30 Octubre 2002 Seguir en 
Los médicos de guardia del hospital de Niños están empezando a acostumbrarse, a la fuerza, a atender casos que tal vez ni habían imaginado cuando cursaban la carrera, sobre todo quienes se especializaron en pediatría. El número de niños heridos de bala ha aumentado, entre 1999 y lo que va de 2002, cerca de un 50%.
Según los datos que aportó el director del Hospital de Niños, Lorenzo Marcos, en 1999 ingresaron cuatro pequeños heridos de bala, en 2000 uno, en 2001 fueron 10, y en estos 10 meses de 2002 el número trepó ya a 13 casos.
Estas cifras, aunque alarmantes, están lejos todavía del 650% de incremento que se dio en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires, donde de cuatro casos promedio al año, se pasó a 30 en los últimos años, según datos publicados por el diario "La Nación". Este aumento desmesurado de niños heridos por armas de fuego tiene múltiples razones. Pero Marcos destacó "el aumento de la violencia, la delincuencia juvenil, y la necesidad de defenderse de los hogares, en los que se compran armas que muchas veces quedan al alcance de los niños". Otro problema es el de los heridos por balines de rifles de aire comprimido que, al contrario de lo que se cree sobre su supuesto escaso riesgo, causaron varias pérdidas de ojos y hubo un caso en el que, a un pequeño, el proyectil le perforó un hueso del cráneo. Marcos le dijo a LA GACETA que este año dos niños estuvieron internados en la sala de terapia intensiva a raíz de la gravedad de las heridas (ver aparte), mientras que en 2000 y 2001 no había sido necesario recurrir a esos servicios por este problema.
Otro horizontes
Esta nueva realidad requiere de los médicos de las guardias una nueva especialización en trauma pediátrico relacionado con este tipo de lesión, que hasta hace algunos años se daba casi por casualidad, generalmente ante balas perdidas sobre todo en las fiestas de fin de año. En 1997, en ocasión del II Congreso Panamericano de Trauma, Alex Haller, un experto norteamericano en trauma pediátrico, dijo que en unos pocos años a los argentinos nos iba a pasar lo que ya les había pasado a ellos -publicó "La Nación"-: iba a llegar un momento en que las lesiones por accidentes de tránsito disminuirían y, como contrapartida, comenzarían a aumentar las lesiones por armas de fuego.
Aún no hubo que lamentar muertes
El 31 de julio pasado, Nahara Albornoz, de dos años, recibió un balazo en el abdomen que la mantuvo al filo de la muerte durante alrededor de un mes. La nena estaba jugando en la puerta de su casa del barrio "Trulalá", cuando dos delincuentes se tirotearon con un policía. Por el caso está detenido como sospechoso el barrabrava Omar "Chichilo" Acevedo.
Sebastián Toro, de 9 años, recibió un balazo en el pecho el 25 de agosto pasado, en una gomería de Alderetes, disparado por otro menos que jugaba con un revólver calibre 22. Sebastián estuvo muy grave, pero también se recuperó.
Perdigonada
El último caso registrado, aunque no fue tan grave como los anteriores, se produjo el domingo de la semana pasada, cuando Gonzalo Sierra, de 11 años, recibió una perdigonada que le lesionó el cuello y una mano. El niño estaba parado sobre la tapia de su casa, en Villa Amalia, y un joven cuidador de un depósito de colectivos en desuso disparó contra él sin miramientos. La Justicia está investigando este caso.
Según los datos que aportó el director del Hospital de Niños, Lorenzo Marcos, en 1999 ingresaron cuatro pequeños heridos de bala, en 2000 uno, en 2001 fueron 10, y en estos 10 meses de 2002 el número trepó ya a 13 casos.
Estas cifras, aunque alarmantes, están lejos todavía del 650% de incremento que se dio en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires, donde de cuatro casos promedio al año, se pasó a 30 en los últimos años, según datos publicados por el diario "La Nación". Este aumento desmesurado de niños heridos por armas de fuego tiene múltiples razones. Pero Marcos destacó "el aumento de la violencia, la delincuencia juvenil, y la necesidad de defenderse de los hogares, en los que se compran armas que muchas veces quedan al alcance de los niños". Otro problema es el de los heridos por balines de rifles de aire comprimido que, al contrario de lo que se cree sobre su supuesto escaso riesgo, causaron varias pérdidas de ojos y hubo un caso en el que, a un pequeño, el proyectil le perforó un hueso del cráneo. Marcos le dijo a LA GACETA que este año dos niños estuvieron internados en la sala de terapia intensiva a raíz de la gravedad de las heridas (ver aparte), mientras que en 2000 y 2001 no había sido necesario recurrir a esos servicios por este problema.
Otro horizontes
Esta nueva realidad requiere de los médicos de las guardias una nueva especialización en trauma pediátrico relacionado con este tipo de lesión, que hasta hace algunos años se daba casi por casualidad, generalmente ante balas perdidas sobre todo en las fiestas de fin de año. En 1997, en ocasión del II Congreso Panamericano de Trauma, Alex Haller, un experto norteamericano en trauma pediátrico, dijo que en unos pocos años a los argentinos nos iba a pasar lo que ya les había pasado a ellos -publicó "La Nación"-: iba a llegar un momento en que las lesiones por accidentes de tránsito disminuirían y, como contrapartida, comenzarían a aumentar las lesiones por armas de fuego.
Aún no hubo que lamentar muertes
El 31 de julio pasado, Nahara Albornoz, de dos años, recibió un balazo en el abdomen que la mantuvo al filo de la muerte durante alrededor de un mes. La nena estaba jugando en la puerta de su casa del barrio "Trulalá", cuando dos delincuentes se tirotearon con un policía. Por el caso está detenido como sospechoso el barrabrava Omar "Chichilo" Acevedo.
Sebastián Toro, de 9 años, recibió un balazo en el pecho el 25 de agosto pasado, en una gomería de Alderetes, disparado por otro menos que jugaba con un revólver calibre 22. Sebastián estuvo muy grave, pero también se recuperó.
Perdigonada
El último caso registrado, aunque no fue tan grave como los anteriores, se produjo el domingo de la semana pasada, cuando Gonzalo Sierra, de 11 años, recibió una perdigonada que le lesionó el cuello y una mano. El niño estaba parado sobre la tapia de su casa, en Villa Amalia, y un joven cuidador de un depósito de colectivos en desuso disparó contra él sin miramientos. La Justicia está investigando este caso.
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