El sabroso queso estatal
El Estado nacional es un gruyere, pero con demasiados agujeros; y por ellos se pierde el jefe de Gabinete para hablar sólo de lo que él quiere y eludir sistemáticamente el diálogo. Por Angel Anaya - Columnista.
14 Julio 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- No comprende, ha confesado el jefe del Gabinete, por qué en el Congreso se pretende interpelar a Felisa Miceli y a Romina Picolotti. También se pregunta Alberto Fernández “por qué los que estamos en el Gobierno debemos hacer lo que dice la oposición y por qué la oposición no hace lo que quiere el Gobierno”.“That is the question”, afirma Hamlet tras su duda sobre ser o no ser. El Estado es ya desde hace mucho tiempo un sabroso gruyere, pero con demasiados agujeros; y por ellos se pierde el jefe del Gabinete, optando por el monólogo y eludiendo el diálogo. La oposición, empecinada, pretende interpelar a la ministra de Economía y a la secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, algo que difícilmente logre mientras la senadora Fernández de Kirchner, que preside Asuntos Constitucionales del Senado, se mantenga ocupada por reuniones en el Poder Ejecutivo y no en esa comisión, virtualmente inoperante por su prolongado ausentismo.
“No hay que asustarse ante lo nuevo ni ante lo diferente, porque eso es lo que hace que la filosofía, la política, la vida, en definitiva, tengan sentido”, expresó la primera dama en el congreso de filosofía de San Juan, como si arrojara luz sobre las vacilaciones de Fernández. Entre tanto, la Auditoría General de la Nación desmentía al jefe del Gabinete, informando públicamente que el organismo desconocía los manejos de Picolotti.
Tratar de hallar una línea firme de pensamiento en la gestión gubernamental se ha convertido para el análisis en una faena bastante compleja, después de la virtual ruptura del poder con los medios de comunicación.
La mejor manera de eludir un cerco es pensar que no se está cercado y esa parece ser la fórmula para resolver el laberinto de aquellos agujeros por donde circulan cada vez más situaciones perturbadoras. Por ejemplo, el fiscal Carlos Stornelli, a quien se pretendió indirectamente desalojar mediante los fundamentos de un burdo decreto, reaparece una vez más pidiendo la indagatoria de Guillermo Moreno por manipulación del Indec, mientras el personal del organismo se mantiene en huelga por sus intromisiones y consecuencias. Moreno, como Miceli y Picolotti gozan del respaldo público y fotográfico del Presidente, que prefiere que sea Alberto Fernández quien explique, a su modo, las razones de esos blindajes, pero sin diálogo con “los pícaros” periodistas.
Por su parte, el ministro de Planeamiento, Julio De Vido, es el comunicador de los dilemas energéticos, aunque se resiste a explicar por qué a su reunión previa y de empresarios petroleros con Kirchner y la primera dama no fue invitado el presidente de Shell, uno de los muy pocos que le da portazos a Moreno. Es de esperar, no obstante, que la empresa anglo-holandesa sea también subsidiada con el dinero de todos para vender gasoil más barato, tratando de moderar los efectos de la crisis energética. (De nuestra Sucursal)
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