15 Julio 2007 Seguir en 
La Iglesia Católica latinoamericana ha lanzado una gran misión para recuperar los fieles que perdió a expensas de cultos evangélicos, en un continente que evalúa con democracias frágiles amenazadas por desvíos autoritarios y una brecha social escandalosa.
El compromiso quedó sellado el viernes en La Habana, Cuba, donde los obispos de la región aprobaron el “plan global” para poner en práctica el Documento de Aparecida, que recoge las conclusiones de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en mayo en Brasil.
Un texto -aprobado por el papa Benedicto XVI- que plantea luces y sombras en la evangelización, y traza un diagnóstico acabado de la realidad sociopolítica continental. Pero que también ofrece pautas para relanzar la Iglesia en el continente, a través de una mayor apertura de la estructura eclesiástica, un mejor acompañamiento de los fieles, una intensa formación de cuadros políticos católicos y una renovación de la opción preferencial por los pobres.
La ofensiva religiosa tuvo en su génesis la impronta del cardenal Jorge Bergoglio, que logró imponer un párrafo sobre la inequidad social y dar valor a los distintos aportes desde la presidencia del comité de redacción. “La Iglesia -subraya el documento- está convocada a ser abogada de la Justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas, que claman al cielo”.
El párrafo incluido por el purpurado porteño -se pudo constatar de fuentes confiables- aún resuena en los despachos de la Casa Rosada, cuyos funcionarios más conspicuos ensayaron una réplica apenas salió de la boca del arzobispo en mayo pasado.
Fue cuando el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, sugirió a Bergoglio “estudiar un poquito (los índices macroeconómicos) antes de hablar” y reconocer los logros de presidente Néstor Kirchner en materia social.
Otro de los puntos que desvela a los obispos es la consolidación de las democracias latinoamericanas, porque aseguran “compete a la Iglesia colaborar” en esa tarea. A pesar de valorar el “positivo proceso de democratización” en la región, los prelados estiman que existen “graves retos y amenazas de desvíos autoritarios”, aunque sin puntualizar a quién o quiénes se refieren. No obstante, los presidentes Hugo Chávez (Venezuela) y Evo Morales (Bolivia) se sintieron tocados por ese renglón del documento, por lo que recomendaron a los obispos que se dedicaran a rezar y no a entrometerse en asuntos civiles.
Hoy las cúpulas episcopales están enfrentadas con ambos mandatarios por las reformas constitucionales en esos países, porque advierten que tienen un sesgo autoritario y sólo buscan la perpetuidad del poder. El mayor cruce verbal se da en suelo venezolano, donde el arzobispo Baltazar Porras advirtió que Chávez encamina el país hacia “una dictadura”, después de que el primer mandatario lo acusó de llevar “el diablo bajo la sotana”. Frente a este panorama, la Iglesia latinoamericana propone “educar para la paz, dar seriedad y credibilidad a la continuidad de las instituciones civiles, defender y promover los derechos humanos, custodiar en especial la liberta religiosa y cooperar para suscitar los mayores consensos nacionales”.
Y si bien dicen haber asumido el compromiso de “seguir dando respuestas” a esas problemáticas sociopolíticas, los obispos aspiran a profundizar la identidad cristiana de los católicos y a recuperar los fieles perdidos desde una visión no proselitista. Tal el eje de la gran misión continental que acaban de empezar.
El compromiso quedó sellado el viernes en La Habana, Cuba, donde los obispos de la región aprobaron el “plan global” para poner en práctica el Documento de Aparecida, que recoge las conclusiones de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en mayo en Brasil.
Un texto -aprobado por el papa Benedicto XVI- que plantea luces y sombras en la evangelización, y traza un diagnóstico acabado de la realidad sociopolítica continental. Pero que también ofrece pautas para relanzar la Iglesia en el continente, a través de una mayor apertura de la estructura eclesiástica, un mejor acompañamiento de los fieles, una intensa formación de cuadros políticos católicos y una renovación de la opción preferencial por los pobres.
La ofensiva religiosa tuvo en su génesis la impronta del cardenal Jorge Bergoglio, que logró imponer un párrafo sobre la inequidad social y dar valor a los distintos aportes desde la presidencia del comité de redacción. “La Iglesia -subraya el documento- está convocada a ser abogada de la Justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas, que claman al cielo”.
El párrafo incluido por el purpurado porteño -se pudo constatar de fuentes confiables- aún resuena en los despachos de la Casa Rosada, cuyos funcionarios más conspicuos ensayaron una réplica apenas salió de la boca del arzobispo en mayo pasado.
Fue cuando el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, sugirió a Bergoglio “estudiar un poquito (los índices macroeconómicos) antes de hablar” y reconocer los logros de presidente Néstor Kirchner en materia social.
Otro de los puntos que desvela a los obispos es la consolidación de las democracias latinoamericanas, porque aseguran “compete a la Iglesia colaborar” en esa tarea. A pesar de valorar el “positivo proceso de democratización” en la región, los prelados estiman que existen “graves retos y amenazas de desvíos autoritarios”, aunque sin puntualizar a quién o quiénes se refieren. No obstante, los presidentes Hugo Chávez (Venezuela) y Evo Morales (Bolivia) se sintieron tocados por ese renglón del documento, por lo que recomendaron a los obispos que se dedicaran a rezar y no a entrometerse en asuntos civiles.
Hoy las cúpulas episcopales están enfrentadas con ambos mandatarios por las reformas constitucionales en esos países, porque advierten que tienen un sesgo autoritario y sólo buscan la perpetuidad del poder. El mayor cruce verbal se da en suelo venezolano, donde el arzobispo Baltazar Porras advirtió que Chávez encamina el país hacia “una dictadura”, después de que el primer mandatario lo acusó de llevar “el diablo bajo la sotana”. Frente a este panorama, la Iglesia latinoamericana propone “educar para la paz, dar seriedad y credibilidad a la continuidad de las instituciones civiles, defender y promover los derechos humanos, custodiar en especial la liberta religiosa y cooperar para suscitar los mayores consensos nacionales”.
Y si bien dicen haber asumido el compromiso de “seguir dando respuestas” a esas problemáticas sociopolíticas, los obispos aspiran a profundizar la identidad cristiana de los católicos y a recuperar los fieles perdidos desde una visión no proselitista. Tal el eje de la gran misión continental que acaban de empezar.







