Por temor al homicida, de noche no hay un alma en las calles de Los Pizarro
Los lugareños se encierran en sus casas y ponen llave en las puertas. Están convencidos de que Vera intentará continuar con su plan de venganza. Esta mañana suspendieron la búsqueda en los montes del este y comenzaron a rastrillar hacia el oeste.
22 Junio 2007 Seguir en 
El miedo los empuja tras las paredes de sus casas. En Los Pizarro, el pueblo ubicado a seis kilómetros de La Cocha, la vida ya no es la misma. Desde hace nueve días, cuando Jorge Orlando Vera asesinó a su familia, los vecinos se esconden. Todos creen que el homicida aún no terminó con su plan de venganza.
De noche la oscuridad se cierne sobre el pequeño pueblo y los lugareños se refugian en sus viviendas. Desde la comisaría de la zona dijeron que nadie sale a las calles tras las puestas del sol. Los policías creen que ya se vive una especie de psicosis colectiva.
Al haberse criado en la zona, Vera es un conocedor de los parajes, por lo que su captura se hace más difícil. Tras vanos intentos en la región este, los policías decidieron hoy suspender la búsqueda en esa llanura y extenderla hacia el oeste, donde ahora creen que podría estar oculto el homicida.
De acuerdo con los datos que pudo recoger la Policía, el frío y el hambre empujarían al sujeto hacia los sitios habitados. Según los investigadores, había estudiado hacia dónde escaparía luego de cometer la masacre, por lo que les lleva una considerable ventaja a sus perseguidores.
El sábado 9, el prófugo salió del penal de Concepción, con el beneficio de una licencia excepcional por 48 horas y con la promesa de retornar el lunes siguiente. Pero, en cambio, se dirigió hacia Los Pizarro y asesinó a su esposa Olga Zamudio y a sus hijos Gustavo Antonio y Jorge Luis. Después de atarlos y de amordazarlos con cinta de embalaje, los lastimó con un cuchillo y luego les disparó a quemarropa con una pistola.
Un hermano del atacante, Carlos Vera, dio aviso de lo sucedido cuando uno de sus sobrinos llegó agonizando hasta su casa. Al ingresar en la vivienda, se encontró con la escena dantesca: su cuñada y el menor de los sobrinos yacían muertos en el suelo. Gustavo fue trasladado al hospital de la zona, pero llegó sin vida. LA GACETA (C)
De noche la oscuridad se cierne sobre el pequeño pueblo y los lugareños se refugian en sus viviendas. Desde la comisaría de la zona dijeron que nadie sale a las calles tras las puestas del sol. Los policías creen que ya se vive una especie de psicosis colectiva.
Al haberse criado en la zona, Vera es un conocedor de los parajes, por lo que su captura se hace más difícil. Tras vanos intentos en la región este, los policías decidieron hoy suspender la búsqueda en esa llanura y extenderla hacia el oeste, donde ahora creen que podría estar oculto el homicida.
De acuerdo con los datos que pudo recoger la Policía, el frío y el hambre empujarían al sujeto hacia los sitios habitados. Según los investigadores, había estudiado hacia dónde escaparía luego de cometer la masacre, por lo que les lleva una considerable ventaja a sus perseguidores.
El sábado 9, el prófugo salió del penal de Concepción, con el beneficio de una licencia excepcional por 48 horas y con la promesa de retornar el lunes siguiente. Pero, en cambio, se dirigió hacia Los Pizarro y asesinó a su esposa Olga Zamudio y a sus hijos Gustavo Antonio y Jorge Luis. Después de atarlos y de amordazarlos con cinta de embalaje, los lastimó con un cuchillo y luego les disparó a quemarropa con una pistola.
Un hermano del atacante, Carlos Vera, dio aviso de lo sucedido cuando uno de sus sobrinos llegó agonizando hasta su casa. Al ingresar en la vivienda, se encontró con la escena dantesca: su cuñada y el menor de los sobrinos yacían muertos en el suelo. Gustavo fue trasladado al hospital de la zona, pero llegó sin vida. LA GACETA (C)







