20 Mayo 2007 Seguir en 
“Hace 10 años hicimos el homenaje a Víctor García en esta ciudad, y me acuerdo haber dicho que “el tiempo del olvido se acabó”. Me alegra muchísimo haber tenido razón, y el 5º Festival Internacional de Teatro Experimental Víctor García es la prueba de que no fueron palabras vacías. Quiero decirles, a la distancia, que el fin del olvido pasa por este festival, por las investigaciones del arquitecto Juan Carlos Malcún y de Gabriela Borgna.
Sabemos todos que la parte francesa de la vida y obra de Víctor tiene una razonable documentación. Basta con un ejemplo sencillo: el destacado que le dedica el Diccionario Enciclopédico de Teatro de Michel Corvin, obra de referencia. La tarea que me impuse fue ir más allá de esta mirada francesa y traer más luz a las grandes puestas en escena españolas, portuguesas y brasileñas de Víctor y de sus importantes espectáculos en Inglaterra (“El arquitecto y el emperador de Asiria” del español Fernando Arrabal) e Israel (“Bodas de sangre” de Federico García Lorca). Es un libro que debe ser publicado quizás este año. Permítanme decirles que las partes en la que deben avanzar y cuidar con paciencia y grandeza son dos: 1) Investigar la influencia posible de Víctor en los artistas argentinos que asistieron (¿conocieron?) los espectáculos españoles de Nuria Espert que vinieron a Argentina. 2) Si no estoy equivocado, existe siempre el peligro del resentimiento, del nacionalismo agresivo. O sea, cobrarle a Víctor el no haber vuelto a su país para ejercer su arte. A los escritores se les perdona porque los libros circulan; lo mismo pasa con los cineastas pero, los hombres de teatro trabajan con lo inefable. Sabemos que pocos artistas latinoamericanos escogieron vivir fuera... Hay otra razón. Víctor era muy joven y a él le gustaba la aventura, y tenía talento, mucho talento.
Llegó a Europa “sin un mango”y se impuso y conquistó París. El siguió siendo un latino descendiente de españoles; Víctor era conocido en todas partes como “el argentino” y su acento era su pasaporte. Siempre fue argentino y, sobre todo, tucumano, y lo decía con cierto humor melancólico.
En su enorme búsqueda del absoluto, él supo hacer un arte que no se olvida. Quien lo dice no soy solamente yo, sino desde Peter Brook -uno de los maestros teatrales del siglo XX- hasta la actriz Yona Elian, hoy conocida en el cine israelí, quien me dijo cuando la entrevisté: “El proceso de creación de Víctor es importante para mí hasta hoy”.
Sabemos todos que la parte francesa de la vida y obra de Víctor tiene una razonable documentación. Basta con un ejemplo sencillo: el destacado que le dedica el Diccionario Enciclopédico de Teatro de Michel Corvin, obra de referencia. La tarea que me impuse fue ir más allá de esta mirada francesa y traer más luz a las grandes puestas en escena españolas, portuguesas y brasileñas de Víctor y de sus importantes espectáculos en Inglaterra (“El arquitecto y el emperador de Asiria” del español Fernando Arrabal) e Israel (“Bodas de sangre” de Federico García Lorca). Es un libro que debe ser publicado quizás este año. Permítanme decirles que las partes en la que deben avanzar y cuidar con paciencia y grandeza son dos: 1) Investigar la influencia posible de Víctor en los artistas argentinos que asistieron (¿conocieron?) los espectáculos españoles de Nuria Espert que vinieron a Argentina. 2) Si no estoy equivocado, existe siempre el peligro del resentimiento, del nacionalismo agresivo. O sea, cobrarle a Víctor el no haber vuelto a su país para ejercer su arte. A los escritores se les perdona porque los libros circulan; lo mismo pasa con los cineastas pero, los hombres de teatro trabajan con lo inefable. Sabemos que pocos artistas latinoamericanos escogieron vivir fuera... Hay otra razón. Víctor era muy joven y a él le gustaba la aventura, y tenía talento, mucho talento.
Llegó a Europa “sin un mango”y se impuso y conquistó París. El siguió siendo un latino descendiente de españoles; Víctor era conocido en todas partes como “el argentino” y su acento era su pasaporte. Siempre fue argentino y, sobre todo, tucumano, y lo decía con cierto humor melancólico.
En su enorme búsqueda del absoluto, él supo hacer un arte que no se olvida. Quien lo dice no soy solamente yo, sino desde Peter Brook -uno de los maestros teatrales del siglo XX- hasta la actriz Yona Elian, hoy conocida en el cine israelí, quien me dijo cuando la entrevisté: “El proceso de creación de Víctor es importante para mí hasta hoy”.
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