La decepcionante autonomía porteña
Los colores nacionales estuvieron ayer casi ausentes en la Capital. Porteños insatisfechos con su dirigencia. Piden a Kirchner que el Día de la Bandera se celebre en su fecha real. Por Angel Anaya - Columnista.
21 Junio 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Tradicionalmente, el humor de los porteños muestra su temperatura en los festejos patrios. Y ayer, Día de la Bandera, como ocurrió el último 25 de Mayo, los colores nacionales estuvieron bastante más ausentes que presentes en balcones y vestimentas. Pero ese humor, más frío que indiferente, fue el fruto evidente de la fatiga mental que ha dejado en el rompeolas federal la liza política implacable, que aturde y perturba más de lo razonable.Los porteños no están satisfechos con sus dirigentes desde hace mucho tiempo, y eso los lleva a pensar que una de las causas podría ser la autonomía institucional de la Ciudad de Buenos Aires, con la que se inició un lento pero creciente proceso de deterioro urbano, cuya más visible transformación se produjo en el ejemplar barrio de Puerto Madero, producto de la concesión del poder central a la actividad privada.
El proyecto sigue incorporando espectaculares realizaciones con la misma intensidad que en sus primeros pasos y ha logrado que Buenos Aires deje de darle la espalda al gran río y sorprenda a sus visitantes.
Naturalmente, ese aspecto negativo de la autonomía porteña no la descalifica, pues su pretensión original fue alejarla del implacable y creciente centralismo de la Plaza de Mayo, donde ya hace mucho tiempo, por la baja calidad de las dirigencias políticas, naufragó el espíritu federalista.
El signo de la impuntualidad
La capitalidad de la Nación se trasladó a Rosario, donde los 50 años del Monumento a la Bandera permitieron recordar tiempos de mayor certidumbre respecto de los destinos del país, pues el festejo no era ocasión, por aquellos días, de oportunistas señuelos electorales. "No fue puntual", se quejaron del Presidente los rosarinos, habituados a que esas ceremonias, cualesquiera que sean su trascendencia o su dignidad, transcurran con la exactitud merecida, pues el tiempo y la precisión son condiciones ineludibles de la solemnidad. La numerosa comitiva presidencial debió observar un comportamiento medido, por el hecho de estar en una ciudad adversa, mas Kirchner regresó llevando consigo un pedido difícil de eludir: que el Día de la Bandera se celebre en su fecha real, honrando el significado que perdió para beneficiar los intereses turísticos de los fines de semana largos. Es muy probable que así ocurra, pues la solicitud se produce precisamente en territorio de un alcalde socialista, Miguel Lifschitz, cuyo líder, Hermes Binner, también presente, es el favorito no kirchnerista para alcanzar la gobernación de Santa Fe el 2 de setiembre. (De nuestra Sucursal)
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