02 Julio 2007 Seguir en 
Triste paradoja es la que enfrenta el fútbol argentino por culpa de los violentos. De ser el más popular de los deportes, ver partidos que definen ascensos en las competencias metropolitanas sin público en las tribunas parece condenarlos a un espectáculo privado. La medida extrema tomada por las autoridades fue consecuencia directa de los últimos acontecimientos, con trágico desenlace en el partido que jugaron Nueva Chicago y Tigre, por una plaza en Primera, en que fue asesinado un hincha. Y aunque ahora se impone una pausa en la competencia del primer semestre del año, ya hay quienes han tomado decisiones de fondo, como obligar a que al menos los partidos del próximo Nacional "B" se jueguen sin público visitante.
Luego de los violentos incidentes ocurridos en Mataderos, se practicaron allanamientos al estadio y a la sede del club, con resultados sorprendentes y lamentables: uno de ellos fue que en una caja fuerte de la sede social se encontraron dos sobres separados con entradas, discriminados con los nombres de socios, y el otro con los de barrabravas. Por otro lado, se secuestraron varios objetos punzantes y cortantes, lo que constituye una clara prueba de la impunidad con que los bárbaros se mueven en un estadio. Ambos detalles, en definitiva, marcan una vez más la escandalosa connivencia que hay entre ciertos dirigentes y barras bravas, un lazo cuyos dolorosos resultados saltan a la vista con frecuencia inusitada. A nivel deportivo, el equipo de Nueva Chicago quedó expuesto a sufrir un descuento de entre 3 y 30 puntos según se deduce del artículo 80 del Reglamento de penas y transgresiones deportivas de la AFA. La cantidad de puntos será decidida por el Tribunal de Disciplina de acuerdo con la gravedad de los hechos, como lo expresa la letra de la regla. En lo institucional, aún se desconoce qué puede suceder, a partir de las investigaciones que se llevan a cabo y que alcanzarán los diez días, hasta que dure el secreto del sumario.
Con respecto al impedimento al ingreso de simpatizantes visitantes, tomado por la mesa directiva de la segunda categoría, la medida constituye una primera reacción de quienes conducen instituciones con el objetivo de atenuar la violencia y de bajar los costos de los operativos policiales. Estos son cada día más grandes y generan erogaciones a los clubes, muchos de los cuales no están en condiciones de hacerles frente. La medida tuvo también una fuerte motivación en los pedidos expresos que llegaron desde los organismos de seguridad de Capital Federal y de la Provincia de Buenos Aires. Un directivo de Quilmes pintó con claridad el estado emocional de a sus pares. "Estamos hartos de las cosas que suceden. Sinceramente, es lamentable, pero hay que hacerse eco de la realidad", remarcó.
La decisión tomada en la "B" Nacional, sin embargo, no tendrá una extensión a la competencia por el Argentino "A", que está bajo la órbita del Consejo Federal. En tanto, la mesa directiva de la "B" Metropolitana analiza por estas horas si adopta la misma postura en torno de este tema. Lo llamativo del caso es que los disturbios de Mataderos se dieron en el marco de una cancha de un club de Primera, una categoría a la que todavía no alcanzaron las decisiones de jugar sin público.
Sin dudas, este tipo de medidas prohibitivas son un guiño que por ahora no logran disimular el sentimiento de impotencia que domina ya no sólo a los dirigentes de los clubes sino a la sociedad. Como siempre, ante cada acontecimiento de este tipo cabe el repudio, pero también el pedido para que quienes deciden no duden en aplicar todo el peso de la ley, tanto civil y penal como deportiva.
Luego de los violentos incidentes ocurridos en Mataderos, se practicaron allanamientos al estadio y a la sede del club, con resultados sorprendentes y lamentables: uno de ellos fue que en una caja fuerte de la sede social se encontraron dos sobres separados con entradas, discriminados con los nombres de socios, y el otro con los de barrabravas. Por otro lado, se secuestraron varios objetos punzantes y cortantes, lo que constituye una clara prueba de la impunidad con que los bárbaros se mueven en un estadio. Ambos detalles, en definitiva, marcan una vez más la escandalosa connivencia que hay entre ciertos dirigentes y barras bravas, un lazo cuyos dolorosos resultados saltan a la vista con frecuencia inusitada. A nivel deportivo, el equipo de Nueva Chicago quedó expuesto a sufrir un descuento de entre 3 y 30 puntos según se deduce del artículo 80 del Reglamento de penas y transgresiones deportivas de la AFA. La cantidad de puntos será decidida por el Tribunal de Disciplina de acuerdo con la gravedad de los hechos, como lo expresa la letra de la regla. En lo institucional, aún se desconoce qué puede suceder, a partir de las investigaciones que se llevan a cabo y que alcanzarán los diez días, hasta que dure el secreto del sumario.
Con respecto al impedimento al ingreso de simpatizantes visitantes, tomado por la mesa directiva de la segunda categoría, la medida constituye una primera reacción de quienes conducen instituciones con el objetivo de atenuar la violencia y de bajar los costos de los operativos policiales. Estos son cada día más grandes y generan erogaciones a los clubes, muchos de los cuales no están en condiciones de hacerles frente. La medida tuvo también una fuerte motivación en los pedidos expresos que llegaron desde los organismos de seguridad de Capital Federal y de la Provincia de Buenos Aires. Un directivo de Quilmes pintó con claridad el estado emocional de a sus pares. "Estamos hartos de las cosas que suceden. Sinceramente, es lamentable, pero hay que hacerse eco de la realidad", remarcó.
La decisión tomada en la "B" Nacional, sin embargo, no tendrá una extensión a la competencia por el Argentino "A", que está bajo la órbita del Consejo Federal. En tanto, la mesa directiva de la "B" Metropolitana analiza por estas horas si adopta la misma postura en torno de este tema. Lo llamativo del caso es que los disturbios de Mataderos se dieron en el marco de una cancha de un club de Primera, una categoría a la que todavía no alcanzaron las decisiones de jugar sin público.
Sin dudas, este tipo de medidas prohibitivas son un guiño que por ahora no logran disimular el sentimiento de impotencia que domina ya no sólo a los dirigentes de los clubes sino a la sociedad. Como siempre, ante cada acontecimiento de este tipo cabe el repudio, pero también el pedido para que quienes deciden no duden en aplicar todo el peso de la ley, tanto civil y penal como deportiva.







