10 Junio 2007 Seguir en 
Las industrias y los grandes usuarios de electricidad de Tucumán fueron los afectados por la restricción energética que se impuso en la Argentina entre fines del mes pasado y principios del corriente, por efecto de una ola polar sin precedentes que castigó a todo el país. Las fábricas cuya producción depende del gas y no tenían combustible alternativo como fuel oil, gasoil o gas licuado -ingenios, citrícolas, una fábrica de golosinas, una textil y una papelera-, tuvieron que parar totalmente la producción durante tres o cuatro días, mientras que las que son "electro-dependientes" debieron reducir su consumo eléctrico en un 30 % en horarios pico. Frente a un escenario de real emergencia, el Gobierno nacional dispuso estas medidas, que por primera vez en los últimos años perjudica a los usuarios de gas con contratos de transporte "en firme", para evitar cortes o restricciones en el suministro a los consumidores residenciales, tanto del fluido como de energía eléctrica.
Los sistemas de electricidad y gas hoy en día están íntimamente relacionados entre sí, debido a que el 64% de la energía eléctrica generada es originada por el gas natural. Desde las privatizados se asegura que el sistema interconectado nacional atraviesa la peor crisis desde los cortes y racionamientos de 1988, pese a que este panorama ya había sido previsto y anunciado con anterioridad por las compañías. Según las empresas, estos hechos demostraron con claridad que se llegó al límite de la capacidad energética instalada en la Argentina, debido a la falta de inversiones en el sector y a la sobreexigencia de un sistema que trabaja desde hace seis años con casi la misma potencia instalada y atendiendo a una constante demanda, que ha crecido sostenidamente en el orden del 28% en el sector eléctrico y del 26% en el sector gasífero desde 2001. Mientras tanto, las tarifas se mantienen artificialmente congeladas a valores ínfimos desde la crisis devaluatoria ocurrida ya hace casi seis años.
La potencia instalada en generación de energía eléctrica, se mantuvo constante en 23.000 MW hasta la fecha, mientras que el sistema gasífero se encuentra en la misma situación que el de la energía eléctrica. Esto significa que la producción de gas en los pozos se mantiene casi sin cambios desde 2002 hasta la fecha, en el orden de los 50.000 millones de metros cúbicos anuales, mientras que el transporte de gas natural registró un crecimiento ínfimo en los últimos años: en 1990 se transportaban 71 millones de metros cúbicos día; en 2000 llegó a 121 millones y en 2007 esta cifra se elevó a 126 millones; es decir, sólo un 4% en los últimos siete años.
Debido al congelamiento tarifario en los servicios de gas natural, el Gobierno nacional se vio obligado a apelar al sistema de fideicomisos para poder ampliar la capacidad de transporte, aplicando para ello cargos específicos a los usuarios industriales que llegan a quintuplicar los costos tarifarios existentes. Esta metodología tiene el agravante de que genera discriminación y distorsión, porque se aplican al sector industrial y no se lo hace con el sector comercial, GNC o residencial. Tucumán fue una de las provincias que resultó beneficiada con una obra que se construyó a partir de este esquema: la ampliación del Gasoducto del Norte posibilitó que un grupo de industrias tucumanas pueda acceder a un total de 700.000 metros cúbicos diarios de transporte de gas.
Las proyecciones sobre el futuro del sector energético no son para nada alentadoras. En la Argentina, las reservas de gas natural están disminuyendo año a año (763 billones de m3 en 2001 versus 456 billones a fines de 2005), y no se invierte en exploraciones que encuentren nuevos pozos. La incertidumbre que provoca en las petroleras la demora en la renovación de las licencias de explotación -prontas a caducar-, que debe impulsar el Gobierno nacional, retrae los proyectos de inversión. A la falta de un horizonte jurídico claro se suma la ausencia de rentabilidad en las petroleras, ya que están obligadas a vender el gas en boca de pozo a valores que no se condicen con los precios internacionales. Como consecuencia de esta situación, las compañías están consumiendo el fluido ya detectado y se estima que, con las actuales condiciones, en 13 años se terminará el gas comprobado.
El secretario de Desarrollo Productivo de la Provincia, José Ignacio Lobo Viaña, cargó sobre sí la tarea de buscar que los efectos de la crisis energética nacional impacte de la menor forma posible en los consumidores tucumanos. Sin embargo, no es optimista. "Hay que preaprarse seguro para otra crisis este mismo año, para que no nos tome por sorpresa. Si se da otra situación de restricción energética, tenemos que estar en condiciones de no parar la producción industrial", recalcó.
Anunció que esta semana viajará a Buenos Aires para intentar convencer al secretario de Combustibles de la Nación, Cristian Folgar, sobre la necesidad de que no se vuelva a interrumpir el suministro de gas a las industrias tucumanas (ingenios y citrícolas). "Son actividades cíclicas, y día de producción que se pierde no se recupera. Queremos escuchar qué nos dicen y ver si podemos tener garantizada la energía", subrayó.
Lobo Viaña dejó en claro que Tucumán no tiene inconvenientes de transporte de gas. "El problema fue faltante de fluido por exceso de consumo", resaltó. Consideró muy importante que funcionen adecuamente las centrales eléctricas, para que estas puedan bajar sus consumos de gas. Una salida es que operen con fueloil, aunque no había disponibilidad de este combustible cuando se desató el frío.
