10 Junio 2007 Seguir en 
El sistema de gasoductos troncales de la Argentina tienen una capacidad de transporte del orden de los 130/140 millones de metros cúbicos diarios, y durante la última crisis el sistema operó con un déficit de 20 millones de metros cúbicos. Cuando la ola de frío invadió Tucumán, los pocos ingenios que habían comenzado la zafra y las citrícolas se habían visto obligados a suspender sus actividades por efecto de las lluvias, que cargaron de humedad los campos e impidieron la cosecha de materias primas. Sin embargo, la restricción perjudicó especialmente a tres industrias: Papelera Tucumán, Santista Textil y Misky, de Arcor. Inclusive, la distribuidora Gasnor realizó fuertes controles para suspervisar que las empresas no tomaran gas de la red pese a la limitación de la oferta del fluido.
El industrial citricultor Daniel Lucci tuvo que recurrir al gas licuado para abastecer a su fábrica, combustible cuyo precio es ocho veces mayor al del gas natural. En este contexto de crisis, cuestionó duramente la imprevisión del Gobierno nacional en atender los problemas. En Santista Textil, la falta de gas obligó a que más de la mitad de la planta deba suspender sus tareas, con lo que se generó un retraso en las entregas previstas y una pérdida económica. De manera similar perjudicó la restricción energética a Papelera Tucumán.
Walter Fuentes, ejecutivo del ingenio Cruz Alta, dijo que parar una fábrica azucarera en plena marcha significa un alto costo, en especial en combustibles, que surge del reencendido de las grandes calderas. Pero no sólo a los industriales azucareros perjudica la parálisis de los ingenios. "Si la parada dura varios días, no podemos enviar la caña y eso es un daño al sistema, porque la materia prima no puede quedar estacionada, por el riesgo de que se pierdan rindes", indicó el presidente de UCIT, Sergio Fara.
El industrial citricultor Daniel Lucci tuvo que recurrir al gas licuado para abastecer a su fábrica, combustible cuyo precio es ocho veces mayor al del gas natural. En este contexto de crisis, cuestionó duramente la imprevisión del Gobierno nacional en atender los problemas. En Santista Textil, la falta de gas obligó a que más de la mitad de la planta deba suspender sus tareas, con lo que se generó un retraso en las entregas previstas y una pérdida económica. De manera similar perjudicó la restricción energética a Papelera Tucumán.
Walter Fuentes, ejecutivo del ingenio Cruz Alta, dijo que parar una fábrica azucarera en plena marcha significa un alto costo, en especial en combustibles, que surge del reencendido de las grandes calderas. Pero no sólo a los industriales azucareros perjudica la parálisis de los ingenios. "Si la parada dura varios días, no podemos enviar la caña y eso es un daño al sistema, porque la materia prima no puede quedar estacionada, por el riesgo de que se pierdan rindes", indicó el presidente de UCIT, Sergio Fara.






