una reflexión importante en nuestro medio. En primer lugar, de las palabras del jefe de la Policía Vial se desprenden conclusiones importantes acerca de los hábitos que deben cambiar en nuestra comunidad. El funcionario remarcó que los productores, si bien están cumpliendo con las exigencias para obtener la autorización para circular, lo cual es positivo, se quejan de los controles. También destacó que, a pesar de que se han distribuido puestos de la Policía Vial en sitios estratégicos, persiste entre los conductores la costumbre de circular sin respetar las normas ni, específicamente, los límites de velocidad.
La segunda reflexión debería surgir de la necesidad de trabajar sobre problemas persistentes, ya considerados endémicos, en nuestro medio. Uno es la falta de rutas alternativas para la producción, puesto que los caminos secundarios y terciarios no sólo se encontraron siempre en malas condiciones, sino que, a raíz de las tremendas inundaciones del último verano, la mayoría de ellos quedaron directamente intransitables. Actualmente, el Gobierno está realizando algunos arreglos, pero estas tareas son apenas un paliativo, si se tiene en cuenta la fuerte circulación de estas peligrosas caravanas de vehículos por las rutas principales de la provincia. Esta cuestión debe resolverse en un futuro inmediato, y para siempre.
El tercer problema se vincula con la intensa circulación de todo tipo de vehículos en algunas rutas que, como la 38, atraviesan poblados y ciudades y se convierten prácticamente en una avenida de esas poblaciones. La falta de soluciones en este conflicto ha derivado en situaciones de fuerte tensión entre vecinos, automovilistas y autoridades en lugares como Famaillá, donde los pobladores han construido, por su propia decisión, un lomo de burro para obligar a que los conductores bajen la velocidad en la ruta 38.
A esto se añade la falta de coordinación entre las autoridades de las distintas jurisdicciones, tanto para otorgar licencias de conductor como para autorizar la circulación de vehículos de alquiler, llámense taxis, remises, autos rurales, colectivos o combis de transporte de pasajeros. La sanción de una ley sobre carnet único en la Legislatura parece ser un avance en este sentido, pero conviene remarcar que en esta parte del problema vial hay cuestiones culturales de los funcionarios de los municipios e intereses específicos de las administraciones comunales y municipales que, hasta ahora, han impedido la conformación de un cuerpo de trabajo coherente en toda la provincia para avanzar fuerte sobre el problema de los accidentes de tránsito y de la circulación vial.
No se trata de un problema sólo de Tucumán. El país entero lo padece. Pero ya es tiempo de que se avance firmemente hacia la conformación de una efectiva, coherente y sólida política de tránsito, que no dependa de los funcionarios de turno y que se aplique con criterios modernos y despojados de las presiones e intereses del momento.
El percance vial y los datos sobre los vehículos secuestrados debieran motivar una reflexión importante en nuestro medio. En primer lugar, de las palabras del jefe de la Policía Vial se desprenden conclusiones importantes acerca de los hábitos que deben cambiar en nuestra comunidad. El funcionario remarcó que los productores, si bien están cumpliendo con las exigencias para obtener la autorización para circular, lo cual es positivo, se quejan de los controles. También destacó que, a pesar de que se han distribuido puestos de la Policía Vial en sitios estratégicos, persiste entre los conductores la costumbre de circular sin respetar las normas ni, específicamente, los límites de velocidad.
La segunda reflexión debería surgir de la necesidad de trabajar sobre problemas persistentes, ya considerados endémicos, en nuestro medio. Uno es la falta de rutas alternativas para la producción, puesto que los caminos secundarios y terciarios no sólo se encontraron siempre en malas condiciones, sino que, a raíz de las tremendas inundaciones del último verano, la mayoría de ellos quedaron directamente intransitables. Actualmente, el Gobierno está realizando algunos arreglos, pero estas tareas son apenas un paliativo, si se tiene en cuenta la fuerte circulación de estas peligrosas caravanas de vehículos por las rutas principales de la provincia. Esta cuestión debe resolverse en un futuro inmediato, y para siempre.
El tercer problema se vincula con la intensa circulación de todo tipo de vehículos en algunas rutas que, como la 38, atraviesan poblados y ciudades y se convierten prácticamente en una avenida de esas poblaciones. La falta de soluciones en este conflicto ha derivado en situaciones de fuerte tensión entre vecinos, automovilistas y autoridades en lugares como Famaillá, donde los pobladores han construido, por su propia decisión, un lomo de burro para obligar a que los conductores bajen la velocidad en la ruta 38.
A esto se añade la falta de coordinación entre las autoridades de las distintas jurisdicciones, tanto para otorgar licencias de conductor como para autorizar la circulación de vehículos de alquiler, llámense taxis, remises, autos rurales, colectivos o combis de transporte de pasajeros. La sanción de una ley sobre carnet único en la Legislatura parece ser un avance en este sentido, pero conviene remarcar que en esta parte del problema vial hay cuestiones culturales de los funcionarios de los municipios e intereses específicos de las administraciones comunales y municipales que, hasta ahora, han impedido la conformación de un cuerpo de trabajo coherente en toda la provincia para avanzar fuerte sobre el problema de los accidentes de tránsito y de la circulación vial.
No se trata de un problema sólo de Tucumán. El país entero lo padece. Pero ya es tiempo de que se avance firmemente hacia la conformación de una efectiva, coherente y sólida política de tránsito, que no dependa de los funcionarios de turno y que se aplique con criterios modernos y despojados de las presiones e intereses del momento.