Según el secretario de Desarrollo Productivo, la parálisis de la actividad industrial de días atrás ocasionó la pérdida de 30.000 jornales diarios sólo en las actividades azucarera y citrícola. "Fue muy grave lo que pasó", insistió.
Lobo Viaña opinó que es fundamental que los ingenios sigan avanzando en los trabajos para reemplazar el consumo de gas por bagazo y en los proyectos tendientes a cogenerar energía eléctrica para la red. Admitió que estos emprendimientos demandan inversiones cuantiosas por parte de las empresas.
Los sistemas de electricidad y gas hoy en día están íntimamente relacionados entre sí, debido a que el 64% de la energía eléctrica generada es originada por el gas natural. Desde las privatizados se asegura que el sistema interconectado nacional atraviesa la peor crisis desde los cortes y racionamientos de 1988, pese a que este panorama ya había sido previsto y anunciado con anterioridad por las compañías. Según las empresas, estos hechos demostraron con claridad que se llegó al límite de la capacidad energética instalada en la Argentina, debido a la falta de inversiones en el sector y a la sobreexigencia de un sistema que trabaja desde hace seis años con casi la misma potencia instalada y atendiendo a una constante demanda, que ha crecido sostenidamente en el orden del 28% en el sector eléctrico y del 26% en el sector gasífero desde 2001. Mientras tanto, las tarifas se mantienen artificialmente congeladas a valores ínfimos desde la crisis devaluatoria ocurrida ya hace casi seis años.
La potencia instalada en generación de energía eléctrica, se mantuvo constante en 23.000 MW hasta la fecha, mientras que el sistema gasífero se encuentra en la misma situación que el de la energía eléctrica. Esto significa que la producción de gas en los pozos se mantiene casi sin cambios desde 2002 hasta la fecha, en el orden de los 50.000 millones de metros cúbicos anuales, mientras que el transporte de gas natural registró un crecimiento ínfimo en los últimos años: en 1990 se transportaban 71 millones de metros cúbicos día; en 2000 llegó a 121 millones y en 2007 esta cifra se elevó a 126 millones; es decir, sólo un 4% en los últimos siete años.
Debido al congelamiento tarifario en los servicios de gas natural, el Gobierno nacional se vio obligado a apelar al sistema de fideicomisos para poder ampliar la capacidad de transporte, aplicando para ello cargos específicos a los usuarios industriales que llegan a quintuplicar los costos tarifarios existentes. Esta metodología tiene el agravante de que genera discriminación y distorsión, porque se aplican al sector industrial y no se lo hace con el sector comercial, GNC o residencial. Tucumán fue una de las provincias que resultó beneficiada con una obra que se construyó a partir de este esquema: la ampliación del Gasoducto del Norte posibilitó que un grupo de industrias tucumanas pueda acceder a un total de 700.000 metros cúbicos diarios de transporte de gas.
Las proyecciones sobre el futuro del sector energético no son para nada alentadoras. En la Argentina, las reservas de gas natural están disminuyendo año a año (763 billones de m3 en 2001 versus 456 billones a fines de 2005), y no se invierte en exploraciones que encuentren nuevos pozos. La incertidumbre que provoca en las petroleras la demora en la renovación de las licencias de explotación -prontas a caducar-, que debe impulsar el Gobierno nacional, retrae los proyectos de inversión. A la falta de un horizonte jurídico claro se suma la ausencia de rentabilidad en las petroleras, ya que están obligadas a vender el gas en boca de pozo a valores que no se condicen con los precios internacionales. Como consecuencia de esta situación, las compañías están consumiendo el fluido ya detectado y se estima que, con las actuales condiciones, en 13 años se terminará el gas comprobado.
"Hay que prepararse para otra crisis este año"
El secretario de Desarrollo Productivo de la Provincia, José Ignacio Lobo Viaña, cargó sobre sí la tarea de buscar que los efectos de la crisis energética nacional impacte de la menor forma posible en los consumidores tucumanos. Sin embargo, no es optimista. "Hay que preaprarse seguro para otra crisis este mismo año, para que no nos tome por sorpresa. Si se da otra situación de restricción energética, tenemos que estar en condiciones de no parar la producción industrial", recalcó.
Anunció que esta semana viajará a Buenos Aires para intentar convencer al secretario de Combustibles de la Nación, Cristian Folgar, sobre la necesidad de que no se vuelva a interrumpir el suministro de gas a las industrias tucumanas (ingenios y citrícolas). "Son actividades cíclicas, y día de producción que se pierde no se recupera. Queremos escuchar qué nos dicen y ver si podemos tener garantizada la energía", subrayó.
Lobo Viaña dejó en claro que Tucumán no tiene inconvenientes de transporte de gas. "El problema fue faltante de fluido por exceso de consumo", resaltó. Consideró muy importante que funcionen adecuamente las centrales eléctricas, para que estas puedan bajar sus consumos de gas. Una salida es que operen con fueloil, aunque no había disponibilidad de este combustible cuando se desató el frío.
Según el secretario de Desarrollo Productivo, la parálisis de la actividad industrial de días atrás ocasionó la pérdida de 30.000 jornales diarios sólo en las actividades azucarera y citrícola. "Fue muy grave lo que pasó", insistió.
Lobo Viaña opinó que es fundamental que los ingenios sigan avanzando en los trabajos para reemplazar el consumo de gas por bagazo y en los proyectos tendientes a cogenerar energía eléctrica para la red. Admitió que estos emprendimientos demandan inversiones cuantiosas por parte de las empresas.






