Juzgarán a tres profesionales por la muerte de Güido Robles

La médica y el anestesista que operaron al niño, y la enfermera que los asistió, están acusados de homicidio culposo porque no realizaron los controles. Al pequeño, al que le extirparon las amígdalas, sufrió un paro cardiorrespiratorio y murió días después.

26 Junio 2007
La fiscal Adriana Giannoni solicitó que la médica Mónica Marcela Barán, el anestesista Enrique Gómez, y la enfermera Juana Patricia Soria, sean juzgados por homicidio culposo por mala praxis, pues los consideran responsables de la muerte del menor Güido Robles, de 10 años.
El 14 de julio de 2003, el niño fue operado de amígdalas en el sanatorio 9 de Julio. Según consta en el expediente, después de la operación, Gómez le aplicó una droga para estabilizar los problemas respiratorios que padecía Güido y luego se lo trasladó a una sala. Allí sufrió un paro cardiorespiratorio y, días después, murió.
La causa cayó en manos del ex fiscal Gustavo Estofán que, en una polémica medida, decidió archivarla. Los familiares de Robles pidieron el juicio político al funcionario. El planteo fue aceptado por la Legislatura de la Provincia, pero el cuestionado funcionario renunció a su cargo antes de enfrentar el proceso.
Por resolución de la Suprema Corte de Justicia, se inició entonces una nueva investigación, tarea que cayó en manos de Teresita Marnero y que concluyó Giannoni. A los tres imputados se les cuestiona la labor que realizaron luego de la operación. A Barán, por ejemplo, la acusan de no haber tomado los recaudos necesarios para evitar que el niño sufriera una depresión respiratoria y de que no hizo los controles de rigor antes de retirarse del sanatorio para realizar trámites personales. También se objetó que la acusada no dejó indicación alguna a la enfermera que debía cuidarlo.
Al anestesista Gómez, en cambio, se lo responsabiliza de no haber trasladado al paciente a un lugar que contara con los servicios necesarios para prevenir un paro cardiorrespiratorio. También lo acusan de no haber recomendado a la enfermera los cuidados que debía tener si se presentaban problemas.
Por último, según la fiscal, la enfermera Soria no pidió a los profesionales la historia clínica ni indicaciones posquirúrgicas. También le cuestionó el hecho de que no haya realizado los controles oportunos que le hubieran permitido advertir que Güido había sufrido un paro cardiorrespiratorio.

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