Cada vez más menores participan en homicidios

Ya hay 11 adolescentes que están siendo investigados por su participación en distintos crímenes que conmovieron a los tucumanos.

PELIGROSO. Un policía muestra el arma que le incautó a un menor que fue atrapado por cometer un delito.  LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
PELIGROSO. Un policía muestra el arma que le incautó a un menor que fue atrapado por cometer un delito. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
10 Junio 2007
"Si no disparaba, él me mataba a mí", dijo "Juanqui". Con la misma frialdad, el menor de 16 años que pesa menos de 60 kilos, el domingo a la madrugada, empuñó una pistola 11.25 y disparó contra José Salvador Macareño, que murió a las horas.
En Tribunales ya no se sorprenden con este tipo de historias. Según confirmaron fuentes oficiales, en lo que va del año, se incrementó un 30% la participación de menores en delitos tan aberrantes como lo son los homicidios. El año pasado, los dos jueces de Menores atendieron casos en los que participaron ocho adolescentes y, en el primer semestre de 2007, ya son 11 los que están acusados en seis casos diferentes.
De estos adolescentes cinco son menores de 15 años, es decir, que al ser inimputables, nunca se los juzgará por los crímenes que cometieron. Los otros seis, se sentarán ante un Tribunal después de que cumplan los 18 años.
Los chicos tienen algo en común. Viven en la periferia de la ciudad, donde la marginalidad y la pobreza están a la orden del día. Sus familias no están bien constituidas y, en la mayoría de los casos, la droga forma parte de su vida.
El pasado también es una enorme carga para todos estos menores. Muchos de ellos tienen algún pariente que recibió alguna condena o que se encuentran detenidos en el penal de Villa Urquiza. "Saben lo que es el delito porque lo aprendieron desde muy chiquitos. Tienen modelos para imitar", señaló un fiscal que investigó dos homicidios perpetrados por adolescentes. El subcomisario Miguel Gómez, futuro titular de la Sección Homicidios de la Policía, se mostró sorprendido por lo que está pasando. "A pesar de su corta edad, nos llama la atención la madurez que tienen para cometer este tipo de crímenes. La conducta es propia de gente que creció a la par del delito", explicó.

Preocupación
"La situación es alarmante", disparó el juez de Menores, Raúl Ruiz. "Esta es una consecuencia directa de la ruptura de la base familiar, de la crisis económica y social que padece la provincia", destacó el magistrado.
Ruiz sostiene que la falta de una buena política de seguridad ha generado un lamentable fenómeno en la periferia de la ciudad. "Existen bandas de menores armadas que no tienen ningún respeto por la vida. No sólo hablo de la de terceros, sino la de ellos también. Cómo hacen para conseguir armas, por qué nadie detiene a los líderes de los grupos, que son mayores. Esas son algunas de las preguntas que me hago", explicó.
Para los jueces, aunque no lo reconocen, recibir un caso de homicidio cometido por menores, es lo mismo que recoger una brasa. Saben que no es conveniente encerrar al menor hasta que cumpla la mayoría de edad, pero no desconocen que, si lo deja en libertad, a los pocos días, serán el blanco de las críticas de toda la sociedad.
Ruiz sostiene que se enfrenta a distintos problemas que impiden que los chicos puedan ser reinsertados a la sociedad. "En primer lugar, no tenemos un lugar adecuado para alojarlos, donde puedan hacer un tratamiento para rehabilitarlos de su adicción. También tenemos que luchar para que puedan seguir estudiando porque las directoras de las escuelas no quieren recibirlos. Así es muy difícil", concluyó.

ANALISIS
Hay preguntas que siguen aún sin respuestas

Por Gustavo Rodríguez - Redacción LA GACETA.
Parecen fantasmas o monstruos de películas futuristas. Caminan los pasillos esposados y con los pulóveres por encima de la cabeza. No tienen miedo y mucho menos, ganas de llorar por lo que hicieron. Están acostumbrados o "curtidos" como dicen los guardias que los trasladan.
En los barrios de la periferia ya saben lo que es vivir con ellos. Saben que son capaces de hacer cualquier cosa por seguir sobreviviendo en una sociedad que les dio la espalda durante años. Permanentemente fueron excluidos por un sistema perverso y ahora, después de que le arrebataron la vida a un ser humano, buscan la manera de reinsertarlos sin tener los medios necesarios para concretarlos.
Cómo puede recuperarse un joven si no existe un lugar seguro donde pueda estar para rehacer su vidas. Cómo es posible que abandone la droga si es que no existe un centro de rehabilitación del Estado. Cómo puede crecer si es que las escuelas no permiten su ingreso por el simple hecho de haber tenido problemas con la ley. Esos son algunos de los interrogantes que, desde hace mucho tiempo, siguen sin responderse.

Tamaño texto
Comentarios