20 Mayo 2007 Seguir en 
Las percepciones sobre la equidad social en el país provocaron un nuevo foco de tensión entre la Iglesia y el Gobierno, que siguen sin coincidir en el diagnóstico de la realidad y lo exteriorizan públicamente. El presidente del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires), habló de “escandalosa inequidad” delante de sus pares latinoamericanos y, de inmediato, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, sugirió al purpurado porteño “estudiar un poquito antes de hablar” y reconocer los logros gubernamentales en materia social.
No hubo réplica a la distancia, aunque sí sorpresa -dijeron a voceros eclesiásticos- por el grado de virulencia del funcionario para rechazar que Bergoglio haya dicho que en Argentina los excluidos ya no son “explotados”, sino “sobrantes” en la sociedad. “Estos tipos (el entorno presidencial) se quejan de todo y todo les parece un ataque a la gestión de Néstor Kirchner”, dijo a esta agencia un vocero habitual en Buenos Aires.
En cambio, la delegación que asiste a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil, se llamó a silencio para “no entrar en un juego de dimes y diretes”.
Empero, las expresiones discordantes demostraron que Iglesia y Gobierno tienen diferencias en cuanto al ensanchamiento o no de la brecha entre ricos y pobres, incluso con porcentuales sustancialmente dispares como los que provocan fricciones entre la Casa Rosada y el Indec.
Bergoglio aseguró en Brasil -en nombre del Episcopado argentino- que “entre 2002 y 2006 creció al 8,7 % el índice de indigencia y que la pobreza es del 26,9 ”. “Estamos en la región aparentemente más desigual del mundo, la que más creció y menos redujo la pobreza”, apuntó. Guarismos que Fernández contrastó de inmediato: “Cuando llegamos al Gobierno, la participación de los asalariados en el ingreso era del 35 % y hoy, cuatro años después, es del 42 % . En 2003 teníamos el 60 % de pobreza y hoy el 28 %”. Un cruce verbal al que también se sumó el titular de Cáritas Argentina, Fernando Bargalló (Merlo-Moreno), quien desde la página de internet de la organización caritativa preguntó “cómo se está distribuyendo las riquezas en el país”, al alertar que “la brecha entre quienes tienen en abundancia y quienes carecen de lo necesario sigue siendo grande”.
Otro que aprovechó el efervescente contexto para defender al purpurado y criticar a Kirchner fue Juan Carlos Blumberg, al opinar desde España que “el Gobierno se molesta con la Iglesia Católica por decir la verdad del mismo modo como se enoja con aquellos sectores que expresan su desacuerdo con una política económica que lejos de erradicar la pobreza, se acentúa en casi todo el país”. No obstante, los obispos tomaron rápida distancia -pudo constatar DyN- del eventual candidato por el macrismo, con el objetivo de “no politizar más una cuestión delicada como el desarrollo humano de los argentinos”.
Desde que Kirchner asumió la presidencia, los cortocircuitos del Gobierno con la Iglesia fueron habituales, sobre todo por la actuación eclesiástica en la última dictadura. Sin embargo, este no es el primer episodio con connotaciones sociales que los enfrenta.
En 2005, ya hubo un encontronazo tras un documento del Episcopado que denunciaba el crecimiento de la desigualdad y la marginación en el país. El primer mandatario se quejó entonces de que los obispos tenían una “visión sesgada” de la realidad argentina, y los acusó de tener expresiones “propias de un partido político” más que de representantes de la Iglesia.
No hubo réplica a la distancia, aunque sí sorpresa -dijeron a voceros eclesiásticos- por el grado de virulencia del funcionario para rechazar que Bergoglio haya dicho que en Argentina los excluidos ya no son “explotados”, sino “sobrantes” en la sociedad. “Estos tipos (el entorno presidencial) se quejan de todo y todo les parece un ataque a la gestión de Néstor Kirchner”, dijo a esta agencia un vocero habitual en Buenos Aires.
En cambio, la delegación que asiste a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil, se llamó a silencio para “no entrar en un juego de dimes y diretes”.
Empero, las expresiones discordantes demostraron que Iglesia y Gobierno tienen diferencias en cuanto al ensanchamiento o no de la brecha entre ricos y pobres, incluso con porcentuales sustancialmente dispares como los que provocan fricciones entre la Casa Rosada y el Indec.
Bergoglio aseguró en Brasil -en nombre del Episcopado argentino- que “entre 2002 y 2006 creció al 8,7 % el índice de indigencia y que la pobreza es del 26,9 ”. “Estamos en la región aparentemente más desigual del mundo, la que más creció y menos redujo la pobreza”, apuntó. Guarismos que Fernández contrastó de inmediato: “Cuando llegamos al Gobierno, la participación de los asalariados en el ingreso era del 35 % y hoy, cuatro años después, es del 42 % . En 2003 teníamos el 60 % de pobreza y hoy el 28 %”. Un cruce verbal al que también se sumó el titular de Cáritas Argentina, Fernando Bargalló (Merlo-Moreno), quien desde la página de internet de la organización caritativa preguntó “cómo se está distribuyendo las riquezas en el país”, al alertar que “la brecha entre quienes tienen en abundancia y quienes carecen de lo necesario sigue siendo grande”.
Otro que aprovechó el efervescente contexto para defender al purpurado y criticar a Kirchner fue Juan Carlos Blumberg, al opinar desde España que “el Gobierno se molesta con la Iglesia Católica por decir la verdad del mismo modo como se enoja con aquellos sectores que expresan su desacuerdo con una política económica que lejos de erradicar la pobreza, se acentúa en casi todo el país”. No obstante, los obispos tomaron rápida distancia -pudo constatar DyN- del eventual candidato por el macrismo, con el objetivo de “no politizar más una cuestión delicada como el desarrollo humano de los argentinos”.
Desde que Kirchner asumió la presidencia, los cortocircuitos del Gobierno con la Iglesia fueron habituales, sobre todo por la actuación eclesiástica en la última dictadura. Sin embargo, este no es el primer episodio con connotaciones sociales que los enfrenta.
En 2005, ya hubo un encontronazo tras un documento del Episcopado que denunciaba el crecimiento de la desigualdad y la marginación en el país. El primer mandatario se quejó entonces de que los obispos tenían una “visión sesgada” de la realidad argentina, y los acusó de tener expresiones “propias de un partido político” más que de representantes de la Iglesia.







