Se debe cuidar la plaza Independencia

28 Junio 2007
En un pueblo o en una ciudad, la plaza siempre ha sido un lugar de encuentro de sus habitantes. Es como un ombligo alrededor del cual crece una comunidad. Las plazas principales también han sido -y lo son- cajas de resonancia de la expresión de una sociedad. Suelen ser uno de los lugares más cuidados de toda urbe y uno de los orgullos de quienes la habitan. Los ciudadanos confluyen en ella para pasear, para expresar sus alegrías, para los actos patrios y políticos, pero también para manifestar su queja en contra de los gobernantes.
Desde hace mucho tiempo, la plaza Independencia ha dejado de ser lo que era, es decir un paseo bien cuidado, con césped, limpio. Las protestas casi diarias, que incluyen quemas de gomas, cortes en el tránsito, vendedores ambulantes, carpas, encadenados, han ido convirtiendo a nuestro principal paseo público en un campo de batalla. Cualquier insatisfacción popular es motivo para que la gente la exprese en la plaza frente a la Casa de Gobierno.
Esta acción genera a menudo perjuicios en los otros ciudadanos que son ajenos al problema. Cuando ello sucede se generan notables embotellamientos en el tránsito, sobre todo en un microcentro que resulta ya pequeño para la circulación de miles de vehículos y para los mismos peatones, que pueden blancos de alguna agresión inesperada cuando se producen hechos de violencia.
Pero también se emplea la plaza para espectáculos musicales o desfiles de moda, como si en toda la ciudad no hubiese ámbitos adecuados para estas expresiones culturales al aire libre. Tal vez los gobernantes de turno insisten en usar el paseo como un escenario con la idea de que así obtienen réditos políticos o quizás por carecer de imaginación, no apelan a otros lugares ideales como el parque 9 de Julio o el mismo hipódromo, donde todos los años la Orquesta Sinfónica de la UNT brinda su concierto navideño con un éxito cada vez mayor. De ese modo, ningún ciudadano se ve afectado en su derecho de transitar libremente por su ciudad.
En mayo pasado, el encuentro de gobernadores brasileños y del NOA se realizó en la sede del Jockey Club, ubicada en San Martín al 400. Por razones de seguridad, se prohibió durante una buena parte del día toda circulación vehicular y peatonal en el sector circundante a la plaza Independencia. Esta situación generó el malestar de cientos de tucumanos que debían realizar un largo rodeo para llevar a sus hijos a la escuela o para llegar a sus lugares de trabajo.
En otros casos, cuando la violencia se adueña de los manifestantes, se arrancan las baldosas para usarlas como arma, ya sea para atacar o para defenderse de la eventual represión. Naturalmente que cuando el principal paseo público se convierte diariamente en un escenario para comunicar el malestar contra las políticas de los gobernantes, significa que los ciudadanos no son escuchados por sus representantes y no encuentran el carril adecuado para canalizar la protesta.
Esta indiferencia o impotencia los lleva no sólo a desembarcar en la plaza Independencia, sino también a cortar rutas, puentes y caminos. Esta práctica, que se ha convertido una peligrosa costumbre, no sólo afecta a miles de personas que no están involucradas en el conflicto, sino que también se brinda una pobre imagen de Tucumán a quienes nos visitan.
Las consideraciones expuestas llevan a concluir que la plaza Independencia debe ser preservada porque es patrimonio de todos. Es responsabilidad de los ciudadanos y de los gobernantes comprender el concepto.

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