Retrato de una ciudad ocupada por policías

Cada vez se usa más a los agentes para cumplir tareas municipales. Las medidas tienen consenso social, pero no han hecho disminuir los accidentes ni las infracciones. Por Roberto Delgado, prosecretario de Redacción LA GACETA.

22 Mayo 2007
Por Roberto Delgado, prosecretario de Redacción LA GACETA.



Los tucumanos están rodeados. Poco a poco, la ciudad se ha convertido en un espacio ocupado por los policías que hacen controles de todo tipo y que tratan de poner una pauta de orden en dos ámbitos en los que ha reinado el caos: el tránsito y la diversión juvenil. Los controles de alcoholemia, sumados a los que se hacen a los motociclistas, más las "razzias" policiales en busca de jóvenes revoltosos (a los que se aprehende, se lleva a las comisarías y se multa por contravenciones) tienden a dar una imagen de acción oficial que ha sido consentida por los padres y por la misma comunidad. De hecho, hace 10 días, cuando se cumplió el aniversario de la ley que prohíbe la diversión en lugares públicos a partir de las cuatro de la mañana, apenas fue un centenar de personas a protestar frente a la Casa de Gobierno.
El que calla, otorga, dicen. Los tucumanos no se quejan. Incluso en los sondeos que se han hecho a propósito de normas como el control de alcoholemia -o la ley que prohíbe fumar en lugares públicos- han sido positivos. La ley de las cuatro de la mañana sólo ha generado quejas de los jóvenes y a nadie le importó que el Gobierno no cumpla su promesa de disponer policías para garantizar que se cubran los servicios de colectivos durante la noche, para que los chicos puedan volver a casa. Conclusión: no importa si la ley es justa o no, o si las condiciones con que nació se cumplen o no. La norma tiene efecto porque la sociedad la acepta, lo cual, mal que les pese a muchos, es positivo en una comunidad que se caracteriza por ignorar las normas. Lo mismo parece ocurrir con los controles de alcoholemia. Puestos en la disyuntiva entre accidentes o las molestias de los controles, aceptamos resignados que haya puestos policiales nocturnos. Al fin y al cabo, los policías viales parecen ser correctos y educados. Esta resignación ha caracterizado a los tucumanos con otras leyes, como la de contravenciones. Además, cuando se creó esta fuerza caminera, debutó haciendo controles de autos pirata y taxis rurales en las rutas del interior.
Ahora bien, ¿este es el camino? Las ciudades se están convirtiendo en escenarios de una batalla de voluntades entre los policías que buscan y "cazan" infractores, y los jóvenes que tratan de ingeniárselas para evadir esos controles y seguir divirtiéndose. En el medio, los otros, los adultos, los que vienen de visita a Tucumán, que se encuentran con una ciudad sitiada por policías de todas partes y llena de límites y prohibiciones. Obsesionado por corregir los hábitos de la nocturnidad, el Gobierno lanza cientos de agentes de la Policía Vial a las calles y a varios equipos del IPLA con decenas de agentes de seguridad a clausurar fiestas, mientras proliferan los festejos clandestinos. También siguen dando vueltas por las rutas los autos y los ómnibus en mal estado, y no parecen haber disminuido los accidentes de tránsito. La 38 sigue siendo la ruta de la muerte, a pesar de que está llena de controles viales.
La fuerza de la ley, para las autoridades, no está en su razonabilidad, sino en el impacto que causa en la gente, que está asustada por lo negativo de la nocturnidad y por lo doloroso de los accidentes de tránsito. Es la misma sociedad que no advirtió que las medidas de emergencia, como los lomos de burro, no sirvieron para modificar conductas y disminuir el número de tragedias.
¿Qué está fallando? No se sabe. No se hacen estadísticas. Se presiona con fuerza, pero no se persuade, ni siquiera a las mismas autoridades. Se permite que la Policía provincial secuestre y cobre multas, pero la Municipalidad no tiene poder, ni existe. Su Tribunal de Faltas carece de sistema informático y la mitad de sus multas prescriben, pese a lo cual los 350 agentes de la capital siguen haciendo 7.000 actas por mes. Ahora serán reemplazados por la provincia para labrar infracciones a quienes tiren basura a la calle.
El mismo gobernador reconoció que son normas dictadas por la emergencia, por la falta de acción de las instituciones. El problema es que acá seguiremos en manos de esas instituciones devaluadas por los mismos funcionarios. Cuando no estén, volverán los viejos vicios. Son conceptos autoritarios para enfrentar problemas surgidos precisamente de la falta de autoridad. El cantante Ignacio Copani ironizó muy bien sobre la imagen que le quedó de Tucumán. "Está linda la ciudad, ¿no? Muchos policías, ley de las cuatro de la mañana, controles de alcoholemia para evitar accidentes.... Pero, ¡Pongan otro carril si quieren evitar accidentes!".

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