Los unos y los otros
Son individuos en apariencia iguales, pero que piensan y actúan distinto. Por Carlos Warner - Redacción de LA GACETA.
20 Mayo 2007 Seguir en 
Los unos trabajan, estudian, le ponen el hombro a un país que -imaginan- puede recuperar su identidad y su progreso. Pero no comen vidrio: reniegan por el presente, aunque a sabiendas de que sólo con el sacrificio y la fuerza de voluntad, los días por venir serán mejores. Los otros trabajan a veces o viven de los demás, chicanean para no hacer nada, versean, inventan excusas. Al presente lo llevan con mediocridad y el futuro los tiene sin cuidado.Los unos piensan, proyectan, consensúan, aprenden, se desarrollan, transmiten, convencen, trabajan en equipo, ayudan. Los otros se mueven sólo por acto reflejo, viven al día, obstruyen, confunden, crecen sólo en edad y en el tamaño de sus abdómenes, hacen las cosas a hurtadillas, imponen a ciegas, actúan arteramente, ignoran, reprimen y prohíben.
Los unen creen en la justicia y en la necesidad de su fortalecimiento e independencia. Los otros violan y transgreden las normas, las invaden, las interpretan como les place. Sobornan y corrompen.
Los unos sienten que en la educación se forjan los mejores. Por ello la impulsan en forma permanente, extienden sus alcances y contienen a quienes se dedican a diseminar conocimiento. Los otros sienten que el mejor caldo de cultivo para sus fechorías es cuando menos educado esté un pueblo.
Los unos apuestan al trabajo, a la producción, a mejorar los servicios, alientan a las ideas, conviven civilizadamente con otras ideologías e interactúan con ellas. Los otros son pro juego de azar, dádiva política, subsidio a discreción y compra de voluntades.
Los unos enaltecen los sistemas de convivencia con el ejemplo. Los otros venden drogas, explotan laboralmente, siembran el terror con el poder.
Los unos piensan en la ciudad del futuro; la imaginan ordenada, saludable, concatenadas las ideas de pasado y modernidad. Los otros se valen de legislaciones ambiguas y amparos políticos para destruir lo viejo y lo tradicional. Cambian el bello paisaje urbano por una arquitectura de masas de la que no escapan calles, veredas ni espacios aéreos. Hacen del mal gusto un dogma.
Los unos practican y enseñan el cuidado de la ecología responsable y viven en armonía con la naturaleza. Advierten los problemas y elevan propuestas para solucionarlos. Los otros llenan de basurales los baldíos y de humo el ambiente, envían sus desechos al río más cercano, rompen lo natural y desafían sus leyes: afectan la vida de miles de personas con proyectos que sólo benefician a unos pocos.
Los unos compran y comercian apoyados en la legalidad y ayudan a oxigenar el circuito económico. Los otros hacen lo mismo, pero en la informalidad o con elementos ilegales o robados.
Los unos se prestan a los operativos que les quiten peligrosidad a las calles, toman recaudos y se adaptan. Los otros los desafían o no les prestan atención o piensan que el caos es lo mejor.
Los unos y los otros caminan juntos por el centro; o toman un café en el bar de la esquina. Van a la misma facultad; hacen política; comparten horas en alguna oficina o se tratan ocasionalmente en algún negocio. Son vecinos en un barrio cualquiera o esperan juntos el colectivo. Van a la cancha, hacen cola en un súper. En apariencia, son iguales.
Angeles, demonios... los unos y los otros hasta pueden ser la misma persona, lo que para un psicólogo sería un caso grave de doble personalidad. Pero los unos pueden lo que los otros no. Y los otros siempre serán eso que nadie quiere reconocer.







