A partir del éxito de "El silencio de los inocentes", dirigida por Jonathan Demme en 1991, la industria cinematográfica descubrió un interesante filón en la popularidad del personaje del caníbal Hannibal Lecter, un brillante psiquiatra cuya mente criminal resulta insondable para el resto de los seres humanos.
Ocho años después del primer éxito, Ridley Scott fue el encargado de realizar la segunda película de la serie, "Hannibal". Pero todavía quedaba una posibilidad más, que consistía en recurrir a "Dragón rojo", la primera novela de Thomas Harris, el creador del personaje, que marca el comienzo a las aventuras del siniestro asesino. Ya Michael Mann había hecho un filme con esta novela en 1986, "Manhunter", pero como fue un fracaso de público, fue rápidamente olvidado. Esta génesis del famoso personaje es la que toma ahora el director Brett Ratner para esta tercera parte de la historia, que cronológicamente, se ubica en el comienzo de la historia.
Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) ha sido capturado por Will Graham (Edward Norton), uno de los más brillantes investigadores del FBI, y está recluido bajo estrictas medidas de seguridad. Después de esta hazaña, el policía se retira a vivir con su familia en un tranquilo vecindario, en el que trata de evitar la atención sobre su persona. Pero una serie de crímenes lo volverá a convocar a la acción. Dos familias son masacradas en ciudades diferentes pero el patrón de los crímenes es muy similar y ambos delitos fueron cometidos en noches de luna llena. El FBI recurre a Graham porque es el único agente capaz de ponerse en el lugar de un psicópata y de adelantar los pasos que el asesino dará cuando se cumpla un nuevo ciclo lunar. Las sospechas se focalizan en un extraño empleado de un laboratorio fotográfico que tiene un tremendo pasado de sufrimiento psíquico causado por los abusos de su abuela. Es un personaje capaz de admirar los horrendos crímenes de Lecter, y por lo tanto, el arma más eficaz de Graham será pensar como lo haría el asesino, para lo cual deberá recurrir a la enferma pero brillante mente del famoso caníbal.
El elenco de esta producción se completa con la presencia de Ralph Fiennes, Harvey Keitel, Emily Watson, Philip Seymour Hoffman y Mary-Louise Parker, entre otros. El guión es de Ted Tally, a partir de la novela homónima de Thomas Harris.
Nueva etapa en la existencia de una joven periodista
Las cosas del amor parecen no ser el punto fuerte en la existencia de Jessica Stein, una joven periodista neoyorquina. La muchacha apela a todo tipo de recetas para conseguir pareja, y la realidad que la rodea la presiona cada vez más: su mejor amiga ha quedado embarazada y su hermano está a punto de casarse, por lo que son cada vez más duras las indirectas que le lanza su madre a causa de su falta de éxito en la tarea de conseguir pareja. Pero Jessica no tiene suerte y mantiene una sucesión de desafortunados encuentros con toda clase de hombres. Las experiencias son cada vez más frustrantes, por lo que sus esperanzas de encontrar a la otra mitad de su existencia entre los representantes del mundo masculino se extinguen rápidamente.
Un día, imprevistamente, se topa con un aviso en una revista de contactos, y su curiosidad se dispara. El anuncio está en la sección "mujer busca a mujer", pero esto no intimida a Jessica, quien concierta una cita con la ilusión de encontrar una nueva amiga. La desconocida resulta ser una atractiva mujer con gustos refinados y una mentalidad muy amplia en cuanto a su actitud y sus preferencias sexuales.
Un nuevo mundo se abre entonces ante Jessica, quien poco a poco se anima a explorar sus propios límites y a desafiar viejos prejuicios en la búsqueda de nuevas experiencias.
Las protagonistas de este filme, Jennifer Westfeldt y Heather Juergensen, presentaron en 1997 una obra de teatro off-Broadway en la que, a través de un conjunto de episodios, representaban en tono de comedia una serie de citas y de encuentros personales. La historia de dos mujeres que se conocen y poco a poco se animan a mantener una relación íntima cobró preeminencia sobre las otras situaciones y obró como elemento aglutinante de las demás anécdotas.
De este núcleo argumental surgió el guión de este filme, dirigido por Charles Herman-Wurmfeld, un hombre con mucha experiencia en teatro que concretó así su primer largometraje de ficción. Para suavizar de alguna manera un tema como el de las relaciones íntimas entre dos mujeres, ciertamente urticante para la conservadora sociedad norteamericana, matizó los diálogos con gags verbales y llevó las situaciones a un clima de comedia televisiva, y aligeró las situaciones con la intervención de personajes estereotipados extraídos de la clase media intelectual propios del ambiente de una ciudad tan especial como Nueva York.







