Un diálogo muy condicionado

Persiste la preocupación por el grado de incomunicación que se registra, desde hace bastante tiempo, entre la Iglesia y el Gobierno. Por Guillermo Villareal, columnista de la agencia DyN.

24 Junio 2007
El Episcopado argentino que conduce el cardenal Jorge Bergoglio pone condiciones al diálogo institucional que reclama, pero el gobierno de Néstor Kirchner rechaza los requisitos eclesiásticos para formalizar una audiencia, a punto de cumplir tres años sin concretarse. Cerrazón bipolar que podría abrirse si las partes accedieran la semana próxima a un encuentro preliminar del primado con el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, durante las jornadas sociales de Mar del Plata.
Un paso intermedio que ni la Iglesia ni el Gobierno se manifiestan dispuestos a dar, porque consideran -según pudo constatar DyN- que una reunión en esa instancia carece hoy de peso específico para alcanzar el objetivo de máxima. Es decir, lograr que Kirchner y Bergoglio se sienten cara a cara.
A ese prejuicio se suma el hecho de que Bergoglio prevé un paso fugaz el sábado por la ciudad balnearia para hablar sobre “El desafío de ser ciudadanos” frente a legisladores, empresarios, sindicalistas y actores sociales. E inclusive -se especula en ambientes religiosos- evitará cruzarse con el secretario general de la CGT, Hugo Moyano.
En tanto, Oliveri recién arribará la noche del sábado para participar de la sesión del domingo sobre gestión pública, aunque llevará consigo -revelaron fuentes gubernamentales- el mandato presidencial de no abrir espacios de diálogo que no incluyan un pedido concreto de audiencia con el jefe de Estado.
La idea de juntarlos es apenas un intento de buenos oficios del titular de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, que expresa preocupación por el grado de incomunicación entre Iglesia y Gobierno en su máximo nivel de representación.
“La escasa o nula comunicación entre el primer mandatario y el titular del Episcopado no implica que no haya diálogo, porque lo hay en instancias intermedias”, aclaró el prelado sanisidrense que auspicia las jornadas sociales sobre “Ser ciudadano”, por realizarse del 29 de junio al 1 de julio en Mar del Plata.
Sin embargo, esos gestos de acercamiento de las segundas líneas no ponen fecha cierta a una cumbre Kirchner-Bergoglio largamente anunciada y postergada. Tampoco ayuda la estrategia de diálogo paso a paso que ensaya la cúpula episcopal que, tras reunirse en diciembre de 2006 con miembro de la Corte Suprema, se quejó en dos oportunidades -el 27 de diciembre 2006 y el 17 de abril 2007- de no recibir respuestas a sus pedidos de audiencia a los presidente del Senado y Diputados, Daniel Scioli y Alberto Balestrini.
La intención religiosa chocó con las suspicacias del gobierno, que frenó la visita al Congreso y congeló un probable pedido de audiencia con Kirchner.
Si bien el propio secretario general, monseñor Sergio Fenoy, descartó que pueda tratarse de un problema de “orden”, operadores gubernamentales atribuyen la negativa a que la movida episcopal no conlleva una garantía absoluta de que el círculo vaya a cerrarse en Balcarce 50.
Diálogo trunco que el sacerdote de línea progresista Eduardo de la Serna atribuye a responsabilidades compartidas. Kirchner por su “cierta intolerancia a cualquier cosa que suene a opositora” y Bergoglio porque su prédica encriptada “puede leerse como una posición negativa o crítica hacia el Gobierno”.
Para otros clérigos la tensión tienen raíces ideológicas, por cuestiones tales como aborto, división de poderes, política sanitaria, derechos humanos, distribución de la riqueza y un largo etcétera.

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